Por Dante Durso
Corea del Norte se coronó como nueva campeona del mundo tras fulminar al Brasil anfitrión en la final. Fue una victoria apabullante por 8 a 1, con un Maracaná repleto de aficionados “chollimas”. Mientras, en el FanFest de Copacabana, el presidente y dictador Kim Jong-un, saludaba a los fanáticos y felicitaba a los jugadores.
En realidad, Corea del Norte ni siquiera clasificó al Mundial.
La Selección inexistente no jugaba en Río de Janeiro, ni en Belo Horizonte, tampoco figuraba en las planillas de la FIFA, sin embargo millones de personas creyeron verla. En el mayor torneo de las naciones los asiáticos humillaron en fase de grupos a Japón con un 7 a 0, a Estados Unidos por 4 a 0, y a China 2 a 0. Mientras que las potencias disputaban el trono, las calles brasileñas respiraban fútbol y los estadios rugían como volcanes, la televisión norcoreana anunciaba que su Selección estaba lista para enfrentar a Portugal en fase de eliminatoria.
Un video subido a Youtube por una cuenta llamada “Korea News Backup” imitaba la estética de los medios de comunicación estatales. Las imágenes mostraban a hinchas celebrando, banderas agitándose al viento y un supuesto informe deportivo que ubicaba a Corea entre los protagonistas del campeonato. La pelota rodó más rápido que la verificación y el caso llegó a medios internacionales que reprodujeron la grabación y sospechaban que se trataba de un régimen que engañaba a sus ciudadanos haciéndoles creer que estaban a un paso de la final ya que parte de la dictadura del presidente Kim es la exclusión total de información fuera del territorio nacional, y el manejo completo de la televisión y redes sociales.
Varios usuarios comenzaron a detectar grietas dentro del video, la sincronización de la voz no coincide con los movimientos de la conductora del noticiero y el dialecto utilizado tampoco correspondía al habitual en las transmisiones oficiales. La gran operación propagandística resultó ser una parodia cuidadosamente diseñada por un canal surcoreano creado originalmente para burlarse tanto de los prejuicios occidentales como de la facilidad con la que circula la desinformación en los medios de comunicación.
Mientras tanto, el verdadero Mundial seguía escribiendo su propia novela. Alemania trituraba a Brasil en aquella semifinal con el inolvidable 7 a 1, Argentina rozaba la gloria en la derrota ante Alemania en la final, con el gol de Mario Gotze en el tiempo suplementario, para igualar a Italia con cuatro copas mundialistas.
La historia reveló algo más profundo que una simple broma viral. No fue Corea del Norte la que quedó expuesta, si no la credulidad global. El engaño funcionó porque encajaba perfectamente en una narrativa construida, es decir, la de un país presentado como un territorio donde cualquier extravagancia parece posible. También el uso de resultados tan exagerados, y pocos goles proporcionados por las selecciones rivales, los cuales fueron en contra según la sátira audiovisual, deja a la vista que en Internet puede llegar todo muy lejos y ser creíble para cualquier persona que no tenga contexto alguno de lo ocurrido. Reflejó menos a la capital Pyongyang que a quienes estaban dispuestos a creer cualquier cosa sobre ella.
Doce años después, el video sigue siendo una reliquia en la era digital. Un recordatorio de que las noticias falsas no siempre nacen para convencer o informar; a veces nacen para reírse y en ocasiones esta risa no la provoca el autor de la broma, sino quienes corren a publicarlo como primicia sin chequear la realidad detrás del caso. Porque aquel Mundial tuvo jugadores destacados, goles históricos, selecciones que cayeron con la cabeza en alto, pero el verdadero vencedor fue la burla que logró driblar a periodistas, portales y espectadores de todo el mundo antes de terminar celebrando, en el área más vulnerable del siglo XXI: la credulidad.




