210 años rechazando ser españoles

Por Santiago Jozame

De la mano de su capitán, Lionel Messi, la Selección Argentina volvió a clasificarse a una final del mundo y buscará defender el título conseguido en Qatar 2022 frente a España. Sin embargo, la historia pudo haber sido muy distinta.

Corría el año 2003 cuando en España empezaron a hablar de un joven rosarino que brillaba en las inferiores del Barcelona y sin dudarlo, lo querían para su selección. Ginés Meléndez, coordinador en ese entonces de la Roja, hizo hasta lo imposible por ver a Messi con la camiseta española pero siempre obtuvo la misma respuesta: un rechazo, a la espera de un llamado argentino que tardaría en llegar, porque a pesar de su corta edad, ya había decidido representar a su país. No fue hasta unos meses después, en el Mundial Sub 17 de aquel año, donde Meléndez se cruzó con Hugo Tocalli para decirle: “Si tenías al chico del Barsa, eras campeón”.

Aquellas palabras despertaron la preocupación en la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), mientras que el sueño español, si bien seguía vigente, empezó a desvanecerse. El siguiente en enterarse sobre Lionel fue Claudio Vivas, ayudante de campo de Marcelo Bielsa, y cada vez su deseo de jugar con la camiseta argentina empezó a volverse una realidad.

Hasta que finalmente en junio de 2004 ocurrió: Julio Grondona se puso al tanto de la situación del joven Lionel Messi y del interés español e inmediatamente actuó para organizar un amistoso y convocar a la promesa de aquel entonces. Leo recibió el llamado que tanto anhelaba y esta vez ni lo dudó.

Fue un partido de la selección sub 20, el rival Paraguay, y la sede el estadio de Argentinos Juniors, para que en una fría noche donde se encontraban no más de 500 espectadores, con la camiseta número “17” e ingresando desde el banco hiciera su debut con Argentina la Pulga. Los compañeros apenas conocían su nombre, en aquel momento no había redes sociales y lo único que sabían de él eran rumores sobre su juego, rumores que terminaron confirmando horas después.

El amistoso terminó con una goleada por 8 a 0 donde el protagonista de la noche convirtió el séptimo gol. El encuentro no fue más que una excusa para blindar a Leo en Argentina y de una vez por todas ponerle fin al sueño español, los presentes en las tribunas estaban al tanto de eso y cada vez que la pelota llegaba al número “17” se llevaba toda la atención.

Veintidós años después, el resto fue historia y aquel joven rosarino se transformó en el mejor jugador de la historia.

Fue un camino difícil, en el que muchas veces perdió, recibió insultos, tragó bronca e incluso llegó a retirarse de la Selección antes de regresar. Cuatro finales perdidas, tres consecutivas y una del mundo que fue sentir el dolor más grande. Pero esperaba algo aún más grande y luego de tanto sabor amargo, va a cerrar su carrera habiendo ganado un Mundial, dos Copa América, una Finalísima y llevando a su equipo a jugar otra final del mundo más.

Y como si el destino hubiera querido cerrar el círculo, el último obstáculo vuelve a ser España, el país que hizo todo lo posible por convencerlo de vestir su camiseta y que nunca logró apartarlo del sueño que Lionel Messi tuvo desde chico: ser campeón del mundo con la Albiceleste

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