Por Mateo Mekler
Para un partido de fútbol todo lo que se necesita son 22 jugadores, dos arcos, un árbitro y la hinchada. Es un juego sencillo, donde la pelota, los futbolistas y el reloj son los gobernadores, pero parece que para muchos no. Una de las cosas que se ven en este Mundial es que los partidos se dividen en cuatro tiempos por la implementación del “cooling break” para, supuestamente, rehidratar a los protagonistas.
La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) decidió implementar la pausa de hidratación a los 22 minutos de juego en cada tiempo, para que los futbolistas puedan tomar agua o alguna bebida energética durante tres minutos. Se presenta como una idea para evitar las altas temperaturas y cuidar el estado físico de los jugadores, mientras que el espectador ubicado frente al televisor se ve obligado a presenciar durante ese lapso anuncios constantes, lo que deja al descubierto una mayor preocupación por los negocios que por los protagonistas del evento, los cuales pierden completamente la sintonía del encuentro y los saca de partido. “No me gustan. Estuve viendo casi todos los partidos y van siempre a los comerciales”, palabras de Virgil Van Dijk, capitán de Países Bajos.
En cada partido, independientemente de dónde se juegue, si hay techo o no, habrá una pausa de hidratación de tres minutos. ”Serán tres minutos desde el pitido inicial hasta el final de cada tiempo”, declaró Manolo Zubiria, director de Torneos de Estados Unidos para este Mundial.
El medio de información financiera Workweek reveló que las pausas de hidratación darán 624 minutos extras de pausa publicitaria, y si se consideran ocho anuncios en promedio por cada espacio publicitario, los canales tendrán 1.664 nuevos lugares para presentar los anuncios. Se estima que las recaudaciones podrían dejar una ganancia cercana a los 500 millones de dólares.
A esto se le puede agregar las situaciones que ocurrieron en las conferencias de prensa, las cuales según lo establecido por la FIFA, debían ser estrictamente en inglés y no podrían realizarse preguntas en ningún otro idioma. La mayor problemática ocurrió con Achraf Hakimi: el capitán de Marruecos, que nació y se crió en España, recibió una pregunta del periodista Rodrigo Ornelas en español, a lo que el moderador de la asociación internacional de esa conferencia intervino y, a pesar de la buena voluntad del jugador de responder igualmente en inglés, no dejó que reciba una respuesta. Actualmente, esa regla se modificó por las polémicas que se generaron y ahora se permitirá que se formulen preguntas en este idioma y en el que hablan los países que están enfrentándose.
El juego se ve afectado cada vez más por las interrupciones y los intereses externos que condicionan al romance que lo caracteriza: la simpleza. Y en medio del ruido, la pelota espera volver a ser algún día la protagonista de su propia historia.




