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Dani Jarque, siempre con nosotros

Por Santiago Peñoñori Gaona

La delegación española bajó del colectivo en el Soccer City de Johannesburgo, Sudáfrica. Se venía la final del mundo. La primera de la Furia Roja. Los dirigidos por Vicente del Bosque ingresaron al estadio en fila de manera obediente, nerviosos. Andrés Iniesta se rebeló, y al llegar a la puerta del vestuario le chistó a Hugo -integrante del cuerpo técnico español-. “Necesito que consigas una remera blanca y que le escribas esto. Yo me voy a calentar”, dijo en un tono casi inaudible.

El Cerebro fue, y sigue siendo, uno de los máximos exponentes de “La Masía”, academia del FC Barcelona, donde estuvo desde 1996. La camiseta blaugrana, además de permitirle ganar títulos, le sirvió como trampolín para representar a su país en todas las selecciones de España, incluida la que brilló en Sudáfrica. La mejor generación de la historia del fútbol español certificó su nombre en julio de 2010. No quedó lugar para detractores. Al título obtenido ese año, había que sumarle la Eurocopa 2008, de la mano de Luis Aragonés.

España comenzó con el pie izquierdo aquel Mundial: derrota 1 a 0 ante Suiza en el debut. Aparecieron cientos de fantasmas, pero las victorias contra Honduras (2 a 0) y contra Chile de Marcelo Bielsa (2 a 1) disiparon las dudas y clasificaron a la Furia como primera de su zona. En octavos de final, Portugal; en cuartos tocó Paraguay de Gerardo “Tata” Martino; en semifinales, Alemania; y en la final la siempre presente Holanda, que al igual que España, nunca había ganado una Copa del Mundo.

La Roja fue, para Iniesta, parte de su identidad y una cuna de entrañables amistades, como la que entabló con Daniel Jarque González, surgido de Espanyol. Ambos fueron número puesto en las convocatorias de las juveniles, donde forjaron un vínculo de años. En 2009, Dani falleció de manera súbita durante una pretemporada con los Periquitos. Fue un golpe para el fútbol español, y una herida profunda para Iniesta, que se guardó un homenaje.

El 11 de julio de 2010 se jugó la final del Mundial. Andrés Iniesta y sus compañeros cumplieron el sueño de cualquier selección que va a la cita máxima: jugar el séptimo partido. El encuentro aquella tarde fue chato, friccionado y olvidable, hasta el tiempo extra. El empate 0 a 0 empujaba a los penales, pero una serie de malos controles pusieron a Cesc Fábregas en el borde del área, que abrió para Iniesta. El número seis de la Roja controló con dificultad, pero le dio de lleno, cruzado, seco, eterno. España fue campeona del mundo con ese gol al minuto 116. ¿Hay algo más que eso? Sí. Los genios te muestran que siempre hay algo más. Iniesta corrió hacia el córner, se sacó la camiseta en plena carrera y dejó ver otra que llevaba debajo. “Dani Jarque, siempre con nosotros”.

Nadie está preparado para despedir a un amigo tan joven. Nadie está preparado para hacer un gol en la final de un mundial. Nadie nunca hizo un mejor homenaje. Dani Jarque siempre va a estar emparentado con ese gol. Aunque no haya estado. O sí.

Se cumplieron 15 años. Qué lindo lo tuyo, Cerebro.

De un capitán a otro: Juan Simón se deshizo en elogios para Miguel Merentiel

Por Luca Sarapo

El ex jugador de Boca Juniors y la Selección Argentina analizó la participación del conjunto de La Ribera en el Mundial de Clubes, y remarcó los puntos altos del equipo, como lo fue Miguel Merentiel.

“La cinta se la ganó por lo que hizo dentro de la cancha, pero también importa cómo influye él dentro del grupo, es un jugador muy importante para el plantel. Sin dudas que fue el mejor jugador de Boca en el torneo junto a Ayrton Costa y Lautaro Blanco”, afirma el ex capitán Xeneize, que disputó 218 partidos en el club.

Miguel Merentiel festeja el gol del empate ante Bayern Munich

También opinó sobre la falta de juego que tuvieron los dirigidos por Miguel Ángel Russo cuando más lo necesitaban: “En el fútbol lo más fácil que hay es destruir, el problema es cuando vos tenés que construir. Se destacó mucho la combatividad del equipo en los primeros dos partidos, pero cuando tenía que haber jugado no lo pudo hacer”. El actual periodista de ESPN hace hincapié en el encuentro ante el Auckland City, pero también en algunos tramos contra el Benfica y el Bayern Munich, cuando el resultado era favorable para los argentinos.

Otro problema que afrontó Boca fue el de los goles de pelota parada, ya que tres de los cinco que recibió fueron de esa manera. Aún así, Simón destacó la parte defensiva del equipo en bloque bajo y la subida de Battaglia como número 5, aunque se lamentó por la imprudencia y expulsión de Nicolás Figal en el encuentro contra los portugueses, porque argumentó que venía haciendo un buen partido y “si está bien de la cabeza” tiene que ser la dupla central junto a Costa en el segundo semestre del 2025.

Christian Gray celebra el empate del Auckland City en Nashville

De los 19 goles que Boca recibió durante el año, 11 fueron a balón detenido. Sobre este punto, el ex zaguero central, sostiene que “la pelota parada es una cuestión de equipo, no es solamente de la defensa. Me daba mucha bronca cuando nos metían un gol desde un córner o tiro libre y ponían el foco solamente en nosotros. Los atacantes también deben defender en esas cuestiones y después también depende de si el técnico decide marcar en zona o individual, aunque yo estoy en contra de las marcaciones zonales porque nadie es responsable cuando se les escapa la marca”.

“Mi mayor sueño es jugar con Las Leonas”

Por Rocío Segura

Máxima Duportal tiene 20 años, nació en Paraná, Entre Ríos, y creció rodeada de palos y bochas. Inició su carrera en Talleres de esa ciudad, tuvo un breve paso por el Club Náutico El Quillá, de Santa Fe, y actualmente se desempeña como defensora en River Plate. Recientemente integró el plantel de Las Leoncitas campeón del Torneo Cuatro Naciones Sub-21 disputado en Rosario, y se prepara para el Mundial Junior de Chile 2025, que se desarrollará en Santiago, del 1 al 13 de diciembre.

-¿Cuándo empezaste a jugar al hockey?

-Empecé a los tres, cuatro años. Arranqué a raíz de que mis hermanas iban a entrenar y yo las acompañaba y me sumaba a los entrenamientos.

-¿Empezaste a practicarlo como algo recreativo?

-Sí, las infantiles, que serían Sub-6, Sub-8 y Sub-10 allá (en Paraná), son recreativas, son encuentros. Pero, desde que estuve en mi segundo año de Sub-10 –que jugaba en la categoría de arriba, Sub-12– jugaba en cancha grande, entonces siempre fue un poco competitivo.

-¿En qué momento te diste cuenta de que querías competir?

-Siempre quise llegar a lo más alto. Mis tres hermanas mayores, mis primas, mi tía y mi mamá jugaban, entonces siempre viví el deporte muy de cerca. Siempre me gustó ver los partidos, ver a Las Leonas y decir: “Yo quiero llegar ahí algún día”.

-Después de tu paso por Talleres y El Quillá, ¿cómo fue la adaptación al Metropolitano?

