Por Thiago Maison y Sofía Sedeño
Desde aquel debut fugaz con expulsión ante Hungría que lo privó de estar en el amistoso ante los Tres Leones en 2005, hasta el 2026 con su último baile en mundiales por delante. Una historia que ya tiene entre sus páginas los más grandes logros posibles en la carrera de un futbolista de élite, pero que aún, tal vez, le quede algo por contar.
A sus 19 años, Lionel Andrés Messi Cuccittini jugó por primera vez en la selección argentina frente a Hungría, partido en el que el astro disputó tan solo un minuto de su ingreso debido a un golpe artero con la mano a Vilmos Vanczák que derivó en una tarjeta roja, que lo obligó a ausentarse a la hora de disputar el siguiente partido frente a Inglaterra en el que la Albiceleste cayó 3-2 con goles de Hernan Crespo y Walter Samuel, y por el lado de los Tres Leones Wayne Rooney y doblete de Michael Owen.
Ese enfrentamiento delimitó el último cruce entre argentinos e ingleses, pero tres años antes ambos combinados nacionales se habían visto las caras en un Mundial por segunda justa consecutiva. En aquel duelo por la fecha dos del grupo F, los dirigidos por Marcelo Bielsa cayeron por la mínima con un gol de penal de David Beckham, quien había sido expulsado ante Argentina en los cuartos de final en 1998 y que, paradójicamente, es el dueño del club en el que milita Messi actualmente.

Desde allí nunca se volvieron a cruzar en una Copa del Mundo. Hasta que en Kansas Leo tenga la chance de reeditar una jornada épica como la de Diego Armando Maradona, a 40 años de aquella ocasión en el Azteca. Esta vez en semifinales y en búsqueda de cortar la mala racha que está vigente desde 1990, cuando Argentina eliminó por última vez a un campeón del mundo en los 90 minutos.
Casi como si estuviera escrito y en su última participación en una cita máxima, la Pulga tendrá en sus manos la chance de que una nueva noche fría caiga en Inglaterra. Porque, en un enfrentamiento que nunca fue solo un partido, el 10 argentino podrá llenar de ilusión los corazones de la hinchada albiceleste con una gambeta corta, con su característico recorte hacia su perfil izquierdo y posterior remate o, quizás, simplemente con su liderazgo y el apoyo de 47 millones de personas que lo alientan y empujan a que su hambre de ganar nunca se sacíe.
A su vez, el seleccionado argentino se presentará con la camiseta azul, la suplente, al igual que en el ‘86 y el ‘98 cuando la Albiceleste derrotó a Inglaterra, el primero con “La Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”, ambos marcados por Diego Armando Maradona; y en el segundo triunfó en tanda de penales luego de que Carlos “Lechuga” Roa le arrebatara el penal a David Batty.

Por otra parte, en la fase de grupos de 1962 y en los cuartos de final del ‘66, Argentina cayó en ambos encuentros ante los ingleses. En la edición en la que los Tres Leones fueron locales, la Albiceleste fue catalogada como la perjudicada debido a la expulsión de Antonio Rattín a los 36 minutos del primer tiempo, ya que el árbitro alemán no hablaba español y entendió que el capitán argentino lo había insultado.
En 2014, el combinado nacional argentino se formó en la foto previa al amistoso frente a Eslovenia con una bandera que exhibía un título llamativo: “Las Malvinas son Argentinas”. Por eso, el diario inglés Daily Mail publicó que el cuerpo técnico le indicó a sus jugadores que no respondieran nada acerca del archipiélago. La FIFA sancionó a la Albiceleste con una multa de $33.200 dólares por dar un mensaje político.

También, en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, los aficionados ingleses intentaron ingresar, sin éxito, con una bandera que tenía una imagen del Club Barrow FC, que lleva un submarino en su escudo, por lo que la entidad madre del fútbol internacional consideró esta acción como apología a elementos militares.
A su vez, en la previa del duelo que definirá quién será el segundo finalista del Mundial 2026, Gary Lineker, histórico delantero inglés, hizo referencia a las Islas Malvinas por su nombre en español y también como Falklands, como se las conoce en el país europeo, por lo que fue azotado por las críticas de los hinchas, que reavivaron un debate que todavía permanecía en silencio.

En 1986, Maradona encabezó el plantel argentino que combatió futbolísticamente ante Inglaterra bajo la premisa de vengar a su manera a los jóvenes que pusieron en riesgo su vida en la Guerra de Malvinas y tantos otros que la perdieron. Por su parte Mario Alberto Kempes, cuando era un incipiente delantero de 19 años en 1974, protagonizó el 2 a 2 amistoso y se quedó a las puertas de sellar la revancha de la polémica caída en la Copa del Mundo 1966, que motivó aquel encuentro no oficial.
Ahora le toca a él. A Lionel Andrés. El ídolo de distintas generaciones que fueron mal acostumbradas por él mismo a tener una figura que durante 20 años sea capaz de convertir más de 30 goles por temporada, producto de su abismal nivel que impidió -y aún impide- la evaluación de su rendimiento como la de cualquier otro atleta, lo que causa que un altísimo desempeño parezca una hormiga ante el gigante que siempre supo ser.
Quizás el destino tenía preparadas dos copas del mundo para él. Pero tal vez también escribió que en esta ocasión el astro argentino emule al que parecía insuperable. Al que siempre lo consideró intocable en la selección, Diego Armando Maradona. Además, por si fuera poco, Lionel Scaloni pareció seguir al pie de la letra la escuela del “Doctor” Bilardo.
Al igual que el “Narigón” hace cuarenta años, declaró que es sólo un partido más. Sin embargo, cada uno de los 47 millones de argentinos reconoce que no es así. Por la sed de gloria, sí. Pero también por ese plus placentero que le otorga vencer a Inglaterra tras aquel enfrentamiento bélico en 1982.
Capaz Lionel tiene preparada una función del mejor nivel para que su gente delire. O quizás las últimas páginas del libro contengan el final feliz tan anhelado, aunque tal vez aún no se conozca y este estuvo aguardando toda una trayectoria para salir a la luz en el momento perfecto y desenmascarar un suceso que podría marcar para siempre la novela sagrada de Messi, que ya incluye botas de oros de mundiales, récord histórico de goles y asistencias en tal competencia y, entre otras cosas, competir cabeza a cabeza con la generación que disfrutó su infancia viéndolo jugar.

“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, dice el hit de la hinchada argentina en la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá. Ese pequeño fragmento podría verse reflejado en 90 -o 120- minutos de fútbol total. Porque el deporte rey podrá vestirse de diablo de vez en cuando, pero cuando D10S aparece, no hay Satanás que valga para frenar su magia y evitar que derrumbe todas las paredes que intentaron ponerle durante más de 20 años.
Contra todo y todos, Lionel Andrés Messi Cuccitini tiene en su poder un arma de doble filo que podría cavar definitivamente la tumba de todos aquellos que pretendían sepultarlo.




