Por Nehuén Zuñiga
Son las 12 del mediodía del jueves 15 de octubre del 2026, en un día nublado. La llovizna se hace sentir y el olor a barro húmedo es protagonista en el predio Villa Fracchia, donde entrena el plantel profesional de Tristán Suárez, que milita en la B Nacional. En el entrenamiento, el director técnico del “Lechero”, Jose Maria “Pancho” Martinez, pone a Diego Becker, el número 10 y enganche, a patear tiro libres para que Joaquín Bigo, el arquero cordobés que contiene el récord de vallas invictas del torneo, se zambulla a atajar la pelota en un suelo con una combinación de pasto y barro.
Una vez terminado el entrenamiento, Bigo se saca los guantes y sale vestido con su camiseta y short de color azul y blanco, que determina los colores del club de Ezeiza, y se dirige para dentro del predio. Saluda a los utileros y al director deportivo. Pasa por el pasillo y en la pared dice “Nunca dejes de soñar”, abre la puerta y se sienta en un sillón azul individual a metros del gimnasio donde se llevará a cabo la entrevista.
– A diferencia del resto de los jugadores, sabemos que el puesto de arquero es mucho más complicado, ya que los jugadores prácticamente van rotando. El puesto de arquero prácticamente queda fijo. ¿Cómo se maneja la paciencia cuando te toca estar en el banco esperando tu oportunidad?
– Es convivir un poco con eso, sabiendo que al que le toca, si lo está haciendo bien, es muy difícil que te vuelva a tocar. Sabes que si al que está siendo titular le está yendo bien, tenés un tiempo largo en tratar de jugar. Si el arquero titular este fin de semana ataja bien, ya sabés cuando termine el partido que el próximo no vas a jugar y seguramente el que sigue tampoco. Entonces, creo que es apoyarte en tu compañero, en tu mismo compañero que está jugando. Hay que ser buena gente en ese sentido, apoyar al que le toca jugar. Porque cuando a uno le toca, también le gusta recibir lo mismo al otro lado. Pero no te voy a negar que es complicado, porque el año es largo y saber que no te toca jugar y apoyar desde afuera se hace complicado. Pero es un poco de lo que se trata este deporte. Es justo a veces y muy injusto también. Pero creo que afianzándose ahí con el grupo y haciendo buen grupo con los chicos se hace más llevadero.
– ¿Cambia algo mentalmente cuando te toca ser titular o suplente?
– No, creo que en eso está también. Hay que entrenarse de la misma manera, cuidarse de la misma manera cuando te toca y cuando no te toca. Porque el momento en que te toque, ya sea por una lesión o lo que sea, te toca jugar y no estás entrenando al 100, no te estás cuidando al 100 como deberías hacerlo. Ahí los resultados son los que vos mismo sembraste. Hay que cuidarse de la misma manera, entrenar de la misma manera. En algún momento, si no es este año o el año que viene, te va a tocar y cuando te toque hay que estar preparado para ganarse la confianza y no salir más.
– ¿Cómo se construye una competencia sana y positiva en un puesto donde la rotación es baja?
– En mi caso yo siempre intenté apoyar al compañero que le toca. Porque de nada sirve tirarle la mala si al fin y al cabo el rédito es grupal. Siempre apoyando al compañero, aunque uno siempre quiere jugar. Es un poco un deporte en grupo, pero también individual, más que nada el arquero. O los jugadores del campo también, porque todos quieren jugar. Siempre ser buena gente y apoyar al que le toca. Si le está tocando por algo es. Porque al técnico por ahí le gusta más a uno que al otro, y capaz que en las siguientes semanas perdés y cambia de técnico, capaz que el próximo técnico te quiere más a vos que al otro y te toca jugar. Entonces, hay que apoyar.
– Ahora prácticamente el arquero no solamente tiene que atajar, sino que también tiene que salir jugando con los pies y salir a cortar los centros. ¿En qué aspecto sentís que tuviste que cambiar el sistema de juego tuyo?