-Se sintió un cambio muy grande en cuanto al torneo. La realidad es que, en los torneos de allá, son menos equipos, entonces te conocés un poco más con todos, y si tenés un buen año, probablemente los resultados se mantengan muy iguales, porque el nivel no es tan variado, se suele mantener. Normalmente jugás tres o hasta cuatro veces con los mismos equipos, cosa que acá no suele pasar. En Buenos Aires, el ritmo de juego, el nivel táctico, técnico, físico, se nota demasiado; es algo que desde el primer amistoso lo sentí. Hay una gran diferencia, incluso en el nivel individual de cada jugadora. Pero es lindo, porque una busca competir en lo más alto.

Máxima Duportal, de Paraná a Las Leoncitas

-¿Cómo viviste el cambio de ciudad y la adaptación a vivir en Buenos Aires, lejos de tu familia y amigos?

-Al principio, mi mamá estuvo viviendo unos meses conmigo, pero fue un cambio muy abrupto. Buenos Aires es muy grande en comparación con Paraná y Santa Fe; hay mucha gente, mucho caos, pero de a poquito me fui adaptando, me acostumbré bastante a los horarios y a los tiempos. Me costó, pero me pude adaptar. Para venirme acá también dejé a mi novio, a mi familia y a mis amigas, pero como hoy en día es tan fácil estar más cerca con las videollamadas y el celular, no se siente tanto, quizás, como podría sentirse sin eso. Ni hablar de que acá la gente te acompaña bastante también. Dejé cosas de lado, pero conocí cosas muy lindas.

-¿Cómo fue el apoyo de tu familia en todo este camino?

-Mi familia siempre me apoyó; son un gran sostén. La realidad es que, sin ellos, yo no estaría acá, no solo por el sustento económico, sino por el apoyo emocional que me dan día a día. Son mi motivación, siempre me impulsan a ir por más. Nunca falta ese mensajito de: “Dale, vos podés, sé que nos extrañás, pero vos podés, seguí, metele”. La verdad es que sin ese apoyo familiar no sé si podría estar haciendo esto. Siempre están muy presentes, apoyando y confiando. Estoy muy agradecida con ellos.

-¿Sentís que tuviste que dejar muchas cosas de lado para dedicarte al hockey?

-Sí. Siempre quise hacer esto, entonces, cuando era más chica, por ahí no le daba tanta bola al tema del “entrenamiento invisible”, como se le llama, pero yo no te negociaba un entrenamiento. Iba al club a las cinco de la tarde y me iba a las once de la noche, prácticamente de lunes a viernes, y los sábados me pasaba internada ahí desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde. Pero sí: cumpleaños, fiestas, salir los fines de semana, yo no viví eso como mis amigas, por ejemplo, que en un principio no entendían por qué no podía juntarme todos los días. Este último año, desde que arrancó hasta que terminó, me enfoqué ciento por ciento a esto; dejé de estudiar justamente para poder dedicarle el tiempo que ameritaba al hockey. La verdad es que dejás un montón de cosas de lado, pero bueno, es parte.

-¿Qué estudiabas antes?

-Hacía el profesorado de educación física en Santa Fe. Hice todo el primer año, y cuando me tocó empezar con el segundo hice el primer cuatrimestre y tuve que dejar porque no me daban los horarios. Yo viví en Santa Fe el primer año de cursada, entonces no tuve problema con el tema de los horarios, pero en el 2024 me volví a Paraná y el trayecto hasta la facultad era mucho más largo. Tenía que salir dos o tres horas antes para poder ir a cursar, cursaba desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde, llegaba a las cinco a mi casa; era un sacrificio muy grande y en ese momento sentí que tenía que hacer otra cosa antes de priorizar el estudio.

La paranaense Máxima Duportal jugará el Cuatro Naciones Sub 21

-¿Cómo financiás tu carrera? ¿Contás con sponsors, becas o apoyo del club?

-Hockeymanía, una casa de deportes de Santa Fe, me provee los elementos de hockey de la marca Grays. Económicamente me financian mis papás.

-¿Qué significó para vos haber sido convocada a Las Leoncitas?

-Fue increíble. Uno, de chiquito, siempre sueña con ponerse la camiseta de la selección, pero que se haga realidad no es tan fácil como uno piensa. Fue muy gratificante, muy emocionante, un sueño hecho realidad. Un pasito para seguir, un gran envión.

-Además, salieron campeonas del Torneo de Cuatro Naciones y convertiste un gol en el último partido ante India, ¿cómo viviste esa experiencia?

-Increíble. Uno se prepara para poder ganar los torneos, pero lograrlo es muy emocionante, más que nada estando en Argentina, con público argentino y con la posibilidad de que esté tu familia viéndote, que normalmente no pasa. La realidad es que las posibilidades que tenés de que te vean jugar con la camiseta de Argentina son muy pocas; fue realmente increíble.

-¿Cómo estás entrenando para el proceso que puede llevarte al Mundial Junior de Chile 2025?

-Estamos entrenando de lunes a jueves con el Junior. Por ahora, los miércoles hacemos doble turno y estamos haciendo lunes, martes y jueves un solo turno; el segundo lo hacemos con el club. Estoy metiéndole a full, es un proceso duro, pero se disfruta.

-¿Cómo manejás la presión de representar al país siendo tan joven?

-Creo que la presión se puede sentir los primeros partidos, porque creo que estás nerviosa, no querés cometer errores, porque se supone que estás en la selección, sos lo mejor que tiene el país. Entonces, podés sentir esa presión al principio. Pero tenés que dejarte llevar, no hay que vivir con eso, porque si no te comés la cabeza todo el partido, y no es así. Todos cometemos errores, y lo más importante es, después, poder corregirlo para no volver a cometerlo y seguir adelante, no carcomerse la cabeza con que te estás equivocando. Hay que llevarlo para el lado del disfrute, porque si no, no te hace bien.

-¿Quiénes son tus referentes dentro del hockey?

-Nombraría miles, porque siento que todas marcaron a la Máxima de hoy. Como defensoras, puedo nombrar a “Piti” (Silvina) D’Elía; Cecilia Rognoni; “Luchi” (Lucina) Von Der Heyde, que juega en todos lados, pero también es una gran referente; Juana Castellaro, que tengo la oportunidad de jugar con ella y, también, aunque tenga la misma edad que yo, es una chica que es maravillosa, es increíble, entonces la tengo como gran referente. Valentina Raposo también es una ídola; la carrera que tuvo fue increíble. Creo que ellas son mis mayores referentes.

-¿Cuáles son tus objetivos personales y profesionales para lo que queda de este año y para el 2026?

-Disfrutar todo lo que estoy viviendo, que no es una suerte que tengan todas, así que quiero disfrutarlo mucho. Seguir creciendo pasito a pasito, adquiriendo nuevas herramientas para poder mejorar mi juego y potenciar a los dos equipos que me toca representar. Y, para el año que viene, poder seguir donde estoy o mejor todavía.

-¿Cuál es tu sueño más grande dentro del hockey?

-Obviamente, mi mayor sueño es jugar con Las Leonas. Hay pequeños detalles, creo yo, que te mantienen donde estás o te ponen un pasito más arriba. Pero, con trabajo, disciplina y esfuerzo, creo que eso se puede lograr.

