miércoles, febrero 28, 2024

Los tres actos en la vida de los hermanos Crismanich

Por Nicolás Rogovsky

En la provincia de Corrientes comenzó una historia de gloria deportiva, que aún hoy sigue dando sus frutos. Con inicios en el Taekwondo, luego se extendió al deporte y la cultura en general. Los protagonistas son los hermanos Mauro y Sebastián Crismanich.

¿Cómo comenzó la pasión por la actividad física en la familia Crismanich? Durante su infancia, sus padres les exigían que practicaran algún deporte, según Sebastián, debido a que “era una salida de malos entornos, a través del cual buscaban una vida sana”.

Mientras el mayor de los hermanos comenzaba a interiorizarse en el taekwondo, donde encontraba formas de “canalizar los sentimientos, descargarse y levantar la autoestima”, su hermano no se decidía entre esa arte marcial y el fútbol. “A Sebastián no le gustaba golpear ni que lo golpearan, por eso no le terminaba de gustar la disciplina”, recuerda Mauro, hoy a sus 36 años.

“A mí me atrapaban más los deportes colectivos para jugar con otros chicos, como el fútbol, el rugby, el básquet”, ratifica Sebastián, aunque aclara que en un primer momento jugaban “para ejercitarse y divertirse, sin proyectar una carrera profesional”.

Sebastián, el menor de los hermanos por tres años de diferencia, repartía su tiempo entre taekwondo y fútbol. Se destacaba tanto con la pelota que jugaba partidos con su categoría y con los más grandes. De hecho, cuenta que tuvo la chance de probarse en clubes grandes del país, pero por motivos que él enumera, terminó consolidado en el taekwondo: “Mis viejos tenían miedo al fútbol por los valores, que no son los mismos que en artes marciales. Tampoco quería alejarme de mi familia en Corrientes por irme a un club de fútbol en otra provincia”.

En un torneo de fútbol Sebastián recibió una dura patada que le dejó la pierna lastimada, y días después debía competir en un torneo importante de taekwondo. Allí el papá le explicó que tenía que tomar una determinación porque no podía “especializarse en ambos deportes a la vez”. Así fue cómo ambos hermanos comenzaron a enfocarse al ciento por ciento en el arte marcial, y su padre vendió algunos instrumentos de la pesca y la caza que eran parte de su ocio, para pagar los viajes a los distintos torneos que irían a competir.

La primera vez que compitieron fue en Mar del Plata en 1994, con apenas 7 y 10 años cada uno. Según ellos mismos cuentan, recibieron muchos más golpes de los que pudieron dar, incluso Mauro sufrió una fisura, y volvieron para Corrientes sin haber tenido un buen rendimiento en las peleas.

Tras un nuevo torneo sin resultados positivos, emprendieron viaje a Misiones, donde lograron diferenciarse de sus rivales, y posicionarse entre los mejores de ese certamen, factor que ayudó para que se motiven para el futuro.

El punto de quiebre para los Crismanich fue cuando Mauro se consagró campeón en un Torneo Nacional en 2001, y el entrenador de la Selección, Julio Ramos, lo convocó para el selectivo de 55 kilos del Panamericano Juvenil. Tiempo más tarde, Mauro le contaría al técnico sobre la habilidad de su hermano para llevarlo a una prueba. “Todavía sin ser cinturón negro, Sebastián vino y deslumbró a todos con su gran técnica”, recuerda.

Después de algunos torneos juveniles que les sirvieron para crecer y formarse, llegó su primer desafío a nivel mayores, el Mundial de Madrid en 2005. Sebastián habla de ese evento con orgullo: “Fuimos sin experiencia en competencias de adultos, al darnos cuenta de que estuvimos muy bien y éramos competitivos fue una motivación e ilusión para el futuro. Peleabas contra algunos rivales que parecían inalcanzables. Nos dimos cuenta de que estábamos para mucho más. Antes no se esperaba que un argentino pase la primera ronda, cambiamos esa idea”. Ambos llegaron a los cuartos de final en esa ocasión, logrando una marca sin precedentes en el taekwondo argentino.

Tras su gran actuación en el Mundial, llegaron a la conclusión que debían cambiar su físico para combatir contra los más grandes. Por ese motivo se mudaron a Córdoba con Giovanni Baeza, entrenador que los puso a tono físicamente y que los preparó para su glorioso futuro. “En nuestra llegada a Córdoba conocimos el deporte de alto rendimiento. Triplicamos la cantidad de entrenamiento, y Gio nos potenció al máximo nivel”, explica Mauro.

En su etapa en Córdoba, invitaron a una persona que los hermanos ya conocían a sumarse a su vida. Se trataba de Lucas Guzmán, que luego sería campeón panamericano en Lima en el 2019, y medalla de bronce en los Juegos de la Juventud, disputados en Buenos Aires.

Su relación comenzó hace 16 años cuando los hermanos dieron un seminario de taekwondo en Merlo, lugar de origen de Guzmán, quien rememora ese hecho con mucha satisfacción: “A mis diez años conocí a Seba y Mauro, en un curso en Merlo. Los veía y me daba cuenta de que técnicamente eran diferentes. Me encantaba verlos a ellos y fueron una inspiración para mí desde muy chico”.

El deportista, que se prepara para competir en sus primeros Juegos Olímpicos el año que viene en Tokio, explica la importancia de los hermanos para su desarrollo como atleta y persona: “Me tomaron como un hermano más. Me invitaban a clínicas y campamentos. Hay una linda amistad. También me enseñaron de táctica, pero mucho más de cómo usar mi cabeza a mi favor, muchos valores que hoy me representan, y tienen que ver directamente con mis resultados”.

