No conozco un fútbol sin Messi

Por Jorge Acevedo

Hay derrotas que duran noventa minutos. Otras duran años. La de esta noche duele porque no sólo se escapó una Copa del Mundo. También nos obligó a mirar de frente algo que veníamos evitando desde hace tiempo: que algún día Lionel Messi iba a jugar su último partido con la camiseta argentina.

Muchos pueden pensar que se perdió una final del mundo más y ya está, no pasa nada. Pero sí pasa. Porque aunque después de haber tocado el cielo con las manos en Qatar, esta selección nos volvió a ilusionar llegando a una nueva final en este Mundial. Y qué Mundial, viejo.

Porque el seleccionado argentino demostró por qué somos cuna del fútbol, de la viveza criolla, de los huevos y de la pasión. Un seleccionado comandado por el mejor futbolista del mundo. Del mundo, y de la historia de este bendito deporte.

Un tal Lionel Andrés Messi, un pibe de 39 años, lideró a Argentina a una segunda final consecutiva. Cuando todos lo daban por viejo, él demostró que viejos son los trapos. Que la edad es solo un número cuando uno se dedica y pelea por lo que quiere. Lionel Andrés jugó su sexto Mundial y más allá de romper todos los récords posibles, el hincha argentino se queda con su sencillez. Con su manera de ser. Con esa sensibilidad que fue mostrando un poco más a través de los años, poniendo en evidencia lo que muchos creían que no tenía; sentido de pertenencia.

Esta tarde Messi jugó su tercera final en Mundiales, y uno a veces peca de ambicioso, porque sí, te queríamos ver levantar nuevamente esa copa. Queríamos volver a verlo levantar esa Copa del Mundo. Queríamos sentir otra vez ese instante en el que el tiempo parece detenerse mientras acaricia el trofeo con una sonrisa.

Pero no todos los finales son felices. Se perdió y duele. No te voy a decir que no. Porque verte llorar como si fuera la primera vez que jugas a la pelota y perdés un picadito, duele. Duele porque nunca nadie como vos se bancó las mil y una. Que en Argentina te hayan dado como una bolsa. Que te den por retirado por jugar en Estados Unidos. Duele porque nadie se mereció tanto como vos. Representas a una nación, y en cada rincón del mundo hoy tu nombre nos enaltece. Y sobre todo porque sabemos que ya no quedan muchos bailes. Porque la pista de baile no va a tener a su mejor par. Leo y la pelota.

Yo no conozco un fútbol sin Messi. Porque vos me hiciste amar al fútbol. Mi generación aprendió de este juego viéndolo a él. Aprendió que un pase podía emocionar tanto como un gol. Que la humildad también podía ser una forma de liderazgo. Y que un tipo podía cargar durante dos décadas con las expectativas de cuarenta y tantos millones de personas sin dejar de intentarlo una sola vez.

Acá es cuando me toca pensar, mirar hacia atrás y decir “Pucha, qué orgullo que este pibe sea argentino. Qué locura que te amen en todo el mundo. Qué increíble lo que generás en el fanático del fútbol”.

Si hoy fue el último baile, qué manera de bailar, viejo. Realmente no alcanzan las palabras para agradecerte lo que hiciste por todo un país, por toda una generación de pibes y pibas que hoy le dicen a sus viejos “Llevame a fútbol, pa”, “Ma, porfa quiero la “10” de Leo”. Una generación que vio historia viva del deporte, que trasciende el fútbol.

Si hoy fue tu último baile con nuestros colores, quedate tranquilo que nos diste todo y más. Quedate tranquilo Leo, que a pesar de toda la mierda que comiste, el pueblo argentino está rendido a tus pies. No nos debías nada y ahí estabas compitiendo una vez con los mejores, todo esto con 39, si, un pibe.

Y nosotros, los que crecimos viéndote, tendremos que acostumbrarnos a algo que nunca imaginamos: un fútbol sin Lionel Messi. No sé si estamos preparados. Lo único que sé es que, cuando dentro de muchos años alguien me pregunte qué se sintió verlo jugar, voy a responder lo mismo que millones de argentinos: qué privilegio haber coincidido con vos.

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