“Deshonesto Diego Armando Maradona”

Por Thiago N. Etchegaray

A 40 años del mítico gol con el puño del 10 frente a Inglaterra, la historia del “ensayo” de la Mano de Dios.

“Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Eso quizás explica la veneración universal que él conquistó, más que ningún otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón”, decía el histórico escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro “Cerrado por fútbol” (publicado en 2017, 2 años después de su muerte, reúne todos los textos que Galeano escribió sobre fútbol). Una definición poética que retrata con precisión al hombre detrás del mito y que abarca todas las contradicciones del 10, pero que acaso necesita sumar uno de los rasgos que lo hicieron inconfundible: su picardía. Diego cargaba con una astucia propia de un argentino, adquirida en la humildad de Villa Fiorito y que explotó tanto dentro como fuera de la cancha, esa que aparecía a la hora de gambetear rivales como si estuviera en el barrio o de convencer al mundo entero que sus goles fueron con la cabeza y no con el puño. Sí, porque así como dijo alguna vez Ernesto Cherqui Bialos que hubo muchos Maradonas, también hay más de una Mano de Dios.

A diferencia de lo que creen muchos, Diego no convirtió un solo tanto con la mano, sino diez, aunque seis de ellos fueron anulados. Hubo cuatro que lograron engañar al árbitro, entre los que está el reconocido tanto a la selección de Inglaterra en el Mundial de México 1986. Asimismo, dos de ellos fueron con la camiseta de Argentinos Juniors frente a Belgrano en el Nacional ´77 y Newell´s en el Metropolitano ´79. El restante de esos goles tuvo lugar en un Napoli frente al Udinese de la temporada 1984/85.

El 12 de mayo de 1985, Napoli visitaba al Udinese en el estadio Friuli -actualmente Bluenergy Stadium- por la jornada 29 de la Serie A. Maradona enfrentaba a Zico. El 10 de Argentina cara a cara con el 10 de Brasil. El conjunto napolitano se puso en ventaja gracias a una genialidad propia del mejor jugador del mundo en un tiro libre a los 4 minutos, pero los locales reaccionaron al instante y encontraron el empate en los pies de Dino Galparoli. A los diez minutos del complemento, Luigi de Agostini fusiló desde fuera del área el arco visitante y marcó el 2-1 que duró casi todo el segundo tiempo. 

Sobre el final, en el minuto 88, otra obra maestra del argentino tras un cabezazo de Luigi Caffarelli al travesaño se llevó todo el protagonismo: Maradona fue al rebote y metió el manotazo. Gol y 2-2 definitivo. El mismo puño izquierdo que fue protagonista frente a Inglaterra en el Mundial de México ´86, el mismo que no se apreció en la transmisión del encuentro, pero que sí generó el reclamo inmediato de todos los rivales (y hasta de un alcanzapelotas que estaba detrás del arco). Y allí, su picardía: Diego, al igual que contra los ingleses, corrió a festejarlo cerca del juez de línea, como buscando su complicidad.

Como era de esperar, Giancarlo Pirandola, juez del partido, se convirtió en el blanco de las quejas de los jugadores del Udinese luego del final. Entre esos reclamos, Zico encaró a Maradona: “Diego, por el bien del fútbol dile al réferi que fue con la mano. Sino, sos un deshonesto”, y en ese preciso instante, nació una nueva faceta del Dios más humano de los dioses. Según contó en una entrevista para “Hablemos de Fútbol” en 2013, el 10 argentino le extendió la mano y respondió: “Deshonesto Diego Armando Maradona, encantado”. En el programa, Maradona cerró la anécdota bien al estilo maradoniano: “Y yo, tomá, por favor. Mirá si le voy a regalar todo el potrero que yo me comí en un gol a Zico”.

Aunque el empate le sirvió a los locales que se salvaron del descenso, no fue el mejor cierre para la leyenda brasileña, quien le dijo al árbitro Pirandola que es “imposible sudar toda la semana y trabajar duro para que el domingo llegue un incompetente y te robe dos puntos, es una cosa terrible”. Esa frase le valió la expulsión y una sanción de 5 partidos, por lo que ese fue el último partido de Zico con la camiseta del Udinese, poniendo fin a su única experiencia europea con 30 goles en 53 partidos para retornar a su querido Flamengo.

El destino es caprichoso y muchas veces parece dejar pistas cautelosas, o no tanto, de lo que viene por delante. Aquella noche del 12 de mayo de 1985, el fútbol italiano presenció un ensayo guionizado a la perfección de lo que vería el mundo entero el 22 de junio de 1986 en México. A pesar de los cuestionamientos que causaron sus acciones, Diego una y otra vez se ensuciaba las manos (justamente) por los suyos. Sea en pos del débil pueblo napolitano en su eterna búsqueda de conquistar “el norte de la Italia rica” o por una nación devastada por el recuerdo latente de una guerra tan injusta como criminal. La Mano de Dios no fue un acto de deshonestidad, fue la glorificación de la transgresión. Fue su artimaña más honrosa en búsqueda de justicia.

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