Por Luca Canga
Es un miércoles lluvioso en Liniers, donde el agua tapa los pies. A una cuadra está la cancha de Vélez. El ex futbolista y entrenador Ricardo Gareca llega con su paraguas, lo cierra y luego saluda amigablemente. A metros de distancia se distingue un perfume dulce que invade el ambiente. El Tigre calmado se sienta dispuesto a charlar un rato sobre su vida y carrera en el fútbol.
-La primera vez que estuviste con una pelota, ¿dónde estabas y con quién?
-Vivíamos en Miralla y Tandil, ahí en Mataderos. Recuerdo que siempre estuve atrás de una pelota, pero lo primero, una de las cosas que más recuerdo es cuando me regalaron los guantes de arquero.
-Claro, porque comenzaste atajando.
-Yo comencé atajando, el ídolo mío era Marín. Entonces esos fueron los primeros recuerdos que tengo de chico. Me regalaron el buzo de arquero también para los Reyes. Me llevaban a jugar para los más grandes.
-¿Hacías la diferencia ahí entre los más grandes?
-No, no, pero siempre jugaba con los más grandes. Como te decía atajaba y era, según lo que decían, era bueno atajando. Porque inclusive atajando en un momento me vino a buscar San Lorenzo.
-¿Cómo fue eso?
-Porque yo jugaba en Juvencia de Tapiales y jugábamos en cancha de once también. En un momento me hablaron los de San Lorenzo, pero yo ya tenía once años, ya estaba más jugando en el medio.

-¿Cómo fue ese cambio? De pasar del club de barrio a Boca.
-Bueno me conocían por jugar en Boca. Primero me conocían en el barrio por ser hincha de Vélez, ¿viste? Porque era el único hincha de Vélez. Mi papá era de la capital, de la antigua cancha de Vélez, sobre la calle Basualdo. Seguía jugando (en Juvencia) como no estaba fijo en Boca todavía. Después ya empecé a jugar en Boca, en las divisiones menores y me cuidaba un poco más, pero igualmente seguía jugando con mis amigos del barrio.
-En Boca se da tu pase a River ¿cómo viviste ese momento?
-Siempre fue traumático eso porque era el goleador de Boca, en un momento crítico del club, porque estuvimos dos años sin contrato. Entonces, en ese momento también, hubo una huelga para que reconozcan al jugador. Ahí participamos con (Óscar) Ruggeri y Mario Franceschini. Se había parado el trabajo de la selección también, me agarró participando en una huelga en la cual yo fui un poco la cabeza de todo eso. Después aparece River para destrabar, quería llevarnos a toda costa.
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-En el final de tu carrera te retirás en Independiente, ¿ya lo tenías decidido?
-Fue algo que se dio repentino porque en el trayecto de ese año muy bueno de Independiente, también se mata un amigo mío, que era el Gallego Vásquez (Jorge Alberto Vázquez). Amigo de toda una banda de muchachos de Boca y me agarró así ya de grande y la verdad que no, no tenía muchas ganas de seguir.
-En Independiente también tuviste uno de tus primeros trabajos como técnico, ¿cómo fue ese paso de jugador a entrenador?
-Bueno, fue medio traumático, porque hubo alguna confusión. A veces cuando tenés tanta amistad como la que tenía yo con los muchachos de Independiente, se confunde la amistad con la obligación de jugar. Me costó no porque no tomara decisiones, pero, fue medio confuso todo. Ellos tenían mucha confianza conmigo también, yo tenía mucha confianza con ellos. Entonces bueno, fue medio traumático ese paso como técnico en Independiente.
Afuera, mientras sigue lloviendo y se oye algún trueno. El Flaco hace pausas, le da un trago al vaso de agua que tiene al lado mientras repasa sus años más gloriosos. Además, recuerda su etapa en Perú, país que visita con frecuencia y tiene una historia particular con él.
-¿Cómo fue ser entrenador de Vélez siendo hincha?
-Uno siempre viene con expectativa, entonces (Christian) Bassedas me agarra y si ganaba Raffaini (Fernando Raffaini, expresidente de Vélez), era un año de elecciones, Bassedas iba como mánager y él en una reunión que tuvimos me dice: “Te voy a proponer a vos como técnico”. Yo estaba dirigiendo a Universitario de Perú. Entonces me llamó la atención, yo tenía confianza con Bassedas de chiquitito, porque él cuando yo vine a Vélez recién comenzaba, tenía diecisiete años, era un nene. Pero no tenía tanta confianza como para que él me dijera a mí o se comprometiera a traerme.
