Sergio Goycochea: “Estoy cansado del facilismo de ser A o B; los argentinos tenemos que aprender a convivir”

Por Tiziano Moreira

Sergio Goycochea, arquero histórico de la selección argentina en el Mundial de Italia 1990, llegó a los estudios de TyC Sports impecable. De traje y reloj en mano, como ya es costumbre de alguien que considera el cuidado personal una forma de vida. Cumplió 63 años hace unos días, pero su vigencia en los medios y el cariño inalterable del público lo mantienen con la energía intacta. “Tengo salud, hice una profesión que era mi vocación y después encontré un lugar en los medios que sigo disfrutando. Es una larga y buena vida”, reflexionó. 

A un solo día de una nueva edición del Superclásico entre River y Boca, con el recuerdo latente de sus días en el arco millonario, el “Goyco” dialogó sobre el presente del fútbol argentino, la presencia del fútbol local en las copas internacionales, la polarización del hincha y los nuevos paradigmas del periodismo deportivo. 

-Este domingo se viene el Superclásico. Te tocó atajar en River muchos años, fuiste campeón y sabés lo que pesa este partido. ¿Cómo lo ves? 

-Nos la pasamos hablando de que son “partidos aparte”, y la realidad es que hay un montón de ejemplos donde River llegaba mejor y ganó Boca, o al revés. Hoy la actualidad marca que quizás Boca está más sólido como equipo, más allá de las grandes individualidades que tiene River. River deberá sostenerse en esas figuras, y Boca seguramente intente sacar provecho de esa solidez colectiva que viene mostrando.

-¿Y cómo analizás el presente de los arqueros? Álvaro Montero por un lado, Santiago Beltrán por el otro 

-El arco de River es difícil. Primero por lo que significa ocuparlo, y segundo por tener la presión de Armani ahí nomás, pero Beltrán quizás entró en una meseta donde sorteó esas dificultades y se sostiene, que no es poca cosa. Por el lado de Boca, creo que muchos se apresuraron a hacer un juicio por algún partido como el de Riestra, donde todo el equipo jugó mal para perder 3-0. Empezaron a generar incertidumbre, pero es un arquero muy sólido, con mucho temperamento, buen juego aéreo y actitud para atajar en Boca. Ha tenido atajadas decisivas, de esas que tuercen resultados cuando el partido está apretado.

-Yendo a las copas internacionales, Boca está en la final de la Copa Sudamericana y Estudiantes en la Copa Libertadores, siempre se dice que el formato del fútbol argentino dificulta competir afuera. ¿Por qué llegan entonces?

-Tenés que tomar como referencia el predominio en la Libertadores. Hay una supremacía evidente. Hay cuatro o cinco cabezas verdaderas, como Boca o River, que se refuerzan muy bien. En estos últimos años, la situación de Argentina con un dólar quieto permitió invertir de otra manera. Cuando tenés la posibilidad de repatriar tres o cuatro jugadores que podrían estar jugando tranquilamente en Europa, a la larga te dan un poderío tremendo, aunque no todo son nombres, hay una estructura detrás. Y en los “mata-mata”, cuando hay que equiparar fuerzas, los equipos argentinos lo compensan con eso que se le marca al futbolista nuestro en cualquier parte del mundo: la actitud y la cuestión de dejar todo.

-Hoy vemos chicos que debutan a los 16 o 17 años y se van muy rápido. ¿Por qué crees que sucede eso? 

-Cuestión comercial, no hay otra. El fútbol argentino sigue sacando jugadores pero no los puede sostener. Somos un fútbol exportador. No podés competir con un club que viene, pone millones de dólares y le ofrece al pibe un contrato que es cuatro, cinco, seis veces más de lo que gana acá. Esto es profesional, una actividad donde un día sos lo mejor, y a la otra semana te podés romper los ligamentos y cambia toda la situación, con ese primer contrato solucionan su vida.

El apellido Goycochea es sinónimo de Selección Argentina. Fue el héroe en los penales ante Yugoslavia y el anfitrión en el Mundial de Italia 1990. Al ser consultado por el exitoso ciclo de Lionel Scaloni hasta el momento, Sergio encontró un paralelismo y una decisión particular con el “Coco” Basile en 1994.

 

-¿Qué puntos en común encontrás entre el subcampeonato del 90 y el Mundial reciente de la Albiceleste en 2026?

-La emotividad y lo que significó en la gente. Nosotros tuvimos un partido icónico con Brasil, y este equipo tuvo el suyo con Inglaterra. Además, ambos equipos tuvieron que sortear un montón de dificultades y distancias. Los dos lograron ganarse el cariño incondicional de la gente.  

-Al Mundial de Estados Unidos 94 terminás yendo de suplente. El “Coco” Basile se inclinó por Luis Islas. ¿Te sorprendió? 

-Sorprenderme, sí. Uno está ahí y le puede tocar jugar o ir al banco. Lo que hablé con Basile en su momento es que yo no discutía la decisión, tampoco le pedía explicaciones cuando me ponía de titular, pero no estuve de acuerdo con el trato, porque extendió mucho la decisión en el tiempo. Obviamente me dolió, pero son las leyes del juego. No lo podés transformar en rencor porque ya pasó y no lo podés solucionar. 

