“La Desgracia de Gijón”: el día que Austria arregló con Alemania y eliminó a Argelia del Mundial

Por Juan Franco Gomez Sacks

Es viernes 25 de junio de 1982. En El Molinón, ubicado en Gijón, España, país en el que se desarrolla la Copa del Mundo, se enfrentan Austria y Alemania Federal por la tercera jornada de la fase de grupos. Es uno de los partidos más trascendentales que albergará esta ciudad en el certamen. De un lado, los bicampeones (1954 y 1974), que están obligados a la victoria para avanzar de instancia. Del otro, el Das Team, que llega como único líder del grupo 2 y que arrastra un buen desempeño de la edición disputada en Argentina, en la que compitió hasta la segunda ronda y derrotó, aunque sin chances de clasificar, a su ahora rival. 

Argelia, gran sorpresa de la zona, cumplió con su deber y superó 3-2 a Chile el jueves. Suma cuatro unidades, ya que en su estreno -es su primera participación- venció por la mínima nada más y nada menos que a los alemanes. Aunque cayó con Austria en el segundo compromiso, su triunfo ante el elenco sudamericano lo dejó bien parado como para seguir el camino. Una igualdad, una victoria del combinado de la dupla técnica Latzke-Schmidt o una goleada de Las Águilas por tres tantos o más, le otorgará el pase. En las gradas de la cancha de Sporting, se mezclan españoles, alemanes y austríacos, pero también hay algunos sectores ocupados por fanáticos de Los Zorros del Desierto, atentos y a la espera de un resultado favorable.

40.000 espectadores, cuando el reloj marca las 17.15, presencian el inicio del compromiso. Hay una incertidumbre que merodea por cada rincón del recinto. ¿Será Austria capaz de eliminar a esta potencia en primera fase por primera vez en la historia? Lo cierto es que el equipo que viste de blanco se hace dueño del primer tramo del encuentro. Y tiene las figuras necesarias como para hacerlo los 90 minutos. Harald Schumacher, en el arco, Paul Breitner, en el mediocampo, y el capitán, Karl-Heinz Rummenigge, en el ataque, son algunos de sus estandartes.  

Con el muslo derecho, el delantero Horst Hrubesch envía al fondo de la red un centro de Pierre Littbarski. Con ese grito, Alemania Federal hace los méritos necesarios para ser líder del grupo y avanzar de fase en tan solo diez minutos. Es un resultado con el que ambos pican su boleto a la próxima ronda. Enseguida, el arquero austriaco Friedrich Koncilia le tapa un mano a mano clarísimo a Wolfgang Dremmler. Todo parece indicar que los dirigidos por Juper Derwall no tendrán piedad y ratificarán su candidatura al trono. 

Robert Seeger, relator austríaco y a cargo de una transmisión en vivo para su país, contaría tiempo después: “Conduje desde Madrid hasta Gijón con la ilusión de ver cómo Austria eliminaba a Alemania”. La confianza en ese equipo era muy grande y la ilusión por dejar en camino a un gigante en la primera instancia estaba latente. “Al principio estaba asustado por si nos metían tres”, agregó, ya haciendo referencia al inicio del partido, con un escenario completamente diferente al que deseaba en la previa.

Desde que el compromiso tocó los 30 minutos, no pasa mucho. Alemania Federal ha bajado su intensidad del arranque. Merece ganar por más, pero no puede sostener ese buen nível con el que apabullaba a su rival. Austria parece desordenada y agotada. Ha pisado el área contraria muy pocas veces y no ha generado remates claros al arco que defiende Schumacher. Se podría decir que se entró en un bache. Lo más destacado es una dura entrada de Dremmler sobre Prohaska, pero poco más. Y, ahora que el árbitro marca el final del primer tiempo, el público empieza a mostrar su disconformidad: ambos equipos se retiran hacia los vestuarios con una cortina de silbidos que se había empezado a originar con un toqueteo del equipo rojo detrás de mitad de cancha.

Los jugadores regresan al verde césped de Asturias para el segundo tiempo. Saben que los fanáticos no aguantarán un desempeño como el de los últimos minutos. Pero poco parece importarles. Ambas selecciones apenas avanzan. Prefieren pasar la pelota de un lado al otro. Sólo hay remates -o mejor dicho intentos- al arco. Todos se van muy elevados, como un tiro libre exageradamente sin fuerza por parte de Rummenigge. Si hubiese que hacer un compilado de las jugadas más peligrosas, este no debería incluir más que algunos pelotazos para avanzar metros o duelos aislados por la posesión del balón. Poco más. Los primeros momentos de este encuentro pertenecen a un partido aparte. Hace rato que dejó de jugarse al fútbol.