Angela Lerena: “La Copa América femenina va a ser una buena prueba para la Argentina”

Por Lucas Sotelo

En tiempos en los que el Mundial de Clubes coloniza todas las agendas deportivas, la Copa América femenina 2025 está a la vuelta de la esquina. El certamen, a disputarse en Quito entre el 12 de julio y el 2 de agosto, tendrá a Argentina compartiendo el grupo A junto a la anfitriona Ecuador, Uruguay, Chile y Perú, con la esperanza de cortar la hegemonía de Brasil -ganador de ocho de las nueve ediciones celebradas- como ya hiciera en 2006. Aquel 26 de noviembre, los goles de Eva González y de Belén Potassa sellaron un histórico 2 a 0 contra la Canarinha en Mar del Plata, que le dio el primer y único título continental albiceleste. Ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces: seis años después de la semi profesionalización del deporte en el país, ¿es posible pensar en otra coronación de gloria?

Además de periodista deportiva, Ángela Lerena es una de las principales voces autorizadas para hablar sobre fútbol femenino que tiene la región. Comentarista, campo de juego y conductora del programa “TNTGolFem” en TNT Sports, está en contacto permanente con la realidad que atraviesa a la categoría: “Hay una brecha de noventa años (de profesionalismo respecto al fútbol masculino) que no se puede soslayar. Se está intentando revertir esa distancia, seguramente no tan veloz como quisiéramos, pero se está creciendo a pasos muy importantes”. Con la claridad de un “10”, Lerena abre el juego e invita a la reflexión.

-¿Cuál es el objetivo en la próxima Copa América?

-Por primera vez, no nos vamos a jugar la chance de ir al Mundial, sino que va a haber eliminatorias aparte. La Copa América sí clasifica para los Juegos Olímpicos, pero va a ser una buena prueba para Argentina. Pareciera en la previa que Brasil y Colombia están arriba. Que tal vez estamos en una paridad con Chile y con Paraguay, que es con el que definimos el tercer puesto de la Copa América pasada. Y bueno, hay que ver cuánto se puede plasmar en el juego el trabajo que se viene haciendo, que es muy bueno.

-¿Qué tan importante es el regreso de Florencia Bonsegundo?

-Es muy importante porque es una de las mejores jugadoras que tuvo nuestra selección en su historia. Estaba retirada desde el último Mundial, y la última imagen que había quedado era ella yéndose en camilla porque se había roto los ligamentos en el partido en el que Argentina quedó eliminada contra Suecia. Nos está costando mucho de mitad de cancha hacia adelante, y ahí es muy importante el regreso de Florencia, que además puede aportar una experiencia que las más chiquitas todavía no tienen.

Quién es Florencia Bonsegundo, la cordobesa que soñó futbolista y la rompe en la Selección - TyC Sports

-¿Qué le falta a Argentina para estar más cerca de las potencias?

–Tenemos muchas jugadoras prometedoras, pero es muy difícil a nivel internacional que puedan imponerse en los duelos contra otras que son más fuertes, más rápidas, más altas, y que vienen trabajando en sus países desde hace muchos años. Esto a diferencia de Argentina, que viene trabajando con seriedad hace menos. Falta un poco esa sorpresa que se puede generar con atacantes, con delanteras a las que le falta el fogueo europeo.

-Cómo está conformada la estructura de esta selección?

-Los dos técnicos más importantes de la era profesional están en la estructura de la Selección: Germán Portanova (mayor) y Christian Meloni (juveniles). Hace poco sumaron a Ezequiel Vidal -futbolista con más presencias en la historia de UAI Urquiza masculino-, que mostró muchas condiciones como DT en UAI Urquiza femenino, y a Diego Mirabella, preparador físico del River de Martín Demichelis y ex-jugador de básquet de River. Es decir: traen talentos del masculino también.

–¿Qué papel tienen las juveniles en este proceso de selección?

–Argentina tiene la misma estructura desde la sub-15 hasta la selección mayor, y eso está buenísimo porque se aprovecha todo el recurso humano. Así es como las nenas ya van trabajando la táctica, la alimentación, el cuidado del cuerpo y lo físico, todo desde muy chiquitas. Ya se notó la diferencia, porque por primera vez logramos pasar una fase inicial, que fue en el último Mundial sub-20, con figuras importantísimas como Kishi Núñez y como Milagros Martín, que están llamadas a tener un rol importante en el futuro. En el segundo semestre vamos a tener eliminatorias y ahí vamos a poder medir un poco hasta dónde llegó esta mejoría que Argentina está teniendo en comparación con otros países.

–Con respecto a la selección masculina, ¿se tiene la misma búsqueda protagonista desde el juego?

-Argentina, desde 2021 y con Germán Portanova (foto), cambió por completo su idea para la selección femenina. Antes, con condiciones que eran muy malas, se jugaba muy defensivo: a resistir, a aguantar, a perder por lo menos posible. Y ahora, que la situación es muy diferente, se decidió tener un juego más ofensivo. De tratar de pararse en campo rival sabiendo que los primeros resultados iban a ser negativos, porque Argentina tiene que moldearse, tiene que aprender, tiene que foguearse, pero la idea era que lo hiciera contra rivales importantes. Por eso se jugó contra Brasil, contra Colombia, contra México y contra Estados Unidos, todos rivales fuertes. En mayo se consiguió un triunfo importantísimo sobre Canadá por 1 a 0.

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-¿Cómo se trabaja la táctica? ¿Se hace tanto hincapié en ella como en el masculino?

–La táctica en el fútbol femenino es interesantísima porque está en continuo crecimiento. Muchas de las jugadoras que están en Primera División desde hace años, que tienen treinta o más, no tuvieron a lo mejor tanto hincapié en la táctica en su formación y están aprendiendo de grandes. Y muchas nenas que están surgiendo están aprendiendo a la edad adecuada, más apta, que es cuando son chiquitas, pero todas están muy abiertas a aprender. Portanova y Meloni son los dos muy conocedores de la táctica. Meloni viene del futsal también, así que ha incorporado un montón de conceptos. Las vuelven locas a las chicas: les mandan ejercicios en el teléfono anticipando los ejercicios que van a hacer para que los vayan pensando. Se trabaja un montón.

De la oscuridad al campo de juego: Julio perdió todo y ganó una segunda oportunidad

Por Melina Contino Nykteridis

Después de 17 años preso, el rugby fue su único escape y la esperanza para renacer.

“¿Para qué me voy a levantar, si no tengo nada para hacer?” Esta era la frase que resonaba en la cabeza de Julio López Lara cada mañana, antes de conocer el rugby. Preso en el Penal Unidad 48 (San Martín), el encierro que lo atormentaba no era solo físico, sino también mental. La monotonía entre las cuatros paredes de cemento oscuro le había apagado las ganas de salir adelante. La cárcel no solo lo aisló, le arrebató todo lo que alguna vez quiso; su familia, sus amigos y sus sueños. Tenía 24 años cuando cayó, hoy tiene 41, hace 17 años que intercambió su sueño por una condena.

Cuando Julio transitaba la preadolescencia comenzó a boxear. El deporte le quitó más de lo que le dio, ya que con la ilusión de llegar lejos se cortó sus propias alas. A los 15 años y habiendo disputado 17 peleas amateurs, no pudo seguir. Su familia no pudo mantenerlo y en consecuencia comenzó a robar. Una decisión que tomó para perseguir su meta de vida: “Empecé a robar para mantenerme y así seguir entrenando”.

