El hombre que ahora busca a los que algún día pueden llegar

Por Alejandro Agustín Valdez

Antes de buscar jugadores, a Carmelo Villalba lo encontraron a él. Era apenas un chico que jugaba en los campeonatos de barrio del Monte de los Curas y que también había pasado por los Campeonatos Evita. Un agente lo vio jugar y lo llevó a Racing. Después llegó a El Porvenir, donde en 1979 fue campeón con la Sexta División e integró el seleccionado juvenil argentino. A partir de ahí, aquella pelota que había empezado en los potreros comenzó a llevarlo por un camino que terminaría en la Primera División.

Su debut profesional fue en El Porvenir, donde jugó entre 1980 y 1981. Después pasó por Chacarita y en 1982 llegó a Argentinos Juniors. En La Paternal formó parte de una generación que marcó una época para el club. Como defensor, disputó más de 200 partidos con la camiseta del Bicho y fue parte de los equipos campeones del Metropolitano 1984 y del Nacional 1985. Pero lo más importante todavía estaba por venir.

En 1985 Argentinos conquistó la Copa Libertadores, con Villalba entre sus protagonistas. El título le permitió al equipo jugar la Copa Intercontinental frente a Juventus, en Tokio. Aquel partido terminó 2-2 y el conjunto italiano se impuso por penales. Villalba estuvo en aquella final que enfrentó al campeón de América con uno de los grandes equipos europeos de la época. También conquistó con Argentinos la Copa Interamericana en 1986.

Europa, sin embargo, nunca apareció en su recorrido. Su carrera continuó en el fútbol argentino: Unión de Santa Fe, Chacarita, Tigre y finalmente Tristán Suárez, donde además comenzó a acercarse al trabajo desde otro lugar, como ayudante de campo. Después del retiro llegó la etapa como entrenador y, con el tiempo, volvió a involucrarse en la formación de juveniles.

Pero si la historia terminara ahí, sería solamente la historia de un exjugador que ganó títulos. El presente de Villalba cuenta otra cosa.

En La Capilla, Florencio Varela, funciona hoy el Centro de Formación Carmelo Villalba. El predio lleva su nombre y también lleva consigo una idea que parece cerrar un círculo: aquel futbolista que alguna vez fue descubierto ahora dedica buena parte de su tiempo a descubrir a otros. El Centro funciona además como un espacio de captación y formación vinculado con Argentinos Juniors, el club donde Villalba vivió los años más importantes de su carrera. La institución figura actualmente entre los equipos que participan de la Liga Metropolitana de Fútbol de San Vicente.

Allí la formación no termina cuando termina el entrenamiento. El proyecto cuenta con las categorías Sexta, Quinta, Cuarta, Reserva y Primera, que compiten en la Liga Metropolitana. El objetivo es que los chicos tengan un lugar donde desarrollarse y, para algunos, la posibilidad de ser observados y dar el siguiente paso hacia Argentinos Juniors.

El predio también funciona como hogar. La pensión recibe jugadores que llegan desde distintas provincias del país y que, lejos de sus familias, encuentran en La Capilla un lugar para vivir mientras intentan construir una carrera en el fútbol. La formación, entonces, no pasa solamente por una pelota, un entrenamiento o una prueba. También implica acompañar a un chico que dejó su lugar de origen para perseguir un sueño.

Villalba conoce ese camino. Sabe lo que significa que alguien mire a un jugador entre muchos y vea algo diferente. Sabe lo que significa llegar a Primera, jugar finales, levantar copas y disputar una Libertadores. Y también conoce el otro lado: el de los miles de chicos que intentan llegar y no todos lo consiguen.

Por eso su presente tiene algo de vuelta al comienzo. Ya no está dentro de la cancha defendiendo la camiseta de Argentinos Juniors. Está afuera, observando. Mira movimientos, capacidades y posibilidades. Busca jugadores, pero también intenta formar personas.

Carmelo Villalba pasó de ser aquel chico al que alguien descubrió en un campeonato de barrio a convertirse en el hombre que hoy abre las puertas de su propio centro para que otros tengan la oportunidad que alguna vez tuvo él. Su carrera no terminó cuando dejó de jugar. Cambió de lugar en la cancha.

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