El joven de 26 años, que también estudia para ser Licenciado en Alto Rendimiento Deportivo, admite que debido a la distancia hoy no comparten tantos momentos, pero cuando los ve siente “una alegría inmensa e indescriptible, como si fueran mejores amigos o familia”.

Caída y resurrección

Luego de esa linda etapa con Guzmán, Sebastián Crismanich vivió un duro hecho deportivo que lo pudo alejar del taekwondo en la clasificación para los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008. “Sufrí una derrota injusta que me costó meses psicológicamente convencerme de que podía llegar a otro Juego Olímpico. Me tomé unas vacaciones porque no quería saber nada del deporte”.

Según él, gracias a su “fortaleza mental”, pudo recomponerse de esa situación y salir adelante con más energía que antes. “No valía la pena tirar todo a la basura. Hice el duelo y volví con todo para Londres”, recuerda Sebastián.

Ya en 2009, Mauro llegaría al mejor momento de su carrera tras conseguir la medalla de bronce en el Mundial de Taekwondo realizado en Dinamarca, y quedando en la historia del deporte argentino, por ser el primero en lograrlo. Hasta el día de hoy, sigue recordando ese momento “con mucha emoción y orgullo”. Una vez conseguida esa conquista, siguió luchando, aunque ya se sentía realizado, y quería enfocarse en que Sebastián lograra cumplir también sus metas.

“Cuando tenía ocho años conocí a Camau Espíndola, un atleta correntino que nos explicó como era caminar por las calles siendo un atleta olímpico. Me chocó mucho, ese día fue determinante para mí. Entendí que mi meta era ser campeón olímpico”, contó Sebastián. Y así fue. 17 años después de ese momento, se consagró campeón en los Juegos Olímpicos de Londres, convirtiéndose en el máximo referente argentino en la historia del taekwondo.

A propósito de esa histórica victoria, Sebastián recuerda emocionado y orgulloso, pero sabe del esfuerzo que le conllevó llegar a esa gloriosa medalla de oro: “Un atleta olímpico no se hace de un día para otro. Fueron años de dejarlo todo para que llegase ese momento único. El camino se empieza a construir desde muy chico porque pones como prioridad tu carrera deportiva ante cualquier cosa. No me arrepiento de nada, mi sueño era ser un deportista de élite y lo conseguí”.

El día siguiente

Luego de llegar a la gloria deportiva, los hermanos que ya eran referentes del taekwondo argentino y mundial fueron por más. En 2013 Mauro decidió retirarse de la disciplina como competidor. Estudió Marketing y Publicidad Digital, y fundó Team Crismanich, una escuela donde él comenzó a dar clases de taekwondo, y llegó a tener cuarenta alumnos por su cuenta.

Mientras tanto, el menor de los Crismanich se preparaba para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Pero las lesiones, que fueron una constante durante su carrera, le jugaron una mala pasada. Se fracturó tibia y peroné, intentó volver al circuito para llegar a la competencia internacional, pero los dolores eran muy fuertes. “No poder dar el 100% me generaba mucha frustración. Por eso me propuse retirarme a tiempo bien y con la frente en alto. Me costó mucho tiempo saber cómo seguir después del retiro”, recuerda Sebastián.

Tiempo después descubrió su vocación: “Encontré mi lugar dando seminarios, clínicas y charlas para jóvenes que buscan convertirse en la mejor versión de ellos mismos, y crecer con el deporte. También me involucré en proyectos de detección de talento, con el apoyo del Enard.  El objetivo es descentralizar el alcance de los deportistas nacionales, que los del interior tengan más oportunidades”.

Además de sumarse a la conducción de Team Crismanich junto a su hermano, Sebastián hoy es el presidente de la Federación Argentina de Taekwondo, miembro del Comité Olímpico Argentino, y encabeza el proyecto de detección de talentos del Enard por todo el país.

La academia hoy tiene sedes en Corrientes, Formosa, Córdoba y Buenos aires, en las que reúnen 300 alumnos y 14 cinturones negros como profesores. Tres son las orientaciones a las que sus conductores apuntan: La deportiva es para aquellos que quieren formarse como atletas y competir en las artes marciales; la recreativa para los que buscan hacer deportes para ejercitarse y divertirse; el plano social en el cual incluir la mayor cantidad de gente posible para sacarlos de malos entornos es el objetivo, que puedan distenderse a través del deporte, conocer gente nueva, y sentirse incluidos.

Otro aporte comunitario en el que participaron los Crismanich, fue que gracias a sus influencias y la ayuda de autoridades gubernamentales, se creó en Corrientes el primer Centro de Alto Rendimiento de la región, en 2016. Chicos de las provincias aledañas se acercan a entrenar allí. Pero no sólo es un lugar de entrenamiento, también se usa como sede de ayuda social para que aquellas personas más humildes puedan acercarse a satisfacer algunas de sus necesidades básicas, como por ejemplo ir a comer algo cuando el Centro se usa de merendero.

La creación de la fundación Hermanos Crismanich, con base en el Centro de Alto Rendimiento, también es una clara muestra del compromiso con la sociedad que llevan. En esta organización benéfica buscan proveer de insumos y preparación a los atletas de las diversas actividades olímpicas que se llevan a cabo allí. No solo el taekwondo, sino también karate, lucha, kick boxing, y levantamiento de pesas.

Mauro y Sebastián son considerados referentes del taekwondo y del deporte argentino. También son muy respetados y queridos por su preocupación por los demás, sus roles de formación y educación a través de las actividades deportivas. Son el pasado del taekwondo argentino por haber hecho historia en el deporte, y son el presente por sus constantes acciones para la evolución de los más chicos deportiva y humanamente. También son parte del futuro porque en la actualidad están formando a las próximas generaciones argentinas, que serán grandes deportivamente, y más importante aún, mejores personas.

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