-¿Qué lugar ocupa Vélez en tu carrera? Como técnico y jugador.
-Vélez primero fue mi revancha, porque después, cuando estuve en la etapa de jugador, estuve a un paso ahí nomás de conseguir un título. Después, cuando vino Bianchi, yo hice la pretemporada con él. Surge Independiente, que me quería, que me compró y Vélez estaba atravesando problemas, por la plata que ofrecieron a un jugador de la edad mía. Entonces ahí vino la etapa gloriosa de Bianchi. Me quedé un poco con esa espina de poder compartir con muchachos que había jugado hasta hacía poco. Cuando viene esa etapa de entrenador es como que tuve la oportunidad de lo que pude haber vivido como jugador, me tocó vivirlo como técnico, fue muy emocionante. Así que yo creo que mi viejo que había fallecido un año antes, tuvo mucho que ver también, porque siempre me estaba diciendo: “Vas a dirigir Vélez, vas a dirigir Vélez”.
-Clasificaste a Perú a un mundial después de 36 años ¿que significó para vos?
– Sí, allá la verdad que me tratan muy bien, el peruano. Acá mismo también me encuentro con muchos peruanos o el lugar a donde voy, que hay peruanos por todos lados y la verdad que me tratan con mucho cariño. Fue un acontecimiento porque hacía muchos años que no iban, de frustraciones. Entonces, justo en esa etapa, me adapté rápido también a Perú. Ya tenía conocimiento de haber dirigido a Universitario. Así que pegamos onda enseguida, logré una empatía rápida con los jugadores. A partir de ahí fue difícil, me costó mucho al principio, pero tuve el respaldo del presidente, de (Edwin) Oviedo, el equipo se fue afianzando hasta lograr el objetivo.
-En 1985 haces el gol para dejar afuera del mundial a Perú y 32 años después los clasificaste ¿te lo recordaron alguna vez?
-Sí, loco, y cuando llegué me lo hicieron saber. Yo iba a hacer todo, porque yo no tenía ninguna deuda con nadie, si yo representaba a Argentina. No tenía nada que ver, pero bueno, después se dio esa coincidencia. Justo me tocó hacer el gol de la clasificación con Argentina y después clasificar a Perú. Sí, fue algo emocionante.
-¿Te gustaría dirigir la Selección Argentina en un futuro?
-Yo la selección es como…si bien tengo fe para todo, de todas maneras es una etapa que creo que ya pasó mis mejores momentos. De edad, de resultados y con los problemas que tenía Argentina de que no encontraba el rumbo. Entonces, quizás podía haber tenido opción en algún momento, pero después vino esta etapa de (Lionel) Scaloni, que es tremendamente exitosa y que creo yo que sería lo ideal que él continúe al frente de la selección.
-¿Cómo ves el retiro de Messi de la selección?
-Creo que lo va a sentir Argentina, pero me parece que a diferencia de cuando Diego (Maradona) dejó la selección, hoy está mejor armada. Es como un grupo más unido da la sensación, con un técnico, que tiene claro las cosas y un técnico joven también. En aquel entonces había mucho problema entre Menotti y Bilardo, mucha rivalidad. Si bien pasaron grandísimos técnicos por la Selección Argentina, le costó afianzarse sobre todo a nivel mundial. Me parece que este es un caso diferente, la selección viene siendo pareja en su rendimiento, puede seguir por un camino exitoso la selección.
– ¿Cómo era convivir con Maradona?
-Maradona era un ser muy de luz, como es supongo yo, este chico. Son jugadores que emocionan, nos emocionan. Se notaba enseguida la presencia de él, el aura de él. Le vi hacer cosas fantásticas, era fantástico como jugador, aún y más todavía en la intimidad. Siempre me llamaba la atención que nunca se ataba los cordones, él creo que ya en esa época le hacían los botines a medida. Era una cosa llamativa verlo accionar en distendido. Era muy humilde, Diego siempre lo fue con sus compañeros. Lo que pasa es que era más contestador, tenía otro carácter. Se diferencia más que nada en eso.
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