Previo a la videollamada, una mezcla de nervios e incertidumbre me invadía. No sabía con qué me iba a encontrar. Estaba sola en mi departamento, en un día frío pero soleado, de esos que anuncian el principio del otoño, con un pequeño rayo que se paraba sobre la isla de la cocina, mientras esperaba a que Julio me contactara. Pasaban los minutos y mi mente se llenaba de conjeturas: un asesino, un violento, un abusador, un ladrón, un narcotraficante, un loco… Pero, por sobre todo, no sabía cómo las emociones de esta persona influirían en la entrevista y cómo se iba a tomar mis preguntas al verme en otra realidad distinta a la suya. Sentí un leve miedo, atenuado por la distancia que nos imponía la pantalla, a diferencia de si nos hubiéramos visto cara a cara. Cuando sonó el teléfono y vi su nombre en la pantalla, me encontré con un personaje distinto al que mi cabeza había creado: era una persona más bien calma, que se presentó amablemente y me sonrió. Me hizo sentir más a gusto con mi primera entrevista, aunque no logré soltarme del todo hasta que intercambiamos las primeras palabras. Mucho no pude observar, él, parado al otro lado de la pantalla, merodeando en la zona externa de la cárcel, con un gorro gris de lana que fue lo único distinguible de su vestimenta.

Julio no era la persona que esperaba entrevistar, me dio más de lo que hubiese imaginado. Comencé con esto como un trabajo, para cumplir con lo que tenía que hacer, sin buscar mucho trasfondo se me presentó la oportunidad y la tomé. Pero terminó siendo algo que me guardo por fuera de una entrega, conectar con una persona que vive tan distinto a mi, me hizo pensar un poco en mi vida. La entrevista logró dejarme una enseñanza que tal vez no hubiera conseguido hablando con otro deportista. Cuando terminó, me quedé en silencio frente a mi celular unos segundos, intentando recopilar toda la información que había recibido en menos de una hora. Le agradecí, le dije que había sido muy generoso conmigo y  lloré. No mucho, pero lo suficiente como para darme cuenta de que su historia me había atravesado más de lo que pensaba. No solo por lo que contó, sino por cómo lo hizo: sin rencor, sin victimizarse, con honestidad y buena predisposición hacia mi, que no le estaba ofreciendo nada a cambio.

Lloré porque, entre tantos relatos que podría haber escuchado, Julio me habló desde un lugar humano. Me contó lo que es despertarse sin ganas de vivir, lo que es perderlo todo, no solo la libertad sino también las riendas. El rugby llegó cuando más lo necesitaba como una suerte de escape. Al principio, me dijo que era un deporte desconocido, le servía para distenderse y mover el cuerpo, como un escape físico y mental del encierro. Pero cuando logró incorporarse, el rugby tomó un escenario principal en su día a día: “Cuando empecé a entender el juego fue mi cable a tierra, me hizo escaparme y me desconectó de la cárcel. Al estar detenido y estando acá, con la angustia, la tristeza, el bajón que uno tiene cuando está preso lo pude descartar, lo pude abandonar, cambiandolo por felicidad. Estar en la cancha me hacía feliz, me hacía libre y abandonaba todos los sentimientos malos”.

En un intercambio de mensajes le dije que me conteste lo que él sintiera, que no buscaba ponerlo incómodo, y luego pregunté: “¿Sentiste que no tenias ganas de estar vivo?, a lo que muy seguro y rápidamente contestó: “Sí, sí. Muchas veces. Antes de conocer el rugby no tenía sentido levantarme. No tenía sentido vivir, estar preso no tenía sentido y el rugby me hizo encontrarle un sentido. Los días que teníamos entrenamiento me levantaba contento, con ganas, eso me hacía estar anímicamente diferente acá adentro”.

Antes de encontrar una nueva motivación en el deporte, Julio venía de una etapa complicada donde se relacionaba con grupos que lo llevaban a tomar malas decisiones, en la afán de encajar y pertenecer al espacio, se veía obligado a hacer las mismas prácticas para empatizar con quienes lo rodeaban: “Yo venía de estar dos años estancado, metido en las drogas y el primer o segundo dia de entrenamiento me pude relajar. Llegué al pabellón y me bañé. Había noches que no podía dormir por los malos pensamientos de mi situación y ese día jugué al rugby; volví a entrenar, después de tanto tiempo fue una de las primeras noches que pude dormir sin pensamientos malos, sin tristeza, sin angustia, sin cosas que te invaden acá.

 

Volver para estar en casa

Después de 17 años preso, Julio comenzó con las salidas transitorias y en ellas encontró la oportunidad de reconectar con su familia, especialmente con su madre, a quien describe como su mayor sostén junto con su hermana. Aunque el vínculo nunca se rompió, estos breves reencuentros, bajo custodia y por apenas dos horas, le devolvieron algo de lo perdido: “Lo único que puedo hacer: llego, estoy un rato con mamá, tomó unos mates, charlo”, cuenta. Cuando se cumplan siete meses bajo esta modalidad, le otorgarán la pulsera electrónica, que no implica la compañía del Servicio Penitenciario. Julio espera aprovecharla para quedarse más tiempo en casa, acompañar a su madre, que está sola y comenzar a hacer algunas refacciones en su casa.

 

*Foto de portada: “Espartanos, una historia real”, documental de 8 episodios dirigido por Sebastián Pivotto y guión de Andrés Gelós y Pablo Gelós. Cuenta la vida de Eduardo “Coco” Oderigo, un abogado penalista que afronta la tarea de transformar a un grupo de presos de la Unidad Penal Nro. 48 de San Martín, en un equipo de rugby para lograr su reinserción en la sociedad.

La piel debajo de la montura, la historia de la jocketa Romina Villegas

Por Ludmila Gomez

Desde Tucumán hasta las pistas porteñas, su historia cruza esfuerzo, pérdida y pasión por los caballos.

Antes de aquel día, sentía una mezcla de ansiedad y curiosidad. Había leído y escuchado mucho sobre ella, pero no sabía cómo sería el encuentro desde mi rol de entrevistadora. Imaginaba algo cálido, natural, que se diera con fluidez.

El viaje hasta su casa fue corto. Fui acompañada de mi mamá. Subimos al auto y nos dirigimos hasta Villa Catella, La Plata, donde ella reside. Sabía que vivía en un lugar que antes fue un stud. Que había comprado después de mucho esfuerzo, con lo que ganó corriendo, ahorrando, trabajando sin pausas. Convive con Nacho, su pareja, y Marta, su adorada gata que a veces se la ve en su estado de Whatsapp o en sus historias de Instagram posando casualmente.

Cuando bajé, seguía nerviosa. Nos recibió en calza, con el pelo atado y en ojotas. Entre detrás de ella, tras un largo pasillo llegamos a su casa. A Marta, su gata, no la vi al principio. A Nacho, lo vi apenas ingrese a su casa. Se encontraba justo tomando un vaso de gaseosa. “¿Quieren algo para tomar?” -preguntó-  y ambas respondimos que no, mientras preparábamos las cámaras y buscábamos el lugar preciso para realizar la entrevista.

Y entonces pasó algo simple, pero decisivo. Todo lo que había sentido -el nudo en la panza, la presión en la garganta, que a veces te hace dudar- empezó a apagarse. No de golpe, pero sí con claridad. Empezó a fluir.

