Por Agustín Kuc

El fútbol femenino en la República Argentina tuvo un notable progreso en un corto período a causa de la profesionalización del deporte; si bien mantiene enormes diferencias en comparación con la disciplina practicada por los hombres, tales cuestiones como el desarrollo de la infraestructura, organización y evolución del torneo local, posesión de herramientas destinadas a las mejoras físicas y técnicas, entre otras, derivaron en la formación de una rama cuasi elite.

Una de las falencias que se mantienen y cumple un rol primordial en la burbuja del profesionalismo es el respaldo económico con el que cuenta la liga y los diferentes equipos que la conforman. La billetera que se relaciona con el fútbol femenino deja de lado la oportunidad de vivir de y para la pelota, situación que facilita la decisión de las jugadoras a la hora de elegir emigrar o no al exterior. El número de futbolistas que dejaron el país a consecuencia de esta problemática refleja el contexto económico argentino y de los clubes que compiten en el campeonato local. Veintisiete son las chicas que partieron a las diferentes ligas del mundo con el afán de desarrollarse pura y exclusivamente en el fútbol y así poder encasillar su carrera deportiva.

La delantera María Belén Potassa, con presente en el Córdoba Club de Fútbol, equipo que milita en la Segunda División de España, afirmó que “el emigrar a Europa fue conocer y adaptarse a una vida y desarrollo atlético distinto al que estaba acostumbrada en Argentina. Acá no podés relajarte, todas las semanas es un desafío nuevo. El campeonato es muy competitivo, no sabés con lo que te vas a topar”.

La organización que hay acá (España), el alto nivel de competencia que se da entre los diferentes clubes, la oportunidad que te brindan de poder vivir a través del fútbol, es excepcional. Uno puede descansar, entrenarse al 100% por ciento, saber con exactitud las bases y condiciones del torneo y el espacio en donde está. Allá (Argentina) te encontrás con un campeonato irregular, vivís con la incertidumbre de no saber si se juega o no el fin de semana o si te renuevan el contrato a fin de año; estas adversidades le quitan valor al certamen y, a aquellas futbolistas que tienen una trayectoria importante, les llega la posibilidad de cruzar el charco, agarran las valijas y se van”, aseveró Potassa, nacida en Cañada Rosquín, provincia de Santa Fe.

Surgida en las Divisiones Inferiores de Rosario Central, Belén puntualizó los frutos que da el deporte en actividad femenina y señaló que “la disciplina puede aportar en muchos polos socioculturales, desde la felicidad de una nena hasta el ingreso económico para el bien de los clubes. El desarrollo del ejercicio practicado por las mujeres necesita una oportunidad, hace falta que personas del mismo género ocupen cargos dirigenciales, se precisa una mayor viralización y masividad de la actividad”.

“Nunca vamos a igualar a la atmosfera del fútbol masculino. Aún así, tenemos presente (las jugadoras) que hay un sinfín de ocasiones para progresar; las marcas deben apoyar las competencias, se tiene que fomentar el uso de Categorías Formativas en los clubes, se necesita un certamen de desempeño mixto. Claro está que todo se puede lograr con ganas y dinero, si las empresas y las mismas instituciones invierten en las mujeres, a largo plazo se va a crear un proyecto de calidad”, ratificó Potassa que cuenta con nueve títulos en su vitrina, seis obtenidos con Boca Juniors y tres con la UAI Urquiza.

La jugadora campeona con la selección argentina del Campeonato Sudamericano Femenino de 2006 expresó que valora que “muchas chicas hayan decidido jugar a la pelota y optado por desarrollarse en un deporte tan machista como el nuestro. Más allá de que retrocedemos en muchas cuestiones como sociedad, debemos seguir con la lucha. La mujer nació para pelear por sus derechos y no tiene que bajar los brazos, eso es lo importante”.