Noventa minutos en contra

Por Luna Lorenzo

Mientras el Mundial descubre nuevas figuras, también se convierte en el escenario de las últimas funciones de una generación que marcó una época. Entre estadios llenos y nuevas promesas, algunos futbolistas disputan algo más que una Copa del Mundo: juegan contra el reloj. 

El tiempo del estadio marca los noventa minutos. El de ellos marca otra cosa.

En cada Mundial nacen héroes. Un pibe desconocido convierte un gol inesperado, una selección sorpresa elimina a una potencia y una nueva generación se abre paso entre los flashes. Así funciona el fútbol. Así funciona el tiempo. Pero mientras el Mundial 2026 busca a sus próximos protagonistas, hay otra historia que se desarrolla en paralelo: la de los futbolistas que saben que cada partido puede ser el último con su selección.

No hace falta que lo digan. Se nota en los gestos.

En la forma en que observan el himno antes del encuentro. En los segundos que se quedan mirando las tribunas cuando termina el calentamiento. En los abrazos que duran un poco más de lo habitual.

Durante años fueron el presente del fútbol. Acumularon títulos, derrotas, lesiones, récords y elogios. Crecieron bajo la mirada de millones de personas y se acostumbraron a convivir con la presión. Sin embargo, ni la fama ni el talento pudieron negociar con el tiempo. El Mundial 2026 les recuerda una verdad incómoda: ninguna carrera es eterna.

La historia de los Mundiales está llena de finales de ciclo. Pelé se fue en México 1970 levantando la Copa. Diego Maradona tuvo su última función en Estados Unidos 1994. Zinedine Zidane cerró su recorrido mundialista en Alemania 2006. Cada generación tuvo sus héroes. Cada héroe tuvo un último partido.

Lo particular de este es que parece reunir varias despedidas al mismo tiempo.

Entre los futbolistas más veteranos del torneo aparecen nombres que definieron una era. Lionel Messi disputa la competencia con 38 años. Cristiano Ronaldo llegó a los 41. Luka Modrić atraviesa el torneo con 40. Son jugadores que comenzaron sus carreras profesionales cuando muchos de sus compañeros actuales todavía cursaban la escuela primaria.

Si existe un apellido capaz de resumir esta generación, es Messi.

El capitán argentino llegó a Norteamérica para disputar su sexta Copa del Mundo. Debutó en Alemania 2006 con apenas 18 años. Veinte años después sigue jugando el torneo más importante del planeta. Entre aquel primer partido y este presente pasaron 28 encuentros mundialistas, un nuevo récord que se suma a su trayectoria.

Y como si fuera poco eligió empezar este Mundial escribiendo otra página histórica.

El 16 de junio, en Kansas City, Argentina debutó frente a Argelia. La expectativa estaba puesta en saber cuánto podía aportar un futbolista que se encuentra a días de cumplir 39 años. La respuesta llegó en forma de exhibición. Messi convirtió los tres goles del triunfo argentino y firmó el primer hat-trick de su carrera en una Copa del Mundo. Argentina ganó 3 a 0 y el capitán volvió a ocupar el centro de la escena.

Pero esa actuación fue apenas el inicio. Seis días más tarde volvió a ser determinante ante Austria: marcó los dos goles de la victoria argentina y elevó su cuenta personal a cinco tantos en apenas dos partidos.

Con esas conquistas alcanzó los 18 goles mundialistas y se convirtió en el máximo goleador en la historia de las Copas del Mundo. También se transformó en el primer futbolista en disputar seis Mundiales y en el jugador de mayor edad en marcar un hat-trick en la competencia.

Algo parecido ocurre con Cristiano Ronaldo. También alcanzó la marca de seis participaciones mundialistas y continúa siendo una referencia para Portugal. Su carrera atravesó más de veinte años en la élite y lo convirtió en uno de los nombres imprescindibles para entender el fútbol del siglo XXI.

Luka Modrić representa otro caso singular. El croata, de 40 años, sigue siendo el cerebro de una selección que sorprendió al mundo durante la última década. Su presencia en este Mundial es la continuidad de una historia que parecía terminada varias veces y que siempre encontró una página más para escribir.

Neymar también forma parte de esa generación que se resiste a abandonar el escenario. A los 34 años disputa su cuarta Copa del Mundo y llegó al torneo después de atravesar uno de los períodos más difíciles de su carrera. Una grave lesión de rodilla sufrida en 2023 lo mantuvo alejado de la selección brasileña durante más de dos años, pero logró regresar a tiempo para integrar la lista de Carlo Ancelotti. Su presencia en Estados Unidos, México y Canadá excede cualquier análisis sobre su actualidad futbolística: con 79 goles en 128 partidos es el máximo goleador de la historia de Brasil y uno de los futbolistas más influyentes que produjo el país en las últimas décadas. 

En los entrenamientos ya no corren igual que antes. El cuerpo empieza a enviar señales que durante años permanecieron ocultas.

Sin embargo, hay algo que sigue intacto. La experiencia.

En los vestuarios se transforman en otra cosa. Los más jóvenes los escuchan porque crecieron viéndolos por televisión. Los observan con la misma admiración con la que antes ellos observaban a sus propios referentes.

“Ellos tienen la capacidad para leer los momentos, es algo que no se mide con estadísticas. Por eso son distintos”, expresa con los ojos llorosos Lautaro, un chico de 26 años que mira el partido entre Argentina y Austria con sus amigos en un bar de Don Bosco. 

Y mientras eso ocurre, el fútbol mira hacia adelante.

Kylian Mbappé continúa escalando posiciones entre los máximos goleadores mundialistas. Jude Bellingham lidera el recambio inglés. Lamine Yamal representa el futuro de España. Son nombres destinados a ocupar el lugar central cuando la generación de Messi, Ronaldo, Modrić y Neymar abandone definitivamente el escenario.

El ciclo se repite. Siempre se repite.

Dentro de algunos años, cuando se recuerde este Mundial, tal vez lo más valioso no sean los números. Ni los goles. Ni las marcas históricas. Ni el campeón. Tal vez lo que permanezca sea la imagen de cuatro gigantes compartiendo una misma Copa del Mundo mientras el tiempo intenta alcanzarlos.

Messi. Ronaldo. Modrić. Neymar.

Nombres que definieron una era. Una generación. Y acompañaron la vida de millones durante más de veinte años.

Y por eso cada partido tiene un significado distinto. Porque los noventa minutos en cancha terminan. 

Pero las leyendas encuentran otro lugar para seguir jugando: los recuerdos de millones que crecieron junto a ellos.

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