Lionel Scaloni, directo al corazón: “Me duele en el alma”

Por Tiziano Moreira

No nos debés nada, Lionel. Cuando llegaste en 2018, junto con Ayala y Samuel, muchos pensaban que ibas a ser un técnico intrascendente, que no merecías el puesto; incluso, dudaban de tu título de entrenador. Y vos seguiste, con la cabeza gacha, para construir un proyecto, un camino, una ilusión, un sueño.

Hoy, después de quedar tan cerca de la cima de la copa más linda de todas, llevando el parche de campeones del mundo, todos estamos agradecidos por lo que hiciste. La emoción que contagiaste al grupo y a la gente fue inigualable. Quizás muchos lo consideren un fracaso, pero para los argentinos fue una entrega de cuerpo y alma hasta el final.

De la desconfianza absoluta al amor eterno, el camino de Scaloni es la historia de una redención. Sus palabras sonaron a despedida, como las grietas de una obra maestra. Cada frase pronunciada con la voz quebrada fue un eco de algunos de los momentos más felices de nuestras vidas.

“Somos grandes en la victoria y tenemos que ser grandes en la derrota. Estamos demostrando hoy que sabemos perder el partido”.

Un viaje al pasado, a la Copa América 2019. Aquella caída dolorosa ante Brasil en las semifinales forjó el carácter de este grupo. Aprender a caer fue el primer paso indispensable para, más tarde, conquistar el planeta entero.

“Yo sí que me acuerdo de los segundos porque cuesta un montón llegar hasta acá y creo que hay que darle una validez enorme”.

El invicto de 36 partidos aparece en la memoria colectiva. El trayecto importa tanto o más que el destino. El orgullo de la medalla plateada tiene un valor incalculable después de años de dominar la escena mundial. Ser subcampeones hoy también enaltece todo el recorrido.

“Agradecimiento enorme a todo el público, a toda la gente que hoy nos ha llevado esa poca fuerza que nos quedaba. Yo solo tengo palabras de agradecimiento eternas para este grupo, que yo creo que no… Ojalá lo podamos repetir alguna vez”.

Copa América 2021. Allí nació la mística. Scaloni formó una familia impenetrable, una unidad capaz de sobreponerse a la adversidad para romper una sequía de 28 años sin títulos. Ese grupo cambió para siempre el paradigma de la Albiceleste.

Después llegó la final de Lusail ante Francia, en Qatar 2022. La simbiosis con la tribuna empujó al equipo hacia la ansiada tercera estrella. El aliento del público fue el combustible de un plantel exhausto: la conexión perfecta entre el césped y la tribuna para alcanzar la cima.

“Yo les tengo que agradecer a este grupo porque han sido unos guerreros. Es la realidad”.

El recuerdo vuela hacia la Copa América 2024, en Estados Unidos. Partidos ásperos, fricción constante, batallas físicas sobre canchas en mal estado. El plantel demostró un temple de acero para defender la corona continental. Guerreros de mil batallas, con la misma sed de gloria.

“Voy a hablar con el presidente. Yo más o menos tengo una idea de lo que quiero hacer. Cumpliré el contrato y después veo. La verdad es que siento la necesidad de pensar, porque ya no sé si voy a poder hacer algo tan grande como esto y, a lo mejor, habría que hablarlo. Al presidente le estoy agradecido por haberme dado la oportunidad de estar en este lugar”.

Aquí resuena el postpartido frente a Brasil en el Maracaná, en 2023. Scaloni alcanzó el punto más alto del arte albiceleste. Porque tocar el cielo con las manos exige un desgaste mental brutal. Sostenerse en la cima también agota. Lionel necesita respirar en paz, mirar en perspectiva el equipo que construyó.

“Es un lugar soñado. En mi vida pensé… A ver si paro, porque no soy capaz. En mi vida pensé que todos los chicos del cuerpo técnico deberían estar en este lugar. Entonces, para seguir se necesitan un montón de cosas, sobre todo volver a resetearse, volver a formar un grupo como este, que difícilmente se vuelva a formar. Y me duele, me duele el alma. Lo siento”.

El cierre de un círculo. Aquel técnico interino de 2018 observa su obra terminada. Armar un equipo que parecía invencible consumió gran parte de su energía. Las lágrimas derramadas frente a los micrófonos son el precio de vivir con tanta pasión. La confirmación de un hombre que dejó la vida por estos colores.

“Cuando dejás todo así, después se puede jugar bien o mal, pero cuando dejás todo así es muy difícil reprochar algo”.

El resumen perfecto de toda una era y, en especial, de este Mundial. Como en los pasajes dramáticos frente a Países Bajos o Francia en Qatar, la actitud jamás se negoció. El fútbol, a veces, premia con copas; otras, castiga con derrotas mínimas. Pero la entrega de este grupo ya forma parte del ADN argentino.

Gracias por todo, Lionel. No nos debés nada. Serás recordado para siempre como el Leónidas de Pujato.

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