Por Josefina Iglesias
Trece años atrás, una joven de 18, viajaba 493 kilómetros para dejar su ciudad natal, San Jorge, ubicada en la provincia de Santa Fe, para irse a Buenos Aires en busca de un sueño: ser jugadora profesional de vóley.
Daiana “La Bomba” López no solo se conformaba con llegar hasta ahí, quería ser la mejor. Quería ser una de esas jugadoras que dejan huella.
—Cuando tenía 13 años ya sabía que quería dedicarme a eso. Terminé el secundario y ya tenía propuestas de Boca y de otros clubes. Mario Gallegos, entrenador de San Lorenzo en su momento, nos dijo a mí y a una amiga que tenía un lugar para que vayamos las dos juntas. Ni lo pensamos.
Su infancia estuvo marcada por la humildad. Creció junto a sus cuatro hermanos en una familia donde las comodidades escaseaban y donde unas zapatillas servían para todo: para ir al colegio, entrenar, salir a pasear o correr.
Esa misma niña, en ese momento no lo sabía -o quizás sí, digamos que lo presentía- pero un par de años después se convertiría en una referente de San Lorenzo y en una de las jugadoras más importantes de la historia del club.

Ella expresó que cuando llegó a “Las Matadoras” se sintió como en familia: “Vivíamos cuatro pibas juntas y estábamos todo el día compartiendo momentos. En el club me daban departamento, comida y viáticos, era un montón para mí.”
Llegó a CASLA a mediados de 2013 y se mantuvo hasta el 2023, dónde se fue un año a la liga brasileña. Cuando volvió, pasó por Boca Juniors un año y en 2025 volvió a vestir la azulgrana.
Pero antes de consolidarse, la vida decidió ponerla a prueba.
Once años atrás, en la llamada “ciudad de la furia”, Daiana se convirtió en madre con apenas 20 años.
—Me tomó muy de sorpresa. Tuve que madurar muy rápido y cuando volví a las canchas, me costaba dejar solo a mi hijo. Todas mis compañeras hacían la vida típica de la edad y yo tenía un nene.
En su último abierto de Sub-21, aquel que años atrás había disputado como una adolescente “normal” y con “vida normal”, ahora lo jugaba con un portabebé en la mano. Daiana dijo que pedían tiempo en el partido para que pudiera cambiarle los pañales y que se sentía como un sapo de otro pozo.
Pero algo que la caracteriza a esta mujer santafesina es nunca rendirse. Jamás fue una opción. Incluso Mario Gallego sabía con certeza que ella iba a llegar lejos por su dedicación y compromiso.
—Yo trabajaba temprano en la panadería de mi pareja de ese momento y también empecé a estudiar gastronomía de manera virtual. Entonces, a la mañana me dedicaba a todo eso. A mi hijo me lo llevaba al trabajo porque el local era de su papá y no había problema. A las tres de la tarde lo llevaba a lo de mi suegra para después irme a entrenar y volvía a las 10 de la noche, así todos los días.
Después de más de una década en CASLA, “La Bomba” López se convirtió en una de las guardianas de la historia del club. Fue testigo del crecimiento desde sus primeros pasos hasta convertirse en una de las instituciones más respetadas del país.
Ella cuenta que al momento en que llegó al club no eran nada y que no se le tenía el respeto que actualmente se le guarda. El proyecto era traer jugadoras de inferiores que después en dos o tres años jugaran en División de Honor y armaran un buen equipo.
Una victoria por 3-1 frente a Vélez, campeón vigente en aquel momento, abrió el camino para todo lo que llegó después. Campeonas de la Liga Argentina Femenina en 2021, tres campeonatos de División de Honor de la Liga Metropolitana y otras conquistas, consolidaron a San Lorenzo entre los mejores equipos del país.
Esta mujer del interior de Santa Fe, lejos del cariño de su familia, madre de un hijo, referente de San Lorenzo y capitana… Empezó a pedir más. Ya no le alcanzaba el tiempo para sostener todas sus responsabilidades. Y el dinero tampoco. Fue ahí cuando decidió plantearle su situación al director técnico… Estuvo a punto de dejar a un lado su sueño.
Daiana dijo que Mario fue la primera persona que le habló del profesionalismo, el cual le ofreció jugar al vóley y a su vez cobrar como jugadora profesional. Él le dijo que tenía que dedicarle todo su tiempo al deporte y que le iba a exigir mucho más que al resto. Ella aceptó.
En Sudamérica, solo tres países profesionalizaron el vóley. Brasil es la máxima potencia y sus ligas son de las más competitivas y mejores pagas a nivel mundial. Le sigue Perú con un campeonato popular y con gran enfoque en la rama femenina, y, por último, Venezuela, que en estos últimos años ha adquirido mucha relevancia en su país. Argentina se podría decir que cuenta con una liga semiprofesional, juegan bajo un estándar profesional pero no cuentan con leyes nacionales que obliguen a tener contratos laborales formalizados.
—El club Ciudad Vóley y UPCN ganan en dólares, pero eso no se ve acá en el país. En el femenino, la Federación del Vóley argentino no se ocupa tanto como la Asociación de Clubes de la Liga Argentina de Vóley del masculino (ACLAV). Es más bien institucional la diferencia entre ramas.
Mientras que la ACLAV se ocupa de que los equipos masculinos viajen en avión a tours que salen fortuna, todos tengan sponsors y cuenten con un montaje superior, la LAF de 2025/26 solo transmitió por televisión la final femenina.

—¿Qué significa para vos representar la camiseta de San Lorenzo y ser capitana?
—Es mi casa, mi familia, el lugar dónde me siento feliz. Amo los colores, amo mi camiseta, me gusta el barrio y me gusta todo el proceso que viví. Ser capitana es interiorizarte mucho con todas las jugadoras. Me tengo que ocupar del detrás de escena, de si se pelean con alguna, se sienten desconfiadas, e incluso si no les gustó algo del entrenador.
Expresó que le gusta ser capitana y particularmente del equipo actual, en el que la mayoría son nuevas en el club. Ellas la ven distinta, más que una compañera de cancha, la ven como un ejemplo a seguir. A sus 31 años, es lo que la mantiene en eje. Dice que hay que educarlas y enseñarles a ser profesionales en todo momento: “Hay que hacerles entender que están compitiendo por algo más grande que el “yo”, lo hacen por San Lorenzo”.
—¿Cómo querés que se te recuerde en el club en unos años?
—A mí me gusta que la gente vea un partido y diga: che, esta piba defiende el club a capa y espada. Un poco me asusta que no haya alguien así en un futuro, no me gustaría que no hubiera nadie representativo dentro de la cancha.
Disciplina es la palabra que la representa. Desde aquella adolescente que abandonó San Jorge con un sueño en la mochila, hasta la capitana que hoy lidera a San Lorenzo dentro y fuera de la cancha. Hubo años de esfuerzo silencioso, sacrificios personales y desafíos que parecían imposibles de superar.
Esta fue una pequeña parte de la historia de una inmensa persona. Madre, deportista profesional, trabajadora, humilde y guerrera.
Trece años después, Daiana “La Bomba” López mira hacia atrás y le sonríe a la joven que dejó su ciudad para cumplir un sueño.
También, mira hacia atrás y le dice a la joven que acaba de tener un hijo:
—No te preocupes, todo va a salir bien y vas a lograr cumplir tu sueño.





