Por Iara Pérez
Nicolás Hernán Gonzalo Otamendi, nacido en Buenos Aires el 12 de febrero de 1988, surgido de las inferiores de Vélez Sarsfield, pasó de vestir la camiseta del Fortín a recibir el llamado de Diego Armando Maradona para representar a la Selección Argentina. Y con ese llamado, sin imaginarlo, comenzaría a escribirse una historia que emocionaría a todo un país.
Su debut en Primera División llegó en 2008, durante la fecha 14 del Torneo Clausura. Hugo Tocalli lo mandó a la cancha en reemplazo de Hernán Pellerano en la victoria de Vélez frente a Rosario Central. Con la camiseta del Fortín disputó 41 partidos y, en 2009, conquistó el Torneo Clausura, el primer título de una carrera que apenas empezaba.
Hasta que llegó el llamado más importante de todos. Maradona lo convocó para integrar el plantel de la selección que disputó el Mundial de Sudáfrica 2010, donde Argentina llegó hasta los cuartos de final y cayó frente a Alemania. Pero aquella derrota fue apenas el primer capítulo dentro del seleccionado.
Tras su paso por Vélez, dio un salto a Europa para vestir la camiseta del Porto. Luego tuvo un breve paso por Atlético Mineiro, regresó a Europa para jugar en Valencia, más tarde defendió los colores de Manchester City y finalmente llegó a Benfica. En cada club dejó su huella: una personalidad inquebrantable y una ambición que parecía no tener límites.
Con la llegada de Lionel Scaloni al mando de la Selección Argentina comenzó a formarse un equipo que quedaría para la historia. Atrás habían quedado las dolorosas derrotas:la final del Mundial 2014 nuevamente frente a Alemania y la eliminación en octavos frente a Francia.
En 2021 llegó la consagración en la Copa América ante Brasil en el Maracaná, que terminó con los 28 años de espera y marcó el comienzo de una de las etapas más gloriosas de la selección y de la carrera de Otamendi. Después llegaron la Finalissima 2022, la Copa del Mundo de Qatar el mismo año y la Copa América en 2024, coronando un ciclo inolvidable en el que el General fue uno de los grandes líderes dentro y fuera de la cancha.
Con una carrera marcada por tantos logros dentro de esta Selección, ¿qué más se le puede pedir? Porqué, más allá de que esa eliminación ante España sea la última vez que vistió la celeste y blanca, el central enseñó a nunca bajar los brazos. Porque la historia no solo la escriben los que meten goles, sino también los que dejan el alma por la camiseta y le enseñan a un país entero que nunca hay que dejar de creer, como lo dijo en esa última carta con la que anunció su retiro de la Selección.
Hasta siempre General. Gracias por tanto, por llenar estos corazones argentinos de felicidad y gloria, y por dejar un legado que quedará para siempre en la historia.




