Por Camila Fernández
El Mundial de Qatar 2022 marcó un antes y un después para Marruecos. Con una histórica clasificación a las semifinales, los Leones del Atlas se convirtieron en la primera selección africana en alcanzar esa instancia y captaron la atención de todo el mundo del fútbol. Sin embargo, aquel logro no fue una casualidad ni una sorpresa aislada, sino el resultado de un proyecto de desarrollo que lleva más de una década de trabajo.
La transformación comenzó a tomar forma en 2009, cuando el rey Mohammed VI impulsó un ambicioso plan para convertir a Marruecos en una potencia futbolística. Una de las piezas centrales fue la creación de la Academia Mohamed VI, destinada a formar futbolistas preparados tanto técnica como tácticamente para competir al máximo nivel. A esto se sumó una fuerte inversión en infraestructura deportiva y una extensa red de captación de talentos en todo el país. Mientras muchas selecciones africanas apostaban por proyectos de corto plazo, Marruecos desarrolló un modelo sostenido en el tiempo.
Con el lema “Primero formamos personas, luego futbolistas”, la Federación integra a expertos en psicología deportiva desde temprana edad para trabajar en resiliencia, gestión emocional y autoestima, preparando a los jugadores para competir al más alto nivel sin complejos
La profesionalización de la estructura futbolística fue otro de los pilares del crecimiento marroquí. Bajo el liderazgo de Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación y una de las figuras clave detrás de la transformación del fútbol en el país, se impulsó una profunda modernización de la gestión deportiva. Como él mismo explicó, “el desarrollo del fútbol necesita una supervisión profesional de entidad”. Con esa visión, la Federación realizó importantes esfuerzos para fortalecer la formación de entrenadores, dirigentes y especialistas, brindando oportunidades de capacitación a través de los cursos impulsados por la Dirección Técnica Nacional tanto en el ámbito aficionado como en el profesional.
El punto de explosión llegó en Qatar 2022. Tras empatar con Croacia en el debut, Marruecos sorprendió al mundo al vencer 2-0 a Bélgica y 2-1 a Canadá para finalizar primero en un grupo que compartía con dos potencias europeas. En octavos de final eliminó a España por penales después de un empate sin goles y, en cuartos, derrotó 1-0 a Portugal gracias a un cabezazo de Youssef En-Nesyri. De esa manera se convirtió en la primera selección africana en alcanzar unas semifinales mundialistas.
Aunque luego cayó ante Francia y finalizó cuarta tras perder el partido por el tercer puesto frente a Croacia, la campaña quedó grabada en la historia. Marruecos había demostrado que podía competir de igual a igual con algunas de las mejores selecciones del mundo.
Lejos de tratarse de un éxito aislado, el crecimiento continuó en los años siguientes. En 2023 alcanzó los cuartos de final del Mundial Sub-17 y conquistó la Copa Africana de Naciones Sub-23. En 2024 obtuvo la medalla de bronce en el torneo olímpico masculino de fútbol y la selección femenina alcanzó los octavos de final del Mundial en su primera participación. En 2025, además, se consagró campeona africana Sub-17 y fue subcampeona continental Sub-20.
Todos estos resultados confirmaron que el proyecto impulsado años atrás estaba funcionando. De cara al Mundial 2026, la ilusión es cada vez mayor. La selección se ha consolidado como una de las más fuertes de África y llegó a registrar una racha de 19 victorias consecutivas en partidos internacionales, una marca que refleja la regularidad alcanzada por el equipo en los últimos años.
El Mundial 2026 aparece como la gran prueba para esta generación. Marruecos llega con una estructura consolidada, futbolistas que compiten en la élite europea y un proyecto respaldado por más de una década de planificación. Sin embargo, la ambición no termina allí.
La mirada también está puesta en el Mundial 2030, que organizará junto a España y Portugal. Como parte de esa preparación, el país continúa desarrollando infraestructura de primer nivel y proyecta convertirse en una referencia futbolística dentro y fuera del continente africano.
Después de más de una década de trabajo, Marruecos dejó de ser una sorpresa para transformarse en una realidad. Qatar 2022 fue la confirmación de que podía desafiar a las grandes potencias. El Mundial 2026 será la oportunidad de demostrar que está preparado para competir entre ellas de manera permanente.




