Por Ana Ameijeiras
Hay selecciones que construyen su identidad futbolística desde el talento. Otras, desde la historia que los avala. Ecuador combinó ambas características al mismo tiempo. La Tri llega a la Copa del Mundo 2026 en el momento más prometedor de toda su historia moderna. Este domingo a las 20 debutará ante Costa de Marfil, luego enfrentará a Curazao y Alemania, sus rivales en el Grupo E.
Desde los 2000, Ecuador fue una selección que incomodaba. Atlética, rápida, difícil de seguirle el ritmo los 90 minutos. Pero nunca había generado una sensación tan peligrosa como ahora con su sólidez defensiva. Luego de sus participaciones en los Mundiales 2002, 2006, 2014 y 2022, llega a la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá 2026 con una defensa fuerte y confiable, un atributo que distinguió a las grandes selecciones campeonas.

Mientras en Sudamérica se admira a Brasil por su talento ofensivo o a Argentina por su jerarquía, Ecuador construyó la defensa más firme del continente. Edificó su crecimiento de atrás hacia adelante. Y esta transformación no es una casualidad: es un proyecto. Detrás de esta intención aparece una generación de futbolistas capacitados para competir en la élite europea, liderados por dos defensores que hicieron historia en la última final de la Champions League. Willian Pacho, bicampeón con el París Saint-Germain, y Piero Hincapié, subcampeón en el Arsenal, fueron los primeros ecuatorianos en jugar a la par una final de Champions.
Más allá de la potencia física, la velocidad y su fuerza ofensiva, el actual ciclo encabezado por Sebastián Beccacece consolidó una evolución táctica que hoy ubica al conjunto ecuatoriano entre los equipos más ordenados y competitivos de Sudamérica. Ecuador es la selección que menos goles recibió en las últimas Eliminatorias (5 en 18 fechas), la que menos partidos perdió (2 de 18) y la que registra un récord histórico para el país con 18 invictos en la antesala del Mundial. “Llegamos con varios puntos a favor, sobre todo por nuestra presión alta, la concentración defensiva y la agresividad para recuperar rápido la pelota; eso nos va a ayudar para demostrar que podemos competir contra cualquier selección del mundo”, dice a El Equipo Moisés Ramírez, el tercer arquero de Ecuador.

“La principal fortaleza es que defendemos como equipo. Todos corren y todos ayudan”, explica el arquero del Kifisia de Grecia al analizar el presente del plantel valuado en 366 millones de euros. Ecuador construyó una estructura que compromete a cada uno de los futbolistas en la línea defensiva: Pacho, destacado por su capacidad de anticipación, corregir espacios y sostener duelos individuales contra los delanteros; Hincapié, distinguido por su agresividad para recuperar, su salida limpia y su mirada defensiva muchos metros hacia adelante; Pervis Estupiñán (Milan de Italia), defensor con vocación ofensiva, intensidad en la presión y despliegue físico; Joel Ordóñez (Club Brujas de Bélgica) combina una gran lectura de juego, fuerza física y capacidad de anticipación; Félix Torres, (Internacional de Brasil), muy efectivo en los despejes dentro del área por su altura de 1,87 m que le permite realizar un alto número recuperaciones por partido; Jackson Porozo (Tijuana de México) ofrece rapidez en los cruces para romper líneas con los mediocampistas; y Ángelo Preciado (Atlético Mineiro de Brasil) sobresale con su velocidad en los duelos individuales y presión alta para cortar avances rápidos.
El objetivo de Beccacece se ve reflejado en cada partido de Ecuador con una estrategia preparada para quitarle tiempo y espacio al rival en su propio campo y una línea defensiva ordenada. “El profe Beccacece nos transmite mucha intensidad y confianza. Es un técnico muy cercano y muy detallista. Quiere un equipo agresivo, dinámico y protagonista siempre”, cuenta el arquero Ramírez. “Hoy Ecuador tiene una identidad más clara. Esta generación tiene mucha personalidad, jugadores jóvenes con experiencia internacional y mucha hambre de hacer historia”, agrega.
Ecuador ya no llega a la Copa del Mundo solo para competir. Llega convencido de que puede incomodar y hacerle un buen partido a cualquiera. La Tri conserva su característica potencia física y le agregó una estructura táctica que la convierte en un equipo más confiable. Y en un Mundial donde los detalles defensivos suelen definir un partido, Ecuador parece haber encontrado el equilibrio perfecto entre juventud, intensidad y orden. Mientras otras selecciones sudamericanas todavía dependen de individualidades, Ecuador construyó algo más difícil y mucho más peligroso: una identidad futbolística.