Yo ya estaba lista. La entrevista iba a empezar.

Nos sentamos en el comedor. Precisamente en su sillón. Le coloque el micrófono corbatero y comenzamos.

Arranque. La presenté y todo iba fluyendo aún más. A su vez, la tenía a ella al lado y nada más existía. Se mostraba honesta, como si me estuviera diciendo: “Estoy acá, preguntame lo que quieras”. Y así lo hicimos.

Hablamos de su debut, de sus comienzos, de los caballos que la marcaron. De lo que significó su primera carrera y cómo se desarrolla ella dentro de las pistas. Habló con calma, como quien ya hizo las paces con muchas cosas, pero todavía guarda cicatrices.

Había una forma muy suya de contar. No adornaba, no exageraba, pero tampoco esquivaba nada. Cada respuesta venía con una pausa, como si necesitara tomarse el tiempo justo para no traicionarse ni apurarse. A veces bajaba la mirada, otras se reía sola, como recordando anécdotas que no llegaron a entrar en voz alta.

El ambiente era silencioso, pero no incómodo. Se sentía que estábamos en un lugar cargado de historia, no solo por su pasado como stud, sino por todo lo que ese espacio representa para ella: hogar, refugio.

Yo escuchaba y, al mismo tiempo, sentía que algo se ordenaba dentro mío. No porque ella me ofreciera respuestas cerradas, sino porque hablaba desde un lugar de verdad tan profundo, que inevitablemente te hacía conectar con tus propias heridas, tus propias batallas.

Desde el comienzo de la charla sabía que nuestro recorrido no solo iba a hablar de carreras y caballos. Mi foco principal, aunque aún no lo habíamos tocado directamente, estaba en ese silencio que flotaba entre sus palabras, en esa historia que sabía que tarde o temprano iba a salir a la luz: la de su hermano.

Sentía que todo lo que me venía contando tenía un hilo invisible que conducía a ese dolor profundo, y que entender ese episodio era clave para comprender quién es hoy. Por eso, aunque no lo nombrará de inmediato, mi pregunta inevitable estaba guardada para ese momento.

Cuando finalmente el tema salió a la luz, lo hizo con una mezcla de calma y gravedad, como quien acepta una verdad que no puede cambiar pero tampoco quiere olvidar.

“Mi hermano siempre quiso que yo sea jocketa” -dijo-. “Me puse las pilas allá en Tucuman el año que él se quitó la vida hasta que salí a correr”, agregó. Tenía 14 años y ese domingo parecía uno más. Uno de esos días largos y tranquilos en el stud donde trabajaba su papá, el mismo lugar que había sido siempre parte del paisaje familiar. Pasaron toda la tarde juntos. Ella, su hermano, su papá, los caballos. El aire tenía el ritmo de la rutina conocida: baldes, cepillos, corrales, mates, silencios.

-Ese día mi viejo le regaló un caballo a mi hermano -me contó-. Con él aprendí a andar bien por primera vez.

Ya empezaba a trabajar como peona de su padre. Mientras muchas chicas de su edad estaban en otra cosa, ella madrugaba, ensillaba, limpiaba, aprendía. Ese día, como tantos otros, tenía que ir al hipódromo. Se despidió con la misma naturalidad con la que lo hacía siempre. Su hermano estaba ahí, como cada domingo, como cada día. “Él era depresivo. Muy para adentro” -relata-. Se fue al hipódromo sin saber que sería la última vez que lo vería. Sin saber que, en ese mismo lugar donde habían estado juntos toda la tarde, él se iba a morir. Cuando volvió, ya era tarde. Todo había cambiado. El stud no volvió a ser el mismo. Tampoco ella.

-Tenía 14 años -me repitió, bajando la mirada-. Y fue ese fue el día que, sin buscarlo, empezó a crecer de golpe. A hacerse fuerte. A buscar refugio en los caballos, en la disciplina, en el turf. No porque no doliera, sino porque era la única forma que encontró para no quedarse quieta en ese dolor.

Cuando apagamos la cámara y empecé a guardar las cosas, se hizo un silencio distinto. No incómodo, sino necesario. Habíamos hablado mucho. De su carrera, de los caballos, de su debut, de los sueños que todavía la esperan. Pero, sobre todo, habíamos hablado de su hermano. De ese quiebre silencioso que la atravesó para siempre y que, sin quererlo, también la empujó a ser quien es hoy.

No hay épica en su relato, ni frases hechas. Solo verdad. La de una mujer que encontró en el turf no una salida, sino una forma de sostenerse. Que creció entre caballos, herraduras, y madrugadas frías, y que aprendió -a fuerza de golpes y perseverancia- a transformar el dolor en motor.

En su casa, el pasado convive con lo que vendrá. Marta, la gata, seguía sin aparecer. Nacho estaba allí junto a nosotras acompañando. Afuera, se escucha a los albañiles que justo habían ido a trabajar a su casa.

Y ahí está ella, firme, serena. Con cicatrices, sí, pero en pie. Montando, ganando, perdiendo. Viviendo.

-Mi hermano, mi mamá y mi papá ya no están -me dijo, antes de despedirnos, sin dramatismo, pero con una ternura que dolía-. A veces siento que corro por ellos también. Como si todavía me miraran desde algún lado.

Porque a veces no se trata de superar lo que pasó, sino de seguir galopando con todo eso encima. Y hacerlo igual.

Después de todo lo dicho, había algo que me seguía dando vueltas. No era una frase exacta, tampoco una imagen. Era una sensación: que en cada carrera, en cada llegada, ella vuelve a ese stud, a ese domingo. Que cuando se acomoda los guantes, cuando mira hacia adelante, cuando escucha el campanazo que marca la partida, no lo hace sola.

Hay quienes corren para ganar, para ser los mejores, para hacer historia. Y está bien. Pero ella corre para no perderse. Corre para estar cerca de los que ya no están, para mantenerse viva, para sostener una identidad que eligió —o que quizás la eligió a ella— cuando todavía era una nena de 14 años aprendiendo a resistir.

Porque ser jocketa ya implica un desafío. Pero ser mujer jocketa lo multiplica. Hay que demostrar más, aguantar más, callar ciertas cosas, resistir otras. Hay que ser fuerte sin dejar de ser sensible. Hay que bancarse las miradas, los prejuicios, las veces que te subestiman. Hay que sostenerse incluso cuando el cuerpo dice basta, incluso cuando la tristeza te tira para atrás.

Y ella lo hace. Todos los días. Sin estridencias, sin querer ser ejemplo de nada, pero con una determinación que conmueve. No busca aplausos, ni frases heroicas. Lo suyo es más silencioso, más profundo. Tiene que ver con saberse dueña de su historia. Con no negociar su esencia para agradar. Con haberse hecho mujer entre el barro de las pistas, la soledad de los vestuarios y el peso de las ausencias.

Afuera, el día seguía. La vida, también. Guardé el último cable, apagué el grabador y supe que algo había cambiado en mí. Porque escucharla fue, también, escucharme. Porque hay historias que no se escuchan solo con los oídos: se sienten en el pecho. Y esta, sin dudas, era una de ellas.

Ella no busca impresionar. No necesita luces ni relatos grandilocuentes. Su historia no galopa para el aplauso, galopa para seguir adelante.

Y eso -en un mundo que a veces pide disfraces y poses- es lo más valiente que puede hacer alguien: ser, simplemente, quien es.

