Por Emiliano Le Voci
Se cumplen 38 años de la obtención de la primera medalla olímpica para el tenis argentino. El 1ro. de octubre de 1988, en los Juegos Olímpicos de Seúl, Gabriela Sabatini, de tan solo 18 años, consiguió la presea de plata tras caer en la final frente a la legendaria Steffi Graf por 6-3 y 6-3 -que se convirtió en la única tenista, hombre o mujer, en obtener el Golden Slam (ganar los cuatro Grand Slams y JJ. OO. en un mismo año), pero esa es una historia para contar otro día-.
A pesar de su corta edad, por ese entonces Sabatini ya ocupaba la cuarta posición del ranking mundial, regido por la WTA. Más que una promesa, era realidad, presente. Ese mismo año, en julio, en el barrio londinense de Wimbledon, Sabatini y Graf hicieron pareja para jugar el dobles y levantaron el trofeo dorado en la catedral del tenis. Aunque fue en la modalidad de 2 vs. 2, se contabiliza como el primer título de Grand Slam para Gaby. Justo antes de viajar a Corea del Sur, alcanzó su primera final de Grand Slam en singles, la manera más famosa de jugar al tenis, en el Us Open. Fue derrotada frente a (¿quién más si no?) Steffi Graf, por 6-3, 3-6 y 6-1.
Sabatini jugó su primer partido en el principal evento multideportivo a nivel mundial con apenas 18 años, cuatro meses y siete días. Su debut se produjo el viernes 23 de septiembre, contra la yugoslava Sabrina Goles. La nacida en el barrio porteño de Villa Devoto se impuso con un contundente 6-1 y 6-0 frente a la balcánica. Solo unas horas después, el sábado 24, se enfrentó a la italiana Francesca Bonsignori. ¿El resultado? Casi idéntico al del día anterior. 6-2 y 6-0 para Gaby.
El domingo 25, la argentina campeona de Roland Garros Junior 1984 salió a la cancha por tercer día consecutivo para disputar los octavos de final ante Sylvia Hanika, que, al momento del encuentro, era la número 17 del escalafón (en 1983 había sido quinta). La alemana se impuso en el primer set, con mucha holgura, 6-1. Sabatini remontó el inicio desfavorable, emparejó la cuestión y se llevó el segundo set por 6-4. En el parcial definitorio, Gaby marcó la diferencia con su juego ofensivo y se lo llevó por un claro 6-2. Superó una prueba muy dura.
El lunes 26 llegó el descanso, la tranquilidad. Vital. Clave para recuperar energías de cara a los partidos más desafiantes de la competición. Ideal para planificar con más preparación el siguiente partido: Natasha Zvereva -de la ya inexistente Unión Soviética-, octava del ranking y con 17 años y cinco meses, por los cuartos de final. En la previa se esperaba un partido cerrado, con pocas oportunidades para ambos lados. Llegó el martes 27 y Sabatini cerró el partido con solvencia: 6-4 y 6-3 para avanzar a semifinales.
Nuevamente, un día de descanso antes del siguiente partido. El jueves 29, Gaby se enfrentó a la búlgara Manuela Maleeva, de 21 años y séptima en la clasificación mundial. Sin embargo, y a pesar de lo que dictaba la lógica por la posición en el ranking de las dos, Sabatini venció con mucha firmeza. Un aplastante 6-1 y 6-1 para llegar a la final. Y ni más ni menos que contra su archirrival, Steffi Graf.
La alemana también era una adolescente de 19 años, pero ya era la mejor tenista del mundo según el ranking que la WTA publicaba semanalmente. Intentar derrotar a Graf significaba afrontar el desafío más complicado de todos. Gaby ya le había ganado en dos oportunidades a la nacida en Mannheim, pero sobre 15 enfrentamientos. Por si eso fuera poco, Graf venía de proclamarse campeona en los cuatro Grand Slams de aquel año. El sábado primero de octubre, Sabatini luchó con el corazón y la garra que la caracterizaba, pero cayó por 6-3 y 6-3. La medalla de oro quedó en manos de la alemana, pero la plata de Sabatini ya era histórica.
Días después, Gaby manifestó su frustración en una entrevista con “El Gráfico”: “Antes de empezar estaba muy confiada en ganarle y esto que conseguí me parece poco”. También realizó una fuerte autocrítica sobre su rendimiento en la final: “Me faltó decisión en algunos momentos importantes del partido; no estoy conforme, tuve algunas oportunidades y no las aproveché”. Por su parte, la revista “El Gráfico” le dedicó unas tiernas palabras a la argentina que había hecho historia para el tenis nacional: “Medalla de plata, Gabriela. Mucho más que otra final con derrota frente a Graf. Nada menos que tu bandera, y la nuestra, izada antes diez mil personas que entendieron tu decepción y te mimaron”.
Gabriela Sabatini demostró su talento, garra, esfuerzo y valentía durante esa semana en la capital del país asiático, y dijo: “Estoy jugando por el deporte de mi país. Me siento feliz de hacerlo. Y mucho más por darle una medalla”. Aunque no ganó el oro, obtuvo algo mucho más importante: meterse en el corazón de los argentinos. Con 18 años, llegó hasta la final olímpica y dejó en Seúl una imagen que trascendió el resultado: la de una joven argentina que representó a su país hasta el último punto, con cada drive, cada revés, cada saque y cada volea.





