El rey de la constancia: Messi y sus 200 partidos con la Selección Argentina

Por Vito Camoia

La historia comenzaba a escribirse aquel 17 de agosto de 2005, cuando un joven Lionel Andrés Messi ingresaba desde el banco de suplentes, comandado en aquel entonces por José Pekerman, en reemplazo de Lisandro López. Ese pibe de apenas 18 años, que había luchado para llegar al Barcelona para que lo ayuden con su tratamiento hormonal, debutaba en un amistoso contra Hungría, Este primer capítulo fue muy corto, apenas pasados 47 segundos de su ingreso, vio la tarjeta roja por quitarse de encima a un defensor con el brazo. 

Su debut oficial con la selección llegaría en octubre de ese mismo año, en el partido de Eliminatorias rumbo a Alemania 2006, frente a Perú en el Monumental. En el cual se destacó y,entre otras, fabricó un penal que Juan Román Riquelme cambió por gol. 

El 1 de marzo de 2006 anotó su primer tanto con la selección en la derrota 3-2 ante Croacia, en un amistoso disputado en Basilea, Suiza. Tras un debut mundialista precoz en Alemania 2006, donde se convirtió en el argentino más joven en anotar en un Mundial, Messi asumió el liderazgo absoluto del equipo. Pasaron los años y la cinta de capitán se fundió a su brazo. Maradona fue quien, en 2010, le entregó la capitanía en pleno torneo. Pero el camino se volvió una montaña rusa de exigencias brutales y desencuentros.

La mochila se llenaba de piedras con cada torneo, muchos hinchas argentinos le exigían que fuera el Diego de 1986. La eliminación en cuartos de final de la Copa América 2011, las finales perdidas de manera consecutiva (el Mundial de Brasil 2014 y las Copas América de 2015 y 2016) calaron tan hondo que el dolor lo quebró. El 26 de junio de 2016, en las entrañas del MetLife Stadium de Nueva Jersey, un Messi rendido sentenció: “Se terminó para mí la Selección”. Aquella renuncia paralizó a un país que, recién ante la posibilidad de perderlo para siempre, entendió que debía cuidarlo en lugar de juzgarlo.

El guionista de esta historia, aún tenía páginas para escribir. Con la llegada de Lionel Scaloni y una renovación generacional que decidió jugar para él y no por él, el fútbol empezó a saldar sus deudas. Los primeros destellos de este cambio se vieron en la semifinal de Copa América 2019, en la que si bien Argentina perdió ante Brasil por 2-0, la manera de jugar y los cambios de actitud hicieron que la derrota doliera menos y el grupo generara una conexión con la gente. 

El 10 de julio de 2021, el Estadio Maracaná fue testigo del quiebre de la historia: Argentina cortaba una sequía de 28 años y Messi levantaba el título continental, de rodillas sobre el césped, llorando esta vez de pura felicidad.

Ese desahogo fue el combustible sagrado para la obra cumbre de su vida: Qatar 2022. En Medio Oriente se vio la versión más maradoniana y completa de Leo. Con 35 años, lideró a la Scaloneta con fútbol, rebeldía y goles en cada fase eliminatoria. La final contra Francia quedó grabada como el partido más hermoso de todos los tiempos. La imagen de Messi acariciando y luego levantando la Copa del Mundo con la túnica negra cerró el debate definitivo: el fútbol ya era completamente suyo.En 2024 llegó otra Copa América más, pero la deuda ya estaba saldada

Hoy, 200 partidos después, en lo que podría ser su último baile mundialista, que comenzó con un 3-0 a Argelia y con Messi como máximo goleador en mundiales junto a Klose, ese “ya está, ya está”, que le gritó  a la distancia a Antonella y sus hijos, aquel 18 de diciembre, quedará marcado con fuego en los corazones argentinos. Ese pibito que debutó y se frustró, aquel joven que recibió mil críticas e insultos, hasta el punto de querer renunciar en 2016, llegó a la meta soñada. Aunque a esta historia todavía le faltan algunos capítulos más.

 

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