Fuera de la órbita de la Selección Nacional, Goycochea también dejó su huella en el fútbol local. Tras el salto definitivo a la inmortalidad deportiva en Italia 90, su carrera lo llevó a defender el arco de Racing, donde fue testigo desde adentro de uno de los resultados más abultados de la historia grande de nuestro fútbol.

-Después del Mundial de Italia, vas a atajar a Racing y te toca estar en un partido muy particular: la goleada de Boca 6-1. ¿Qué recordás de ese clásico?  

-Fue un partido de esos que se quiebran en algún momento y el resultado termina siendo exagerado por lo que había pasado en el campo de juego. No hay mucho más que explicar; son esos partidos donde no entendés cómo se da el resultado. A veces no alcanzan los análisis, es como tratar de explicar el 7 a 1 de Alemania a Brasil en su propia casa. De hecho, pasaron 35 años y no hubo nunca más seis goles de diferencia entre Boca y Racing. Son cuestiones extraordinarias.

El periodismo y los hinchas argentinos siempre se han caracterizado por buscar el enfrentamiento. Bilardo o Menotti, Maradona o Messi. Para el oriundo de Lima, esa dicotomía es una de las grandes fallas de nuestra cultura futbolística.

-Tuviste a Bilardo en la mayor y a Menotti en juveniles. ¿Te considerás más bilardista que menottista?

-No me interesa. Este es un problema que tenemos todos los argentinos: parece que si decís “blanco”, odiás el “negro”. Yo a Carlos (Bilardo) lo amo y le estaré eternamente agradecido porque me enseñó el significado de jugar en la Selección, pero eso no quiere decir que vaya a odiar a Menotti, al contrario. Valoro muchísimo lo que César hizo por el fútbol argentino y el prestigio que le devolvió a la Selección en los 70. Estoy cansado del facilismo de ser A o B y que en el medio no podamos ver nada. Tenemos que aprender a convivir. 

-Lo mismo pasa con Diego y Leo.

-Exacto. Siempre la pregunta es: “¿Quién es mejor, Messi o Maradona?”. ¿Y por qué no Messi y Maradona, si los dos son argentinos? Tienen que entender que no hay que descalificar al otro.

Tras colgar los guantes, su esposa Ana Laura lo llevó a la escuela de periodismo de Quique Wolf, pero al salido de Defensores de Belgrano se resistió a bajarse del auto, y le dijo: “Empezá, de última te bajás a mitad de camino, pero si no empezás no vas a entender nada”. “Goyco” construyó una sólida carrera en los medios, donde participó como conductor y co-conductor en distintos programas de entretenimiento, alejado del mundo de alto rendimiento. Sin embargo, no oculta su rechazo por ciertas formas del periodismo y el streaming.

“Hay una gran confusión entre la libertad de expresión y decir cualquier barbaridad”, sentencia el exarquero. “Yo puedo hacer una crítica técnica, pero no puedo descalificar ni tratar a un jugador de manera peyorativa. Hoy cualquiera abre un canal y dice 200 locuras. El respeto viene desde la Edad Media. A mí no me vengan con que ‘todo cambió’; el respeto es respeto”.

-¿Creés que hoy hay mucho ego en el fútbol?

-Siempre hubo ego. En la sociedad, en cualquier profesión. Lo que pasa es que el fútbol es una profesión masiva y los jugadores están expuestos constantemente. A los chicos de hoy no los envidio para nada: están expuestos hasta a que les hagan un meme mientras están jugando el partido. 

-Con tanta tecnología, ¿sentís que el VAR le quitó algo al fútbol?

-Cuando aplicas cambios siempre va a haber resistencia. Cuando cambiaron la regla de que el arquero no podía agarrar el pase atrás con la mano, parecía una locura; hoy si un arquero no juega con los pies, no puede jugar. Con el VAR va a pasar lo mismo. Tiene que agilizarse para no ser un factor de corte, pero bienvenido sea si elimina injusticias. Lo que sí cambiaría es la regla del offside: no me gusta que te cobren por un dedo o un hombro. Debería comprobarse que el delantero sacó una ventaja real de esa posición, sino desvirtúa el juego. 

A pesar de que pasaron casi tres décadas desde su último partido oficial en Newell ‘s Old Boys, la relación de Goycochea con el público sigue intacta, trascendiendo generaciones.

-¿Qué sentís con el cariño de la gente a tantos años de tu retiro?

-Me sorprende. Aún hoy sigo teniendo un vínculo hermoso. Recién venía para acá caminando y una señora me frena y le dice a su hijo, un nene de tres años: “Él es Goycochea, jugó en la Selección y en River”. El nene me mira y me dice: “Yo soy arquero también”. Le dije que tenía que entrenar mucho y se puso a hacer repiqueteo en el medio de la calle… (Sonríe). Eso te demuestra que las imágenes y los recuerdos te mantienen vivo en la gente.  

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