Por Florencia Di Giuseppe
Para José “Piru” Carrizo, el futsal siempre fue mucho más que un deporte. Es parte de su vida, de su historia y también de su identidad. En Marmolería, el club donde se formó como jugador, encontró una familia y construyó un sentido de pertenencia que todavía mantiene. Allí comenzó a soñar con representar a Corrientes y, con el tiempo, con algo todavía más grande, vestir la camiseta de la Selección Argentina. Ese sueño finalmente se hizo realidad y tuvo su capítulo más importante cuando debutó en un Mundial de futsal.
El camino hasta llegar a la Selección no fue inmediato. En 2022, cuando Marmolería se consagró campeón de la Copa de Oro en Misiones, Carrizo empezó a imaginar que algún día podría tener la posibilidad de jugar para Argentina. Dos años después, en el Torneo de Selecciones A, tuvo un buen rendimiento que terminó siendo una de las puertas de entrada hacia el seleccionado nacional.
El llamado llegó después de aquella competencia en Comodoro Rivadavia. Cuando terminó el torneo, el técnico de la Selección Argentina habló con él y le preguntó si estaba dispuesto a formar parte de la preselección. También le explicó que tendría posibilidades de quedar definitivamente convocado. Carrizo recuerda ese momento con especial emoción. Estaba en la casa de Santiago Machuca, técnico de Marmolería, cuando se conoció la lista de convocados y, casi al mismo tiempo, el cuerpo técnico argentino se comunicó con él. “Sentí una emoción muy linda porque para mí era un sueño estar en la Selección”, recuerda Carrizo sobre aquel momento.

La convocatoria fue la confirmación de que todo el esfuerzo realizado durante años empezaba a dar sus frutos. Ver su nombre en la lista le produjo felicidad y orgullo. Era el resultado de los torneos jugados, de los entrenamientos y de un recorrido que había comenzado mucho antes, cuando el futsal todavía era simplemente una pasión.
Ya con la camiseta argentina, el siguiente desafío fue adaptarse a una competencia completamente diferente. Carrizo reconoce que el equipo fue encontrando su funcionamiento a medida que avanzaron los partidos y que, con el correr del torneo, comenzaron a convencerse de que podían pelear por el título. En ese contexto llegó uno de los momentos que más confianza les dio, la victoria ante Mendoza, uno de los equipos candidatos.
Pero para Carrizo hubo una escena que quedó grabada por encima de todas, su debut mundialista. Cuando el cuerpo técnico llamó al cuarteto para realizar el cambio, aparecieron los nervios y la ansiedad. La situación parecía difícil de creer para un jugador que, pocos años antes, había comenzado a imaginar ese momento desde Corrientes.
El debut tuvo además un momento especial. Carrizo tuvo la posibilidad de marcar un gol y transformar esa primera aparición en un recuerdo que difícilmente pueda olvidar. La jugada comenzó con un robo de pelota y continuó con una pared junto a Civelli. Carrizo llegó al segundo palo y convirtió. “No podía creerlo, casi me pongo a llorar de la emoción”, cuenta al recordar su primer gol con la Selección.
Ese tanto representó mucho más que una estadística. Fue la confirmación de un recorrido que había comenzado en Marmolería y que lo había llevado hasta el escenario más importante del futsal internacional. Para él, también significó poder compartir con sus compañeros todo lo que había aprendido durante su experiencia con Argentina.
Aunque el debut fue uno de los momentos que más lo marcaron, el Mundial también dejó una cuenta pendiente. Carrizo no pudo disputar la semifinal frente a Brasil, un rival que representaba un desafío especial y contra el que tenía muchas ganas de jugar. La oportunidad de estar dentro de la cancha quedó como una espina, aunque el jugador prefiere mirar hacia adelante, sabe que el fútbol siempre puede dar revancha.
Su participación en la Selección también cambió su carrera. Después del Mundial comenzaron a aparecer llamados de otros equipos que compiten a nivel nacional y se le abrieron nuevas puertas dentro del futsal. Sin embargo, su historia mantiene el mismo punto de partida, Marmolería FS, Corrientes, y aquella primera ilusión de llegar algún día a la Selección.
La primera final que jugó con Marmolería y que terminó con el equipo campeón fue otro momento decisivo. Fue allí cuando Carrizo terminó de convencerse de que quería dedicarse al futsal. Con el tiempo, esa decisión lo llevó hasta la camiseta argentina y a vivir un Mundial que alguna vez había imaginado como un sueño lejano.
Hoy, “Piru” puede mirar hacia atrás y reconocer que aquel sueño comenzó mucho antes de ponerse la camiseta de la Selección. Nació en una cancha de Corrientes, creció con Marmolería y terminó cumpliéndose en un Mundial. Su debut, su primer gol y la emoción de representar al país forman parte de una historia que aún no terminó.





