Por Mateo Mekler
Cada generación tiene sus propios protagonistas en el mundo del fútbol y nosotros fuimos testigos de una de las rivalidades más grandes que alguna vez existió en la historia de este deporte. Conocidos como la “Pulga” y el “Bicho”, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, llegaron al punto más alto que un futbolista puede soñar, de diferentes formas pero ambos pudieron brillar y, en estos momentos, están en su último Mundial. Ambos comparten algo en común: un talento enorme y una dedicación que roza la locura para estar en su lugar.
El actual capitán de la Selección Argentina pasó por un problema complejo y costoso tras ser diagnosticado a los 9 años con un déficit de la hormona del crecimiento (GHD), una afección poco común que limitaba el desarrollo de sus huesos y músculos. A sus 11 años tenía una estatura de 1.32 metros, el equivalente a un niño promedio con una edad de nueve. Con su condición parecía imposible poder triunfar en este deporte, pero se sometió a un tratamiento que tuvo un costo total de 35 mil dólares, el cual en un principio lo financió la Fundación Acindar, empresa para la cual trabajaba su padre Jorge Messi, hasta encontrar una forma de pagarlo por otro medio. Finalmente, viajó a Barcelona para probarse en el conjunto “Azulgrana” y conocieron a Carles Rexach, secretario técnico del club, quien quedó sorprendido con su gambeta y decidió que el equipo “Culé” se haga cargo del tratamiento.
Por otro lado, tenemos al pentacampeón de la UEFA Champions League, nacido en el barrio de San Antonio, uno de los más pobres de todo Portugal. Su padre era adicto al alcohol, consecuencia de una depresión profunda tras pelear en la Guerra de Ultramar, en la que algunos territorios africanos querían independizarse del país europeo y lograron su cometido. Cuando su madre Dolores estaba embarazada de él en 1984, al ser consciente del crítico momento económico en el que estaban, decidió ir con un médico para evitar el nacimiento de su hijo por no poder criarlo adecuadamente, pero el doctor rechazó la solicitud.
Tiempo después, Cristiano encontró en el fútbol una posible vía de escape para él y su familia. En su adolescencia se formó en las inferiores del Sporting Lisboa, tras partir de la Isla Madeira a sus 11 años sin sus padres y en busca de un sueño. Posteriormente, se dio cuenta de que debía mejorar su delgado físico y, con su compañero Semedo se metían por las noches al gimnasio del club que estaba cerrado. Esta situación le trajo varios problemas, debido a los constantes avisos del guardia de seguridad de dicho establecimiento a los directivos del equipo. A sus 15 años, tuvo que operarse a corazón abierto por problemas cardíacos y, después de recuperarse, siguió con sus entrenamientos de manera cotidiana. La situación financiera no había mejorado en esos momentos y con su amigo Fabio Paim iban a un restaurante de comida rápida todas las noches para pedir los alimentos que ya no servían para la venta al público.
La “Pulga” y el “Bicho” recorrieron diferentes caminos para conquistar el reino del fútbol, en el que arrancaron como pequeñas criaturas, pero ambos terminaron convirtiéndose en los reyes de la selva. Vamos a presenciar la última Copa del Mundo en la que los “leones” van a estar presentes, pero su legado e historia van a quedar de ejemplo para todas las especies.




