Por Juan José Porras
En el futsal argentino existen trayectorias que pocas veces ocupan los titulares: historias de jugadores que entrenan después de trabajar, que estudian durante años para construir una profesión y que, aun así, encuentran tiempo para defender los colores de un club.
Matías Otero es parte de esta definición, con 31 años, es abogado de profesión y arquero por las vueltas inesperadas de la vida. El capitán del Club Glorias representa a una generación de jugadores que sostienen el crecimiento del futsal nacional desde el compromiso y el sentido de pertenencia.
Nacido y criado en Tigre, el barrio donde se encuentra el club y construyó una relación especial con Glorias, no es solamente el arquero titular ni el hombre que lleva la cinta de capitán en el brazo. Es una referencia para los más jóvenes y una voz de experiencia dentro del vestuario.
Su vinculo con la disciplina comenzó por casualidad, como tantos chicos argentinos, sus primeros pasos fueron en el fútbol once, jugaba en un equipo de su barrio cuando un amigo le comentó que había realizado una prueba en un club de futsal y, como él mismo declara: “Me fui a probar como delantero y, al momento de llegar, no había arquero, así que me probé como arquero y quedé”.
Nunca imaginó que esa decisión terminaría marcando su vida deportiva y personal: “No hay una razón por la que elegí el futsal. Simplemente la vida me llevó a eso”. Una frase sencilla que explica cómo encontró su lugar en una disciplina que, con el paso de los años, se transformó en una de las más competitivas del continente.
Este deporte ha experimentado un crecimiento importante durante los últimos años, gran parte de los jugadores todavía deben sostener su economía mediante otras profesiones. Otero trabaja y vive de su actividad profesional como abogado, mientras combina esa responsabilidad con entrenamientos, viajes y competencias.
Esa doble vida deportiva y laboral le permite aconsejar a los más jóvenes desde su experiencia como profesional en los dos ámbitos. Se considera un tipo calmado y de un liderazgo más positivo. El tigrense confiesa que siempre les dice a sus compañeros que jueguen tranquilos y sin presión y, en el aspecto emocional, es más animador que juzgador.
Sin embargo, también se considera muy competitivo y, cuando habla de las virtudes del jugador nacional, encuentra una característica que sobresale por encima del resto. “El jugador argentino tiene entrega, compromiso, sacrificio y trabajo en equipo. Después se suma el talento, pero lo más importante es esa entrega que nos permitió equipararnos con potencias como Brasil”.
Para Otero, portar la cinta de capitán representa una mezcla de orgullo y responsabilidad, aunque reconoce que su antigüedad dentro de la institución influyó para recibir ese reconocimiento, aclara que el liderazgo no se limita a una sola persona. “Yo tengo la cinta dentro de la cancha, pero afuera somos muchos los que llevamos las riendas del equipo”.

La frase cobra aún más relevancia cuando se analiza lo ocurrido durante 2025. Ese año, Glorias atravesó una crisis institucional que puso en riesgo el futuro deportivo del equipo, una irregularidad administrativa relacionada con la inscripción de un jugador derivó en una dura sanción por parte de la Asociación del Fútbol Argentino: dos años sin competir en torneos oficiales y una importante multa económica.
Mientras el club apelaba la decisión, la incertidumbre comenzó a impactar en el plantel y, por ese motivo, muchos jugadores y miembros del cuerpo técnico optaron por marcharse ante la posibilidad de quedarse sin competencia durante un largo período. Pero Otero eligió otro camino y, en medio de todas las dudas, decidió quedarse.
Permaneció en el club como capitán principal y, en febrero de 2026, AFA revocó la sanción y Glorias pudo empezar el campeonato sin problema. Su liderazgo también se manifestó dentro del vestuario, como uno de los referentes más experimentados del plantel, asumió la responsabilidad de proteger a los jugadores jóvenes de las presiones externas.
En tiempos difíciles, entendió que el crecimiento de los juveniles dependía de encontrar un entorno que les permitiera desarrollarse con tranquilidad. “Los más grandes tratamos de quitarles la responsabilidad a los chicos y asumirla nosotros. Queremos que jueguen sin presión, que disfruten y que se diviertan”.
Esa mirada resume gran parte de su filosofía como capitán, no se trata solamente de ordenar al equipo durante un partido o dialogar con los árbitros. Para Matías, conducir al plantel significa acompañar, enseñar, cuidar y transmitir experiencias para que otros puedan crecer.
En la presente temporada, el club Glorias se encuentra en la última posición de la Primera División del futsal argentino, con alto riesgo de descender. Pero, aun en estas circunstancias, Matías Otero sigue portando con orgullo la camiseta, tratando de superar las adversidades y, como buen capitán, promete nunca abandonar su barco.





