Por Mateo Mekler
El 31 de octubre de 2002, el AS Adema le ganó 149-0 al actual campeón, el Stade Olympique de L´Emyrne (SOE), y se transformó en la mayor goleada de todos los tiempos con un detalle que lo hace más impactante todavía: todos los goles fueron convertidos por los propios jugadores del Stade. En aquella tarde de Madagascar no solo se rompió un récord, sino que se presenció uno de los partidos más insólitos de la historia.
Para comprender cómo se llegó a ese punto, hay que entender el contexto. La Liga de Madagascar de ese año comenzó en agosto. Ocho equipos disputaron una fase preliminar, enfrentándose todos contra todos a una sola vuelta y, tras la finalización, los cuatro mejores posicionados avanzaron a la ronda final.
El SOE, que participó ese año por primera vez en su historia en La Liga de Campeones de África y avanzó dos fases, aunque era considerado casi imposible, terminó primero con 13 puntos, mientras que el AS Adema se ubicó segundo, a un punto. Los otros dos equipos clasificados fueron el Ambohidratrimo (USA) y el Domina Soavina Atsimondrano (DSA). Cada uno debía jugar seis partidos en un formato de ida y vuelta.
A falta de dos fechas, el AS Adema era el líder con siete puntos y el SOE lo seguía detrás con cinco. El puntero hizo su tarea y se llevó la victoria, pero el Stade no tuvo la misma suerte. Bajo un polémico penal sancionado sobre el final, por el árbitro Benjamina Razafintsalama, terminó igualando 3-3 y el AS Adema se consagró campeón. El club, al sentirse perjudicado por el arbitraje, presentó una denuncia ante la Malagasy Football Federation (MFF), pero fue desestimada.
En el cierre de la liga se verían las caras estos dos equipos: uno ya campeón y el otro con una impotencia indescriptible, ante la nula intervención de la MFF. Con la presencia del mismo árbitro que protagonizó la discordia en el encuentro anterior, los jugadores del SOE, a modo de protesta, recuperaron la posesión de la pelota en los primeros minutos, miraron a su propio arco, y se hicieron un gol en contra. Todos los espectadores, el juez y el plantel del Adema quedaron atónitos, pero no sabían que esto recién arrancaba. Cada vez que el campeón del último torneo reanudaba el juego, pateaba directamente a su arco y el arquero dejaba pasar la pelota. La gente estaba furiosa, gritaban que fueron a ver un partido de fútbol, no a ver cómo sacaban del medio para hacerse goles en contra, y pedían la devolución de su dinero. El marcador final fue 149-0, con un gol cada 36 segundos de juego en promedio.

Al término de los 90 minutos, el nuevo campeón no celebró al instante, ya que a pesar de entrar en los libros del fútbol por la mayor goleada de la historia, sabían que estaban ante un hecho insólito e irrepetible. En este caso la MFF si actuó, al sancionar con tres años de suspensión al técnico del SOE, y a cuatro de sus jugadores con la inhabilitación para disputar un partido oficial hasta la finalización de la temporada, sin siquiera poder pisar un estadio en ninguno de los dos casos. Entre ellos estaba Mamisoa Razafindrakoto, capitán del equipo y de la Selección malgache. El resto del plantel solo fue advertido. Estas medidas aumentaron el descontento general ya que parecía que el sistema se protegía a sí mismo, y por esto el caso escaló hasta el Ministerio de Deportes, el cual disolvió temporalmente la liga.
Así surgió la historia de “El campeón que nunca volvió a reinar”, ya que desde ese día, el Stade Olympique L´Emyrne no volvió a salir campeón. Las leyendas no siempre nacen de la gloria, a veces salen de la rebeldía, y recuerdan que en el fútbol algunos partidos no terminan con el pitazo final.





