Checoslovaquia: la potencia extinta que llegó a dos finales del mundo y conquistó Europa

Por Emanuel Soste

A lo largo de la historia hubo distintas selecciones que dejaron su huella e impronta, como la Italia bicampeona del mundo en los años 1934 y 1938 dirigida por Vittorio Pozzo, el Brasil de 1958 y 1962, siendo el último conjunto que logró el título de forma consecutiva teniendo como su gran figura a Pelé, o la Scaloneta, que consiguió ser bicampeona de América, vencedora de la Finalissima y campeona del mundo en 2022. Pero hay un combinado que también dejó un legado impresionante y que ya no existe: Checoslovaquia.

Checoslovaquia fue un Estado soberano de Europa Central que existió en dos períodos: el primero entre 1918 y 1938 (cuando fue ocupada por la Alemania nazi) y el segundo entre 1945 y 1992. Tras años de tensiones y conflictos internos, el 1 de enero de 1993 se disolvió pacíficamente por decisión del Parlamento, formando dos países completamente independientes: la República Checa y Eslovaquia.

​En 1934 marcaría su gran hito al disputarse el segundo Mundial de fútbol de la historia con sede en Italia (por aquellos años sumergida bajo el régimen fascista). Los checoslovacos vencieron a Rumanía en los octavos de final, a Suiza en cuartos de final y a Alemania en semifinales, logrando así el pase a la gran final frente al anfitrión.

Antes del comienzo del partido, Benito Mussolini envió un mensaje de amenaza a sus propios jugadores: “Vencer o morir”. El marcador recién se quebró a los 71 minutos cuando Antonín Puč convirtió el gol. Mientras un país disfrutaba porque faltaban pocos minutos para consagrarse campeón, los italianos sufrían más por las repercusiones sociales que podía llegar a tener una derrota que por lo deportivo. Sin embargo, la “Azzurra” empató diez minutos después y se impuso 2 a 1 con otro tanto en tiempo suplementario. El máximo artillero del certamen con seis goles fue el delantero checo Oldřich Nejedlý.

​28 años después, en el Mundial de Chile 1962, Checoslovaquia volvería a disputar la gran final. Tras salir segunda de grupo detrás de Brasil, derrotó a Hungría en cuartos de final y a Yugoslavia en semifinales. Los checoslovacos se enfrentaron nuevamente con la Verdeamarela en la final. Al igual que en 1934, comenzaron arriba en el marcador, pero tan solo dos minutos después los sudamericanos empataron. La jerarquía de Brasil se impuso en el segundo tiempo y el encuentro finalizó 3 a 1.

​Como dice el dicho, “el fútbol da revancha”, y así fue. La Eurocopa de 1976 con sede en Yugoslavia fue la gran alegría del pueblo checoslovaco. Tras terminar primero en su grupo, eliminó a la Unión Soviética en cuartos de final y a los Países Bajos en tiempo extra en semifinales. En la final enfrentó a la Alemania Federal de Beckenbauer (que venía de ganar la Eurocopa en 1972 y el Mundial en 1974). El partido comenzó favorable para Checoslovaquia, que a los 25 minutos ya ganaba por dos goles, pero la garra de los “Teutones” provocó el descuento y un agónico empate en el último minuto. El marcador no se movió más, por lo que se disputó la primera definición por penales en la historia de la Eurocopa. El delantero alemán Uli Hoeneß erró su tiro, dejándole el penal definitivo a Antonín Panenka. El exmediocampista hizo algo nunca antes visto: picó la pelota en la definición para marcar un gol histórico.

Un dato de color es que la peor derrota de la selección argentina en mundiales fue contra Checoslovaquia, ya que los europeos golearon a la “Albiceleste” seis tantos contra uno en el Mundial de Suecia 1958. Tras la aplastante derrota, a ese partido se lo conoce desde entonces como el “Desastre de Suecia”. Sin duda alguna, Checoslovaquia fue un gran seleccionado que se codeó con las demás potencias futbolísticas de igual a igual.

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