Algunas décadas después, Walter Schachner, un rebelde extremo austríaco que no respetaba lo que acontecía y que intentaba ingresar con el balón en el área alemana, citó unas palabras que le había dicho el defensor alemán Hans-Peter Briegel: “Pero hombre, no corras tanto”. Luego de su pretensión por buscar la igualdad, sus compañeros decidieron no pasarle la pelota. No querían echar a perder el plan. Además, fue uno de los dos amonestados de aquella tarde. 

“Vemos que muchas personas están abandonando el terreno de juego”, comenta la televisación española, que muestra su claro disgusto con este segundo tiempo. Con el marcador sin moverse más que por los minutos, se comienzan a ver algunos disturbios en las tribunas. En el córner izquierdo del arco que defiende Austria, hay un pasillo por el que suben efectivos policiales. Es que, ante lo que contemplan, algunos espectadores intentan meterse dentro del campo de juego. “Ya ven, ya ven”, se descarga el relator contra Breitner, el número 3 del conjunto triunfante, cuando no puede controlar una pelota en la medialuna adversaria. “Estamos en el último minuto del aburrimiento”, avisa el comentarista cuando se acerca el pitazo final.

El escocés Bob Valentine determina el final y Alemania celebra su victoria, pero los jugadores de Austria levantan los brazos porque también lograron el objetivo: clasificar a la próxima ronda. El estadio se deshace en chiflidos por parte de un público que se dedicó a cantar en contra de ambos equipos. “¡Fuera, fuera!”, “¡Argelia, Argelia, Argelia!” y “¡Que se besen, que se besen!”, fueron algunas de las letras elegidas. El complemento no fue más que un entrenamiento para dejar el tiempo pasar. Argelia finalizó en el tercer escalón, con la misma cantidad de puntos que los otros dos países por diferencia de gol, pero no pudo seguir en competencia en su primera Copa del Mundo, a pocos días de cumplir los 20 años de su independencia de la colonización francesa, lo que hubiese significado una enorme alegría para esa tierra. ¿Se acuerdan que hablábamos de Robert Seeger? Bueno, a cargo de la emisión en la TV pública austríaca, recomendó ¡apagar la televisión! Eberhard Stanjek, narrador alemán, dejó de relatar el compromiso en señal de repudio. 

El hecho tomó repercusión inmediata. El periódico El Comercio, de Gijón, decidió incluir el partido en dos de sus secciones: Sucesos, en la que había mayoría de noticias de robos, y, lógicamente, Deportes. “Unas cuarenta mil personas, presuntamente estafadas en El Molinón por 26 súbditos alemanes y austríacos” y “Timo a 40.000 espectadores”, respectivamente, fueron los títulos. El ABC español tampoco se quedó atrás y publicó: “Vergonzoso vals austro-húngaro en El Molinón, en perjuicio de Argelia”.

En 2007, Briegel, futbolista alemán, confesó que ese partido había sido arreglado entre ambos conjuntos: “Tomamos la decisión entre todos, ellos y nosotros, de no esforzarnos demasiado en el partido contra Austria”. Si bien la actuación dentro de El Molinón resultó más que evidente, lo cierto es que nunca se había podido comprobar. De hecho, la FIFA, ante el reclamo de Argelia, no pudo tomar ninguna represalia. Se trataba de un vacío legal. “Sólo me puedo disculpar ante los argelinos porque habían merecido clasificarse para la segunda fase”, finalizó el defensor. “Ver a dos grandes potencias rebajándose para eliminarnos fue un homenaje a Argelia. Ellos avanzaron con deshonor, nosotros nos fuimos con la frente en alto”, destacó el defensor Chaâbane Merzekane, integrante del plantel africano, mostrando más orgullo que rencor. 

Este partido marcó un antes y un después en la historia de los Mundiales y se catalogó como “La Desgracia de Gijón”. Fue tanta la disconformidad que la FIFA tuvo que modificar la regla. Para la edición de México 1986, todos los partidos definitorios de la fase de grupos se disputarían en el mismo día y horario, con el fin de evitar arreglos entre selecciones y perjudicar el espectáculo futbolístico. Desde este miércoles 24 de junio, en una nueva edición del máximo torneo a nivel países, se está desarrollando la tercera fecha de la primera fase, con los compromisos de cada zona a la par. Es decir, el cambio se mantiene. Algo que a Argelia le hubiese servido -y mucho- en 1982. Pero todos conocemos este famoso refrán: “El fútbol siempre da revancha”. El próximo sábado 27, el combinado africano enfrentará a Austria en Kansas, desde las 23, con un objetivo claro: vengar el amaño entre los europeos que les impidió avanzar de fase por primera vez. Quien triunfe, obtendrá la clasificación directa como escolta de Argentina. Es un cruce que se disputará en el césped estadounidense, pero que se viene jugando en cada imaginación de los habitantes argelinos desde hace 44 años. 

 

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