Por Francisco Quartino
El Martillo de Juan Martín Del Potro supo sonar en Nueva York, sobre la cancha del Estadio Arthur Ashe de Flushing Meadows, ante Roger Federer; también supo hacerlo en Indian Wells, en la Cancha 1 del Tennis Garden, también ante el suizo; e incluso en Basilea, en la Arena del St. Jakobshalle, con Su Majestad enfrente, en su propia casa. El argentino fue el gran verdugo en finales de uno de los mejores tenistas de la historia, poseedor de 20 Grand Slams, 1 oro olímpico, 6 ATP Finals y 310 semanas como número 1 del mundo.
La Torre de Tandil siempre fue un gran admirador de Roger, el ídolo de su infancia, tal es así que, cuando el suizo se retiró, le dedicó una extensa carta: “Hiciste del tenis un deporte único. Gracias por enseñarnos con tu ejemplo dentro y fuera de la cancha. Soy un agradecido por haber compartido tu carrera y haber podido jugar tantos partidos juntos”.
Justamente por ese motivo, al principio le fue difícil a Del Potro vencerlo: perdió los primeros seis enfrentamientos y no pudo llevarse un set hasta el sexto partido. Franco Davin, su entrenador por aquel entonces, se dio cuenta de esto: “Antes de enfrentar a Juan, nos dimos cuenta de que Federer entraba siempre al vestuario y se ponía a hablar con él o a jugar a las cartas y a contar chistes con el grupo. Al principio no me llamó la atención, pero después empecé a notar que a Juan eso lo relajaba. Le sacaba el foco de querer ganarle. Le dijimos: ‘Juan, olvidate, a este hay que ganarle’”.
Federer era pillo y sabía que el tandilense podía ser peligroso para él, tanto que, en las entradas en calor, el suizo golpeaba pocas pelotas de fondo para después ir rápido a volear, para que Delpo no tomara ritmo. Ese tipo de costumbres no las tenía con otros tenistas, pero con él sí.
Con el clic en la cabeza, la Torre de Tandil se volvió mucho más fuerte mentalmente, se consagró campeón del US Open 2009 ante Roger y comenzó a ser más competitivo. Incluso, el suizo pensó que el argentino podía ser número 1 del mundo en 2010, luego de aquel título del año anterior: “A finales del año pasado realmente pensé que Juan Martín tenía una chance de ser número uno esta temporada. Si este año hacía buenos resultados en Australia, Indian Wells y Miami, habría llegado a la temporada de polvo de ladrillo con chances de ser número uno. Pero se lesionó y no demostró lo que podía. Es una pena para él”.
Así que no solo tuvo que reinventarse y luchar desde lo físico, sino que también tuvo que hacerlo desde lo psicológico para poder romper la pared y hacerle frente a su ídolo. Las victorias en finales ante Federer siguieron: en el ATP de Basilea de 2012 y 2013, para ser bicampeón, y en el final de su carrera, en Indian Wells 2018, para ganar su primer Masters 1000.