Villegas, al recordar a su papá

Lo que la quebró no fue por una caída o por alguna derrota. Fue el dolor de que su papá no estaba allí. La escena fue breve, pero la desarmó. “¿Que significa tu papá para vos hoy en día? -le pregunté- y fue en ese instante que el  llanto se apropio de ella. No dijo nada. No hacía falta. Fueron unos segundos, yo a la vez apoyaba mi palma de la mano en su espalda conteniendo. Lloro sin ruido, con las manos se secaba las lágrimas. “Mi viejo era todo para mi” -dijo- si hoy estoy acá es por él”. La emoción no fue con desesperación, sino con ese llanto seco, callado, que sólo aparece cuando el cuerpo recuerda algo entrañable. Fue algo imprevisto, pero verla así, me dio el pie para empatizar aún más con su historia.

 

Solana Sierra: una grata sorpresa en la superficie más adversa

Por Francisco Gentile

“Solana está por las nubes” es una frase que hasta hace una semana parecía estar ligada únicamente al mundo cripto para referir a la moneda homónima, sin embargo, esta primera semana de Wimbledon hizo que el tenis también pueda acuñarla, con un histórico ingreso de Solana Sierra al cuadro principal. Los primeros pasos fuertes en el profesionalismo para una fuerza dominante en las categorías menores.

Sierra consiguió una hazaña que no tiene precedentes, jamás una tenista en la Era Abierta (1968) había llegado a octavos de final de esta competencia clasificando como “lucky loser” (término para referir a quienes perdieron la clasificatoria pero ingresan por una baja). Fue la lesión en la espalda de la belga Greet Minnen la que la hizo participar del cuadro a pesar de haber caído en los clasificatorios. Esta segunda oportunidad fue aprovechada y con tan solo quince minutos de preparación en los que se vistió del blanco característico del certamen, ingresó al césped y calentó, logró vencer a la australiana Olivia Gadecki en dos sets, desde ahí, cosechó victorias ante la local Katie Boulter con una remontada en tres sets en la cancha uno del All England Lawn Tennis and Croquet Club ante más de 11.000 espectadores y posteriormente a la española Cristina Bucsa por 7-5; 1-6; 6-1, con el dedo mayor de su mano derecha vendado tras un golpe de frustración al encordado de su raqueta en ese segundo set. Su participación finalizó frente a la alemana Laura Siegemund, que venía de eliminar a la vigente campeona del Australian Open Madison Keys, en un encuentro que se detuvo por lluvia en dos ocasiones.

El festejo de Sierra en el court principal.

La epopeya de la marplatense se da en una superficie históricamente adversa para el tenis argentino, tanto por su casi nula práctica en el país, como por su alta velocidad. De hecho, la última compatriota en haber llegado a esta instancia fue Paola Suárez en 2004, mientras que en la rama masculina fue Guido Pella en 2019, ambos clasificaron a cuartos en el único Grand Slam que nunca pudo ganar un singlista nacional, por el que Guillermo Vilas declaró que “el pasto es para las vacas”.

Aunque esta actuación representa una sorpresa, ya que antes del certamen se ubicaba en la posición 101º del ranking (ya escaló como mínimo a la 65º), se condice con la obtención de su primer título WTA, conseguido a inicios de abril en Antalya, y con su instalación este año en la Rafael Nadal Academy de Manacor, además de contar con un dominante pasado en el circuito de menores, fue la número uno de Argentina a nivel sub-12, sub-14 y sub-16 e internacionalmente llegó a las semifinales del US Open 2021 y la final de Roland Garros 2022, los dos en categoría junior, donde alcanzó la séptima posición del ranking, luego de pasar la pandemia entrenando en la cochera de su entonces instructora y en la terraza de su departamento.

Su iniciación en el deporte de raqueta comenzó cuando tenía dos años, jugando a pegarle a pelotas con caras dibujadas por su padre Omar, y aunque practicó también danza y natación, a los cinco, comenzó clases de tenis en el club Teléfonos, en la escuelita de Bettina Fulco (ex número 23º del mundo en 1988), más tarde, comenzó a competir en torneos de menores, a los que llevaba una muñeca que la acompañaba. En uno de ellos coincidió con Vilas, quien tras un duelo con su hija Andanin, aseguró que le gustaba como jugaba y le aconsejó que recordará que el tenis es “sacrificio, sacrificio y sacrificio”.

Solana Sierra junto a Betina Fulco y Gabriela Sabatini.

Con su crecimiento en la actividad y la necesidad de viajar para competir, cuando tenía 16 la federación italiana se ofreció a apoyarla económicamente en su carrera a cambio de que ella representara a la nación europea, pero la posibilidad fue desestimada por su familia, que creía que esto podía ser una incomodidad a futuro.

Sin cambiar de bandera y siendo la octava mejor clasificada entre las jugadoras de 21 años o menos, la carrera profesional de Sierra da sus primeros pasos en vistas de un porvenir prometedor.

 

Diogo Jota: un acompañante en el camino de la esperanza

Por Juan Pablo López

Despertar un jueves a la mañana implica vivir un día más de rutinas previsibles, pero la noticia llegó sin avisar. Quebrando el alma y el mundo leyó: Diogo Jota, delantero del Liverpool, y su hermano André Silva, murieron en un accidente de tránsito en la A‑52, a la altura de Cernadilla, en el noroeste de España. Conducían un Lamborghini, en lo que debía ser un descanso merecido, unas vacaciones familiares después de un semestre cargado de éxitos. El destino quiso otra cosa.

En 2021, la Dirección General de Tráfico de España reportó más de 119.000 víctimas por accidentes de tránsito, solo el 1% de ellas habrían muerto. El delantero portugués, que había sorteado lesiones, suplencias y olvidos, no pudo esquivar ese azar inesperado. No hubo aviso, ni tiempo para prepararse: fue un golpe seco, que dejó un vacío profundo en el mundo del fútbol y en todos los que se levantan para ver al equipo de Arne Slot brillar cada fin de semana.

En 2017, el atacante llegó al Wolverhampton sin ruido. El club jugaba en la Championship, una liga con barro, con 46 fechas y con más combate que pausa. La llegada de capital chino y la influencia de Jorge Mendes transformaron al equipo en una sucursal portuguesa, sucursal en la que el oriundo de Massarelos fue el primero en destacar y ayudar a que se asiente en la primera división.

Con 17 goles en aquella temporada 17-18, lideró el ascenso. El fue el pionero de las figuras lusas en la institución naranja de occidente inglés: Rúben Neves, João Moutinho, Podence, Semedo. Fue el puente que unió dos mundos, porque aunque ya habían pasado otros jugadores portugueses por “Os wolvinhos”, aquella temporada de el marcó página.

En Liverpool fue otra cosa; o lo mismo, pero más grande. Jürgen Klopp lo pidió tras dos temporadas en primera con el equipo de Nuno Espirito Santo, y nadie entendía bien por qué. En un equipo con Salah, Firmino y Mané, parecía solo sumar profundidad a un plantel consolidado, lo que no tenían en cuenta, era el motivo de Diogo para jugar, grande como sus sueños.

Su entrenador en Paços de Ferreira solía decir que podía ser el sucesor de Cristiano. El Atlético de Madrid fichó al joven talento portugués en 2016, pero, ciegos a su potencial, no le dieron la menor oportunidad. Lo prestaron a los Wolves sin que pisara la cancha con la camiseta rojiblanca. El jugador, que guardaba con celo el recorte de aquel artículo, se lo reenvió a su antiguo técnico por Gmail al llegar a su casa, tras presentarse oficialmente con la camiseta roja del Liverpool.

