Por Valentino Ambrune
El domingo a las 15, Boca y River volverán a protagonizar una nueva edición del superclásico del fútbol argentino, en el Estadio Alberto J. Armando, por la fecha 15 del Torneo Clausura 2026. Mientras cada cuerpo técnico prepara las mejores tácticas y el mejor once inicial, el estado físico de los futbolistas es un aspecto determinante en la decisión. Las lesiones, los tiempos de recuperación y la posibilidad de arriesgar a un jugador que no está en su plenitud física son parte de esta planificación.
Este clásico cuenta con la particularidad de que ambos equipos cuentan con varias bajas por lesión y jugadores que son duda hasta último momento. Del lado de Boca, Agustín Marchesín se recupera de una rotura de ligamento cruzado anterior sufrida en abril; Adam Bareiro atraviesa la fase final del proceso postoperatorio por una hernia de disco lumbar, Tomás Belmonte volverá a principios del 2027 de su rotura de meniscos y Tomás Aranda apunta a estar para las semifinales de Copa Argentina ante Banfield el 14 de noviembre. A ellos se les suma Leandro Paredes, que jugará el partido a pesar de haber sufrido un desgarro grado 2 en el isquiotibial derecho el 9 de octubre en el partido frente Instituto.
River por su parte llega con un panorama físico que fuerza a Leonardo Ponzio, director técnico, a tomar precauciones. Juan Carlos Portillo y Agustín Ruberto siguen con sus recuperaciones de rotura de ligamentos cruzados; Fausto Vera sufrió un desgarro en el isquiotibial derecho y está descartado; Aníbal Moreno tuvo una contractura en el gemelo derecho, es evaluado día a día y su presencia en el equipo se definirá al límite; y Marcos Acuña y Sebastián Driussi que no jugaron ante Racing por molestias físicas y estarán disponibles para el superclásico.
Para entender cómo se trabaja detrás de cada diagnóstico, Federico Brandt, médico de campo del plantel profesional de River entre 2016 y 2024, es una referencia para analizar cómo se evalúa la disponibilidad de un futbolista y cuáles son los criterios que intervienen en estas decisiones.
Una lesión no tiene un tiempo de recuperación universal. Dos jugadores pueden sufrir un problema en la misma zona muscular y necesitar tiempos diferentes para volver a competir. La gravedad, la ubicación de la lesión, los antecedentes del deportista, su condición física y la respuesta individual al tratamiento son algunos de los factores que intervienen. Por eso, cumplir una determinada cantidad de días desde la fecha de baja no significa necesariamente estar preparado para jugar.
La vuelta al fútbol es un proceso de varias etapas, primero, la recuperación clínica, después la reincorporación progresiva a los entrenamientos y termina con la evaluación de la capacidad del futbolista para hacer movimientos propios del juego: acelerar, frenar, cambiar de dirección, saltar o disputar una pelota.
-¿Puede cambiar ese criterio cuando se acerca un superclásico?
-La importancia de un partido puede influir en la tolerancia al riesgo y en las expectativas del cuerpo técnico. No es lo mismo preparar a un futbolista para un partido de temporada normal que para una final o un clásico. Así y todo, acelerar una recuperación no significa que el tejido lesionado haya completado su proceso de reparación. En ciertas circunstancias se puede modificar la intensidad de los entrenamientos o la participación del jugador, pero no se puede eliminar biológicamente el tiempo necesario para sanar.
-¿Un músculo se puede tensionar de acuerdo al jugador y a la importancia de lo que esté en juego?
-Creo que sí, puede pasar pero no es lo normal, dependiendo del nerviosismo y el estrés mental eso puede trasladarse a algún músculo que esté fatigado por una acción previa. Si no hubo una lesión anterior o mucha exigencia en un periodo corto de tiempo es algo que no debería pasar.
Un caso particular es el de las infiltraciones. Es un procedimiento que consiste en administrar medicamentos, generalmente con el objetivo de disminuir el dolor en una zona determinada. Puede permitir que un deportista compita con menos molestias, pero no arregla una lesión ni garantiza que el músculo, tendón o articulación estén preparados para soportar la exigencia.
Así, mientras Boca y River definen sus formaciones, los cuerpos médicos son parte de un desafío aparte, hacer lo posible para que la mayor cantidad de jugadores estén disponibles y tomar la decisión de definir quién se encuentra en condiciones y quién no. Entre los distintos tiempos de recuperación y tipos de lesiones se hace un balance entre necesidad deportiva del club acorde al próximo partido y cuidado físico de cada deportista.





