Es campeón quien perdura

Por Gabriel Milian Scuri

En el medio del MetLife, los jugadores españoles festejan su segundo campeonato del mundo con una apatía que sorprende. Algunas sonrisas, bailecitos y poco más. 

Las cámaras van con Messi. Que demuestra que su presencia vale más que la obtención de los europeos. Que su despedida pesa más que cualquier conjunto icónico como lo es el de De la Fuente. 

La Roja ha sido superior, sí. Pero el foco va con el diez argentino. Que quizá sea la última vez que se saca los botines con su país.

En Argentina el dolor hace una mezcla perfecta con el agradecimiento al seleccionado de Lionel Scaloni. Por un segundo, la Ciudad de la Furia se volvió el llanto de un bebé sin su chupete. Las calles despiden a su ídolo y se rinden ante unos jugadores que le han dado ilusión a un pueblo devastado.  

Hay voces que ponen rótulos sin argumentos. Que la Argentina es exitista y alguna que otra cosa más. Pero por las ventanas se alienta, aún con la copa en manos ajenas y la garganta rasgada.

Si hay historias de superación, una es la del país austral. Acostumbrado a salir de la mierda y brillar con su impronta ante el mundo. 

De Messi no hay ni que hablar. Treinta y nueve años, ocho tantos y gambetas un tanto juveniles. No todos los finales son felices y no todo lo mejor llega al término. El recorrido ha sido uno para Lio. Que ha ganado todo. Que mientras recibe la medalla de subcampeón el publico se arrodilla a sus pies y corea su apellido.

A los jóvenes que han crecido junto a él se les revuelve la memoria al sintonizar sus goles y genialidades. Hay algún pibe o alguna piba que acaba de darse cuenta que el tiempo se escurre y que con ello la gente pasa como los caudales. Que los dioses también mueren (uno ya se ha ido) y se desgarran en frustraciones.

Hay chicas y chicos que se han dado cuenta que ganar no significa ser campeón y que la grandeza no la dan las medallas, sino perdurar. 

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