En Anfield entró, jugó y respondió. Marcó el gol 10.000 del club, un taconazo en Old Trafford. También realizó el gol más rápido entrando desde el banco de suplentes: 22 segundos después de cambiar con Konaté aquel 15 de enero, contra el Forrest. Su gol más recordado, trascendió la importancia futbolística: festejó con la camiseta de Luis Díaz en la semana que secuestraron al padre del colombiano, con el que se disputaba la titularidad en la banda izquierda. El futbolista expresaba esfuerzo y sacrificio detrás de cada pelota en la red, y vivió abrazando a sus compañeros, dedicando celebraciones o cantando You’ll never walk alone.

Mientras tanto, en casa, jugaba al FIFA con su por aquel entonces novia. “Ella armaba las tácticas, y después me hacía jugar.” Tenían tres hijos, y un perro llamado Luna. Fundó un equipo de esports. Cuando se lesionaba, competía en otra cancha. Decía que no sabía vivir sin jugar. Desde chico ya pagaba por jugar en Gondomar: cuota, transporte, esfuerzo. Nadie le regaló nada, nunca lo empujaron, llegó solo. A los 28 años, viajaba en un Lamborghini que se había ganado jugando. No lo había heredado, ni inventado: lo había merecido.

Pero ahí quedó.

 

El destino, ese que no avisa, le puso un freno brusco, sin tiempo para una gambeta más, sin el último aplauso en la cancha. Su partida, tan inesperada como el grito de gol en un partido trabado, nos recuerda que hasta al más grande, al que parecía invencible, la vida lo puede sorprender con un portazo. Y así, con el dolor a flor de piel, la pelota sigue rodando. La historia que nos dejó, la de su entrega y su amor puro por el juego, late en cada rincón de Anfield, del Molineux y de un país luso que abraza a sus ídolos. La fuerza desgarradora de goles que nunca se olvidan y una ausencia que jamás se llena.

“No actúes como si fueras a vivir diez mil años. La muerte está acechándote. Mientras vivas, mientras sea posible, sé bueno.”

— Marco Aurelio, Meditaciones

El delantero portugués ansiaba lograr el título de Premier, y lo hizo. Aunque el dolor hoy nos ahoga, el eco de su gambeta, de su gol, de su sonrisa, seguirá vibrando en cada cancha Y corazón que late por el fútbol. Porque en un último suspiro de fe que nos da la vida, siempre recordaremos que es más lindo vivir como el 20 rojo, acompañado en el camino, abrazando tras un gol, festejando con los fans, y nunca caminando solo.

¿Quién es el misterioso ente que estuvo en todos los partidos del Mundial?

Por Francisco Gentile

Tiene su lugar garantizado en la final, vio el tiro libre de Messi, el batacazo de Al-Hilal a Manchester City, los goles de Miguel Merentiel y la pelea de Marcos Acuña y Denzel Dumfries. Incluso se las arregló para hacerse presente en partidos que se disputaban a la vez en distintos estados, todos en primera fila. No se trata de Gianni Infantino, ni del ya recurrente en el palco VIP de la FIFA Roberto Baggio, ni de nadie presente en ese sitio, pues su ubicación es aún mejor, de hecho está a la vista de todos, pero no alcanza la misma relevancia.

El elefante en la habitación es el PIF (Fondo de Inversión Pública), es según su página web, “el motor del crecimiento de la economía de Arabia Saudita”, un ente soberano que maneja la riqueza del gobierno saudí e invierte en distintos rubros, contando para ello con un patrimonio de 925 mil millones de dólares e importantes activos en más de 220 empresas, entre ellas Uber, Disney y Shell, además de su más reciente y famosa inversión, DAZN, la plataforma que se popularizó durante este mes al transmitir de forma gratuita todos los partidos del certamen, gracias a un pago de mil millones de dólares por los derechos televisivos.

Este titán económico avanza a pasos agigantados su inmisión en el fútbol, es dueño de los cuatro grandes clubes de Arabia Saudita: el Al-Ittihad que dirigió Marcelo Gallardo, el Al-Ahli vigente campeón de Asia, el Al-Nassr de Cristiano Ronaldo y el Al-Hilal, equipo que alcanzó los cuartos de final del Mundial de Clubes, sin que importe mucho que pertenezca al mayor patrocinador de la copa. Estos cuatro equipos tienen en conjunto un balance negativo de 1.293 millones de euros únicamente en mercados de pases desde 2023, posicionándose todos entre los once con mayor gasto, sin tener que rendir cuentas de fair play financiero, como sí hacen los pertenecientes a la UEFA, donde el fondo soberano también incursionó, con la compra del Newcastle United en 2021.

La adquisición de las Urracas fue muy criticada por el resto de equipos de la Premier League inglesa, debido al “estricto” estatuto que prohíbe a los estados adueñarse de clubes, sin embargo, la federación inglesa alegó no poder probar que el PIF y el gobierno saudí esten asociados y autorizó la compra, algo que suena como una excusa vaga, ya que el presidente de esta institución es Mohammed Bin Salman, príncipe heredero y primer ministro de la nación árabe.

Mohammed Bin Salman con la vestimenta protocolar.

El interés por sumar capitales deportivos a su portafolio y posicionarse en el ojo público de Bin Salman es parte de su proyecto más ambicioso, la Visión 2030, un plan trazado en 2016 que tiene como misión diversificar la economía del país para dejar de ser dependientes del petróleo, previendo un aumento del uso de energía eléctrica y solar, apostando al turismo mediante la construcción de ciudades modernas como Qiddiya y The Line. A su vez buscan abrirse al mundo y modernizarse socialmente, un paso clave para esto fue eliminar las barreras que incumplían con los derechos de las mujeres, destacando la prohibición a manejar cualquier tipo de vehículo motorizado, entrar a estadios deportivos y asistir a cualquier escuela o universidad libremente. 

Estos dos objetivos desembocan en otro importante aspecto de la visión, convertir a Arabia Saudita en una sede recurrente de los más importantes eventos deportivos de toda índole, lo lograron con el automovilismo por medio de la incorporación del circuito de Jeddah Corniche al calendario de la Fórmula Uno, con el tenis y la organización de las WTA Finals 2024 y un posible ATP Masters 1000 en Riad a partir de 2028, el pádel con la Riyadh Season Premier y el fútbol con la organización ya confirmada del Mundial 2034, que le fue otorgada luego de que la FIFA decidiera que en tan solo ocho años la Copa del Mundo pase por Sudamérica, Norteamérica, África y Europa, logrando que vuelva a Asia en tiempo récord.

Un total de 910 acuerdos comerciales deportivos que forman parte de un lavado de imagen al país del Golfo, una operación gigantesca que trata de encubrir los abusos a los derechos humanos propinados por parte del estado, que además de ser un territorio hostil para la comunidad LGBTIQ+, participó en el homicidio del periodista opositor Jamal Khashoggi, que fue torturado y estrangulado en el consulado árabe en Estambul durante su exilio en Turquía. Los asesinos viajaron en un avión del PIF y nunca fueron identificados, posteriormente la CIA (Agencia Central de Inteligencia estadounidense) afirmó que fue una orden de Bin Salman, pero que este era inimputable por su condición de mandatario. Para la realización de sus proyectos arquitectónicos desplazó a la tribu Howeitat y condenó a muerte a tres de sus ciudadanos por marchar en contra de su migración obligada, también hay decenas de denuncias de habitantes (en su mayoría mujeres) que fueron apresadas con condenas que llegan hasta los 45 años por criticar al gobierno en X, sentenciadas por “difamar al Reino”.

