Canelo: entre la gloria y el peligro

Por Victoria Tourn

En el deporte, es normal que los atletas traten de concentrarse solo en competir y no distraerse con nada. Pero cuando una pelea se realiza en un país con un conflicto activo y bombardeos recientes, es difícil separar lo que pasa arriba del ring de lo que sucede alrededor.

¿Hasta qué punto puede un deportista influyente como Canelo Álvarez ignorar el conflicto bélico del país anfitrión y justificarlo bajo el lema de “lo único que sé es que voy a pelear pase lo que pase”?

Saúl “Canelo” Álvarez desafiará a Christian Mbilli por su título mundial supermediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), el sábado 31 de octubre en Riad, Arabia Saudita. Una cartelera titulada México vs. El Mundo, con diez combates y tres por títulos. Un escenario ideal para la vuelta de Álvarez, quien regresa al ring después de un año y una cirugía de codo, con el objetivo de recuperar el cinturón que perdió tras caer ante Terence Crawford en septiembre de 2025. Con 63 victorias, tres derrotas y dos empates en su carrera profesional, buscará sumar un nuevo título a su historial.

Pero en la capital saudí, la tranquilidad parece quedar lejos.

En octubre, la tensión aumentó tras una ofensiva de las fuerzas saudíes contra los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán. La respuesta llegó con misiles y drones dirigidos a distintos puntos del territorio, entre ellos el aeropuerto internacional Rey Khalid, en Riad. Los episodios dejaron víctimas fatales. Además, el portavoz militar del grupo armado, Yahya Sarea, advirtió luego del ataque en Saná que sus operaciones contra el país continuarán en los próximos días.

Ante este panorama, la respuesta de Canelo fue concreta: “Obviamente, yo no pienso en la situación que está en este momento. Mientras que no me digan que no se puede, que realmente está muy canijo ir, pues entonces ya veremos, ¿no? Pero yo estoy concentrado, estoy listo para pelear y no me concentro en eso, me concentro en el objetivo”.

Su llegada al suelo del combate se dio cinco días antes. Fue recibido con cantos, banderas y bailes en el hotel, luego de aterrizar en un jet privado y ser trasladado en una limusina. Ya instalado, siguió entrenando con el campeón del mundo Oleksandr Usyk, quien lo ayudó en su preparación incorporando nuevos ejercicios de fuerza y rutinas de alta intensidad.

Sin embargo, la realidad dentro de la propia velada demostró que el temor no es una invención. Lindolfo Delgado decidió no poner su vida en riesgo. El mexicano formaba parte de la cartelera e iba a disputar el título mundial superligero vacante de la FIB frente a Arthur Biyarslanov.

La falta de información y seguridad por parte de la organización fue otro de los problemas. Robert García, el entrenador de Delgado, reveló que los vuelos para su equipo no estaban confirmados a una semana del combate y no le daría tiempo a su púgil para adaptarse al territorio. Tras recibir al menos dos alertas diarias por misiles en Riad, García confesó: “No quiero estar en un documental dentro de 25 años hablando de todos estos valientes peleadores, entrenadores y mánagers que fueron a Arabia Saudita y nunca regresaron”.

La diferencia entre los boxeadores no es casualidad: según medios deportivos, Álvarez podría cobrar alrededor de 100 millones de dólares por la pelea, una cifra vinculada al acuerdo que mantiene con los organizadores saudíes. Aunque el monto no fue confirmado oficialmente, dimensiona el interés económico que rodea al evento. Por eso, cuando volvió a ser consultado sobre él, Canelo delegó toda la responsabilidad en el encargado del proyecto, Turki Alalshikh: “Mi padrino Turki ha dicho que todo está bien, que va la pelea y pues va la pelea”, afirmando que pase lo que pase lo hará, que no le teme a nada y que va a ser campeón del mundo.

Las dos posturas frente a la pelea reflejan una contradicción: mientras unos temen por los bombardeos, otros ponen el foco en los millones que mueve el combate. Así, el espectáculo del boxeo queda frente a una realidad que continúa fuera del ring, donde la guerra no se detiene.

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