La última batalla de Luka Modrić, el niño que gambeteó a la Guerra y nunca vendió su sangre

Por Ignacio Secin y Pedro Freire

“No llores porque terminó, sonríe porque sucedió”, así se despedía Luka Modrić del Real Madrid, donde obtuvo 28 títulos en más 12 años. Pero su vida no siempre fue con una pelota debajo del pie. Corría el 9 de septiembre de 1985 cuando la ciudad yugoslava de Zadar, una de las más pobladas de la actual Croacia, lo vio nacer. Su infancia quedó opacada por el horror de la guerra, el dolor y la sangre de quien debe huir para salvar su vida.

En 1991, cuando el pequeño Luka tenía cinco años, estalló la Guerra de los Balcanes, uno de los acontecimientos más sangrientos y letales que se han vivido en suelo europeo, que dejó aproximadamente 200.000 muertos, y millones desplazados de sus hogares, entre disputas étnicas, religiosas y territoriales. 

Los padres y abuelos de Modrić residían en una pequeña y modesta aldea del municipio de Jasenice, en Zadar. Su vida, como la de muchos otros, prescindía de lujos, aquel camino estaba marcado por la humildad y el trabajo silencioso.

Uno de los golpes más fuertes que le dejó la guerra por la independencia de su país, fue la muerte de su abuelo, que era pastor de ovejas y Luka lo acompañaba como pasatiempo. Además de las anécdotas de su abuela Jela, él pasaba mucho tiempo con sus abuelos cuando sus padres trabajaban. Esa ternura y calidez  marcarían el camino en su vida.

Sin embargo, las ovejas que habían acompañado la corta vida de Luka, fueron las que le darían una de las peores noticias en ese momento. A finales de diciembre de 1991, en plena guerra, aquel rebaño llegó sin su pastor. Un grupo de paramilitares serbios lo habían asesinado, el cadáver fue encontrado por el padre de Luka, que en ese entonces transitaba sus 6 años. 

Estas fueron sus palabras en una nota con Tyc Sports hace 3 años: “La guerra me marcó para toda la vida. Formó mi carácter, aprendí a luchar, a ser humilde y a tener los pies en la tierra. Tengo el recuerdo de pasar mucho tiempo con mi abuelo, sobre todo cuando mis padres trabajaban”. Visiblemente emocionado, Modrić agregó: “ Lo recuerdo cada vez que gano algo. Ojalá pudiera ver todo lo que he logrado”. Tiempo después del homicidio, trascendió que el asesino había sido Zeljko Badzo, expolicía serbio y que fue comandante de una unidad policial durante el conflicto bélico. La justicia croata ha iniciado un proceso judicial contra él, pero aún se desconoce su paradero. 

Luego de la inminente pérdida y la ocupación serbia, obligaron a la familia a tener que abandonar su modesta casa. Entre el silencio y el dolor, lograron escapar de la guerra, y refugiarse en la casa del tío de Modrić que se hallaba a 230 kilómetros. Vivieron ahí durante cuatro meses hasta llegar a Zadar, donde encontraron un pequeño refugio para lidiar con la guerra.  

Entre las bombas y misiles que formaban parte del día a día, una melodía rebelde comenzó a ser protagonista, la pelota. Los niños, ausentes de inocencia, encontraron en el fútbol una vía de escape para poder desahogarse. Esa luz al final del túnel fue a la que se aferró Luka Modrić, todos jugaban a la pelota cuando la guerra lo permitía.

El talento y brillo del pequeño no pasaron desapercibidos y a los 10 años hizo la prueba para el Hajduk Split, el equipo más importante de la región. Sin embargo, la suerte todavía no estaría de su lado al ser rechazado por su ligera envergadura y su baja estatura, lo que le obligaría a vivir seis años más en Zadar.

En 2004, con 16 años, gracias a su director técnico del club donde Modrić jugó durante su adolescencia, Tomislav Basic, lo recomendó al Dinamo Zagreb y entró a las juveniles del mejor club de Croacia; Tras dos años de cesiones y aprendizaje, con 18 logró consolidarse como pieza clave y cerebro del primer equipo, logrando el trofeo de la liga local en 2006. Además, ese mismo año fue seleccionado para jugar el Mundial de Alemania con su selección. 

Tras tres temporadas con el Dinamo, el Tottenham puso 20 millones de euros para llevarse al niño que sobrevivió a la guerra y que dio sus primeros toques con la pelota entre la sangre y el fuego. Una suma muy elevada por aquel entonces que lo puso en el mapa del deporte rey. En verano de 2012, el sol madrileño llamó a su puerta y lo invitó a la Casa Blanca, el Real Madrid fichó a Luka Modrić por 42 millones de euros. “Vergüenza” titulaban algunas revistas y diarios de la capital española sobre el fichaje del croata, luego de la mala temporada del Merengue.

Con el carácter y humildad que adoptó de sus tierras, Modrić deslumbró al mundo durante trece temporadas en el Madrid. Visión de juego, calidad y determinación fue lo que consolidó al croata como la pieza fundamental y lo hizo uno de los mejores mediocampistas de la historia, levantando seis veces la UEFA Champions League y sus respectivos Mundiales de Clubes. Con su selección alcanzó una final del mundo en Rusia 2018 y un tercer puesto en Qatar 2022, incluso consiguió un Balón de Oro en 2018, rompiendo la hegemonía de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, en 2026, ya con 40 años, y en el ocaso de su carrera, disputará el último Mundial con Croacia en busca de una nueva hazaña y lograr ser campeón del mundo.

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