Por Sebastián Muleiro Migueles
Mientras transcurre la Copa Intercontinental de Clubes FIBA, y con la derrota de Boca en semifinales ante Rytas Vilnius de Lituania por 77-70, el recuerdo viaja a 1983. Ese año, Obras Sanitarias se convirtió en el único equipo argentino en conquistar el máximo certamen intercontinental de clubes.
Lo que hoy representa un hecho histórico para el básquet nacional, no siempre fue valorado de esa manera. Esteban Camisassa, integrante de aquel plantel campeón, recordó cómo vivió el reconocimiento posterior a la conquista: “Personalmente, yo nunca me sentí reconocido en este país, me reconocieron más en Brasil, acá poco”. Luego se refirió específicamente al título conseguido: “Lo de Obras lo empezaron a reconocer muchísimo después, porque acá no era un deporte popular, no salió en ningún lado. Salimos campeones del mundo y fue lo mismo que haber salido campeones de un torneo de truco”, aseguró, aunque remarcó que está agradecido con los seguidores del básquet.
“El Tachero” clasificó directamente por ser el equipo anfitrión. También participaron Jolly Colombani Cantú y Simac Olimpia Milano, campeón y subcampeón europeo; Peñarol de Uruguay y Monte Líbano de Brasil, campeón y subcampeón sudamericano y Estados Unidos, que contó con una plaza, no envió equipos de la National Basketball Association (NBA), sino que participó el ganador de la División I de la National Collegiate Athletic Association (NCAA), que era la Universidad de Oregon State.
En la primera jornada, Obras enfrentó al conjunto estadounidense y consiguió una victoria por 92-77. Sin embargo, no pudo disfrutar demasiado del triunfo, ya que su capitán, Eduardo Cadillac, sufrió una lesión que le impidió afrontar el resto del torneo en plenitud. Esta situación le permitió a Carlos Romano asumir durante más minutos la conducción del equipo. En ese encuentro fue, además, el máximo anotador de Obras, con 19 puntos.
En la segunda fecha derrotó al equipo brasilero por 91-86. El máximo anotador de Obras Sanitarias fue el ala-pívot panameño Rolando Frazer, quien convirtió 25 puntos para liderar la victoria.
En el tercer partido, “El Tachero” se impuso ante Peñarol por 104-81. Romano volvió a destacarse en el goleo y terminó el encuentro con 22 puntos. En la cuarta jornada se enfrentó a Simac Olimpia Milano y continuó su racha de victorias, esta vez por 84-75. Romano nuevamente tuvo un gran encuentro y aportó 16 puntos.
Con el formato de todos contra todos, a la quinta y última fecha llegaron con posibilidades de quedarse con el título Obras, que acumulaba cuatro victorias sin derrotas, y Jolly Colombani Cantú, que había ganado tres partidos y perdido uno.
El sábado 24 de septiembre de 1983, 6.000 personas colmaron el estadio de Avenida del Libertador, en la Ciudad de Buenos Aires. Obras construyó la victoria desde el comienzo a partir de una defensa sólida. Romano tuvo la complicada tarea de controlar a Antonello Riva, principal anotador del conjunto italiano.
“El Tachero” se fue al descanso 44-28, con una ventaja de 16 puntos, y el marcador final fue de 89-76 para los argentinos, con Vicente Pellegrino como máximo artillero, con 20 puntos.

Camisassa recordó aquella definición y destacó la importancia de haber enfrentado a algunos de los mejores basquetbolistas europeos de la época: “Ganarles a jugadores como Riva fue bastante meritorio. Lo que pasa es que en ese momento uno no lo valora lo suficiente porque lo está viviendo; uno empieza a valorar las cosas mucho después”.
Con aquella victoria, Obras Sanitarias escribió una de las páginas más importantes de su historia y consiguió el máximo título internacional alcanzado por un equipo argentino. Aquel plantel estuvo conformado por Esteban Camisassa, Héctor “Pichi” Campana, Ricardo de Cecco, Vicente Pellegrino, Rolando Frazer, Mario Butler, Carlos Romano, Eduardo Cadillac, Gabriel Milovich, Alejandro Gallardo, Norton Barnhill y Javier Tilatti. El puertorriqueño Flor Meléndez estuvo a cargo de la conducción técnica, acompañado de su asistente Guillermo Vecchio.
43 años después, aquella conquista permanece como una de las grandes gestas del básquet argentino, aunque, como dice Camisassa, su dimensión histórica tardó mucho tiempo en ser reconocida.