– A lo largo de mi carrera lo que yo sentía era que manejaba mucha ansiedad. He tenido errores en que me quise anticipar a la jugada antes de que salga el jugador. Y me ha costado en momentos del puesto, más que nada en Estudiantes de Río Cuarto me costó. Y creo que lo que cambié fue eso, bajar un poco las revoluciones, porque no era lo óptimo. Quería siempre intentar terminar la jugada antes de que iniciara. Entonces la cabeza me iba a mil, salía mucho del área en su momento. Quería tratar de tapar los huecos de mi compañero cuando no eran necesarios. Y creo que eso es un gran punto a favor que lo pude cambiar.
– ¿Cómo hacés para trabajar el margen de error y el chip mental para dar vuelta a la página rápido en pleno partido?
– Es complicado. Después de un error grosero que te cuesta un resultado. Mucho tiene que ver también el rendimiento que venís teniendo y cómo está el club en el momento del campeonato. Pero sí es complicado porque uno nunca quiere perjudicar al equipo y por ahí ves que tus compañeros están haciendo un esfuerzo enorme. Terminar el partido o perder el partido de una manera, con un blooper, es muy doloroso. Por lo menos yo lo siento así. Pero bueno, he aprendido a cambiarlo también, sé que convivimos con el error. Hay que aprender a convivir con el error, porque no somos perfectos. Pero bueno, le pasa a todos.
– ¿Crees que el error del arquero cuesta la titularidad?
– Por momentos sí, por momentos no. Depende de las reiteradas veces que lo hagas. Por ahí, si sos un arquero regular y tenés algún que otro error, no pasa nada. Todo el mundo tiene errores, todos los arqueros tienen errores y los jugadores también. Entonces depende la cantidad de veces que lo tengas y cómo te repones a eso. Y lo que vos le brindás al equipo en cuanto a la emoción después de haber tenido el error.
Bigo, llegó a préstamo a Tristán Suárez en enero, tras el regreso de Nicolás Sumavil a Platense. El cordobés viene de Estudiantes de Río Cuarto, el club del cual salió de las inferiores, y que en el 2025 logró ascender a la Primera División del fútbol argentino. En esa etapa en el “León del imperio”, sólo atajó ocho partidos como titular de los 41 que estuvo convocado. En este nuevo ciclo en el “Lechero”, es el arquero con más vallas invictas de la B Nacional.
– Llegaste a Tristán Suárez a préstamo a principios de año. ¿Qué fue lo que te convenció del club y con qué proyecto te encontraste al sumarte al equipo?
– Lo que me llamó a venir fue que en Río Cuarto sabía que no iba a tener la posibilidad que me está brindando Suárez hoy. Sí iba a tener la posibilidad de competir, pero iban a llegar otros arqueros más e iba a arrancar un poco de atrás. Cuando ya estaba todo medio definido con qué me quedaba, porque sinceramente no tenía otro club para donde ir, no tenía otras posibilidades. Me llamó Miguel Montillo, entrenador de arqueros. Estaba buscando justo un arquero para que se sume al club. Yo lo necesitaba, más que nada porque el año anterior había tenido pocos partidos también. Había jugado ocho partidos en todo el año y era muy poco. Siguió la posibilidad de venir a sumar minutos acá y creo que al fin y al cabo la decisión me parece que fue correcta.
– ¿Cuál fue el objetivo que te planteaste al llegar a Tristán Suárez y cómo evalúas hasta ahora la adaptación al equipo?
– El objetivo, como te dije en otro momento, fue tratar de mejorar la campaña del año pasado, que había sido muy buena. De la mejor de la historia del club, porque hace poco es de la B Nacional. Un poco lo que me planteé personalmente fue tratar de mejorar, en cuanto a estadísticas, en mi puesto y como grupo mejorar el rendimiento del año pasado, que fue muy bueno. Creo que de a poquito arrancamos el año bastante regular y me parece que lo estamos consiguiendo. Estamos ante una posibilidad muy buena, así que nada, no queremos desaprovecharlo.





