… y ocurrirán

Por Francisco Quartino

Acá estamos de nuevo: rezando, pidiendo, implorando, orando y prendiéndole velas a Diego. Scaloni nos mal acostumbró. Nosotros ya éramos candidatos en la previa, pero pasaron cosas, tantas, que nunca hubiéramos imaginado.

La Pulga arrancó derechísima y nos hizo emocionar a todos; con 39 años, hizo su primer hat-trick en mundiales, para ser el máximo goleador en la historia del torneo y para vencer por 3 a 0 en un duro partido a Argelia. La Selección no desentonaba y él tampoco: le hizo dos más a Austria para ganar 2 a 0 y ser primeros de grupo. ¿Contra Jordania? Un trámite. Golazo de tiro libre de Giovani Lo Celso, que le había sido esquivo hasta ese momento su debut en una Copa del Mundo; uno de penal de Lautaro para que finalmente se destapara; y otro más de Lio, que le armó un lío al arquero de ellos con un remate de falta.

Y allá íbamos a los 16vos, con convicción, buenas sensaciones, fe y buen juego, pero todo eso se derrumbó. Cabo Verde, la sorpresa del Mundial, que había empatado ante otras de las candidatas -España y Uruguay-, nos complicó todo y nos llenó de dudas. Nos costó, tanto que nos llevaron al alargue; Argentina no jugó brillante como sabe y supo ser en la fase de grupos, y su arquero, Vozinha, de 40 años, tapó casi todo. Habíamos arrancado 1 a 0 con un gol del mejor de todos; parecía un trámite para el campeón del mundo. Pero los africanos tenían otros planes: lo empataron luego de que la Albiceleste se tirara demasiado atrás. Pero la jerarquía fue más en la media hora adicional: Lisandro Martínez, con un violento zurdazo luego de un córner, nos puso adelante. Ellos lo empataron con un verdadero golazo de Lopes Cabral, pero será anecdótico, por el agónico cabezazo del Cuti Romero, que nos terminó dando la victoria y el boleto a octavos.

Contra Egipto siguieron las dudas. Messi dejó una imagen durante la pausa de hidratación del segundo tiempo, perdiendo 2 a 0, derrotado, que decía, ya está, es lo último; se despedía de la camiseta nacional. Pero apareció para decir que ese no iba a ser el último capítulo: con un centro a la cabeza de -nuevamente- Cristian Romero, y faltando 11 minutos, se le venía la Scaloneta a los egipcios. Luego de una carambola en el área y el pase de Gonzalo Montiel, el hombre de la película la mandó al fondo de la red para empatar el partido en una ráfaga. Pero faltaba la cereza del pastel: el gol de contraataque, dándoles de su propia medicina, con el perfecto centro de Lautaro Martínez y el exquisito cabezazo de Enzo Fernández.

Cuartos de final. El rival nos recuerda a un Ángel que alguna vez definió rasante, de primera, luego de una enorme jugada del 10 rosarino, y cruzado en Brasil, en un Mundial. Suiza fue testigo en el primer cuarto del partido de una buena Argentina, que presionaba, era protagonista y estaba adelante en el marcador por el frentazo de Alexis Mac Allister. Pero otra vez, ya en el segundo tiempo, Argentina se metió muy atrás y llegó el empate. Para el alivio de los dirigidos por Scaloni, Breel Embolo simuló y el VAR no lo perdonó, ya que tenía amarilla y fue expulsado. En el alargue, los ingresos, primero de Thiago Almada y luego del Flaco López, fueron positivos y ayudaron a que se iluminaran los que faltaban: los delanteros; con un arácnido remate de Julián Álvarez al ángulo, donde se posan las arañas, para pasar al frente, y el olfato de goleador del Toro de Bahía Blanca para sentenciarlo. Venía Inglaterra.

Un partido del que se harán documentales, se escribirán libros y se filmarán películas. Nervios de principio a fin. Para el recuerdo quedará la maradoniana actuación de Messi, con dos pases gol en los últimos minutos, cuando nos ganaban ellos, los piratas, los británicos usurpadores e imperialistas, los que quisieron quitarnos nuestras Islas Malvinas, cuando perdíamos 1 a 0 y apareció él. Por el derechazo ajustado al palo derecho de Jordan Pickford de Enzo Fernández y por el frentazo en el área chica de Lautaro Martínez, los jugadores festejaban con una sábana que tenía escrito: “LAS MALVINAS SON ARGENTINAS”.

Y nuevamente llegamos. Con lo difícil que es. Contra España; nuestros colonizadores. Con cambios y con tácticas; con estrellas y gladiadores; con coraje y valentía: Argentina, pase lo que pase, será un honorable competidor.

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