Su logo con una palmera y dos espadas está a la vista de todos en cada partido y su peligrosa influencia crece constantemente, pero de alguna manera logra pasar desapercibido.

Heritage Cup: el primer título de la selección argentina de lacrosse femenino

Por Carolina Jazmín Geloso y Juan Sebastian Gradin

La selección femenina de lacrosse ganó su primer título en la Heritage Cup al salir campeona invicta de la edición 2025 del torneo internacional con 32 equipos, en la división de mujeres que se disputó del 23 al 26 de mayo en Boston, Estados Unidos y en el que Argentina se enfrentó a cinco países: Eslovaquia, Puerto Rico (rojo), México (blanco), Israel (azul) y Gales.

En el primer partido, el seleccionado le ganó 22 a 0 a Eslovaquia. Contra Puerto Rico (rojo) se impuso por 13 a 6. En el tercer partido consiguió la victoria con un 8 a 5 contra México. Ya en la semifinal, Argentina derrotó por 8 a 4 a Israel (azul) para ganar la competencia al vencer con el mismo resultado a Gales. Según el sitio oficial de la Heritage Cup, la selección femenina hizo 59 goles en 180 minutos de competencia.

El torneo estuvo dividido en cuatro días en los que cada país jugó al menos cinco partidos de 40 minutos cada uno (de dos tiempos de 20) con varios enfrentamientos todos los días. Según el entrenador principal desde que la Asociación Argentina de Lacrosse decidió desarrollar un seleccionado femenino en 2018, Nicolás Prandi, la táctica para los partidos era “arrancar con toda y después ponerlo en piloto automático al segundo tiempo”. El seleccionado metió sus primeros 6 goles antes de que Gales lograra el primero. Prandi también destaca el rol de las mediocampistas en la final porque pudieron ganar la pelota en el medio y meter 7 de los 8 goles.

El lacrosse femenino de campo se juega al aire libre en una cancha con medidas de 100 metros de largo y 55 metros de ancho. En cada equipo hay diez jugadoras y cada una tiene un palo con una especie de “bolsillos” con red en el extremo superior para poder tener posesión de la pelota de goma y pasarla. Como medidas de protección, usan un equipo reglamentario que incluye antiparras y protector bucal.

Al principio de cada tiempo y después de cada gol se inicia el juego con un “draw” que, en palabras de Milena Isturiz, mediocampista de la selección argentina que formó parte de la Heritage Cup, es cuando se saca del medio. “Hay 3 jugadoras, una en el medio que saca y 2 en el círculo y es como un 3 contra 3, la pelota va para arriba y el equipo que la gana primero tiene posesión”, explica sobre el propósito del saque.

Para afrontar la exigencia del deporte, Prandi dejó en claro la importancia de la actitud dentro del plantel, más allá del esquema táctico que utilice. Sus jugadoras deben prepararse físicamente para poder presionar a las rivales durante todo el partido y de esta manera buscar protagonismo en la cancha sin importar el torneo, ni los minutos que les toque disputar.

El inconveniente más grande que afronta la selección albiceleste de lacrosse es que sus jugadoras se están esparcidas por el mundo, ya que algunas practican el deporte por las distintas provincias como  Buenos Aires o Chubut y otras se encuentran actualmente en Estados Unidos. De esta manera, el esquema que usa Prandi se basa en mandar rutinas a sus jugadoras para que cada una siga el entrenamiento desde su respectiva localidad y se organizan giras en las cuales se juntan para poder trabajar con todas y fomentar la unión dentro del grupo.

Para el entrenador la pandemia por el COVID-19 tuvo un gran impacto en el deporte. “En un momento teníamos 200 personas jugando, después bajó a menos de 100 y en estos momentos estamos todavía tratando de volver a donde estábamos”, explica. Pese a que es difícil generar el momento que necesitan con el lacrosse después de 2020, destaca el trabajo de las jugadoras y jugadores porque gracias a ellos “en Argentina todavía existen los clubes”.

Después de consagrarse campeón de la Heritage Cup, la selección argentina de lacrosse se centró en el Clasificatorio Panamericano (PALA Championship) que es una instancia de eliminatorias rumbo al Mundial de Lacrosse de Japón 2026. El certamen se llevó a cabo del 26 al 30 de junio en Florida y fue disputado por Argentina, Canadá, Jamaica, México, Perú, Puerto Rico, Estados Unidos y Haudenosaunee (una organización deportiva indígena). Ganó contra Jamaica 16 a 9, perdió contra Haudenosaunee en su segundo partido en el certámen por 18 – 9 y también su tercero contra Canadá (24 – 2). Después de vencer 21 a 8 a Perú, la selección se jugó la clasificación contra México y logró el 5° puesto que necesitaba para asegurarse el último cupo al ganarle 16 a 8.

La clasificación no es importante solo por el mérito deportivo, sino por la visibilidad también. Sobre esto, Prandi asegura: “Para arrancar hace falta reconocimiento y poder mostrar un producto algo más tangible. Poder ganar y poder estar en torneos internacionales y que la gente conozca más el deporte”. Aunque la selección todavía debe mejorar para competirle a las potencias mundiales como Canadá y Estados Unidos, ya posee un gran nivel. Lo que es necesario es mayor exposición para poder tener mayor infraestructura y mejorar la manera de practicar el deporte en Argentina.

El lacrosse todavía no es reconocido por el Comité Olímpico Argentino (COA) y para Prandi trabajar con la Asociación para que suceda es uno de los primeros pasos para divulgar el deporte y tener más apoyo. Le abriría las puertas a la selección para participar de competencias como los Juegos Panamericanos, porque según el entrenador, “estaría buenísimo también ser parte de algo así, como un primer paso” y también de los Juegos Olímpicos después de que el Comité Olímpico Internacional (COI) lo incluyera en Los Ángeles 2028. La mediocampista de la selección Milena Isturiz cuenta: “Yo creo que el sueño de cualquier chica que está en la selección hoy en día es poder clasificar a los Juegos Olímpicos y ser el primer equipo que juega lacrosse para Argentina en hacerlo en la historia del país”.

Participar de una competencia de esa magnitud le brindaría mucha notoriedad y podría marcar un antes y un después, no solo para este deporte, sino que también para la historia olímpica del país. Grandes disciplinas que hoy forman parte de la cultura Argentina se instalaron luego de campañas heroicas por parte de deportistas que dejaron en lo más alto la bandera de nuestro país. El fenómeno de Las Leonas en el hockey a partir de la medalla de plata que ganaron en Los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y que impulsó a muchas chicas a empezar a practicar el deporte, o la popularización y el reconocimiento que recibió el BMX Freestyle después de la consagración de José “Maligno” Torres al ganar la medalla de oro en en los Juegos Olímpicos de París 2024, son solo algunas de las tantas historias que enriquecen la diversidad de los deportes practicados en Argentina, y tal vez, el lacrosse sea una de ellas.