Por Lola Fariña Villaverde
El Estadio Monumental tiene capacidad para 85.018 personas y La Bombonera para 57.200. Resulta difícil imaginar un Superclásico sin las tribunas colmadas o sin los cantos que bajan desde la popular. Sin embargo, en 1985, el estadio 23 de Agosto de Jujuy fue escenario de una situación insólita: no había más de 2.000 personas en las gradas y por los altoparlantes se anunció que el encuentro quedaba suspendido.
La falta de público tuvo consecuencias que fueron más allá de una imagen inusual. La recaudación no alcanzaba para cubrir el dinero que se había acordado pagarles a ambos clubes y, sin ese monto, el partido no podía comenzar.
Boca había quedado fuera de la rueda de perdedores del Nacional y llevaba un mes sin disputar partidos por los torneos de AFA. El Xeneize necesitaba disputar amistosos para recuperar ritmo futbolístico y, al mismo tiempo, encauzar la difícil situación económica que atravesaba el club.
Pero ¿cómo llegaron River y Boca a jugar en Jujuy y por qué se vendieron tan pocas entradas?
El Millonario y el Xeneize habían sido convocados para participar del “Cuadrangular de las estrellas”, un torneo amistoso organizado por Gustavo Sandoval, empresario y, por entonces, sargento ayudante del Ejército en el Grupo 5 de Artillería de San Salvador de Jujuy. El evento también reunía a Gimnasia de Jujuy y Juventud Antoniana de Salta.
La escasa venta de entradas tuvo dos explicaciones principales. Por un lado, la fecha elegida coincidía con un amistoso entre la Selección Argentina y Brasil, que concentraba buena parte de la atención futbolística del país. Por otro, muchos empleados provinciales todavía no habían cobrado sus salarios y no tenían dinero para destinar a las entradas.
El torneo estaba programado para el fin de semana del 4 y 5 de mayo. River no iba a contar con Oscar Ruggeri, Ricardo Gareca y Nery Pumpido, pero el equipo dirigido por Héctor Veira tenía otras figuras: Sergio Goycochea, Enzo Francescoli, Américo Rubén Gallego y Norberto Alonso. Del otro lado, Boca presentaba a Hugo Orlando Gatti, Julio Olarticoechea y Carlos Tapia, con Alfredo Di Stéfano como entrenador.
El sábado, Boca empató 2-2 con Juventud Antoniana en Salta, mientras que River venció 3-0 a Gimnasia de Jujuy. La final entre los dos equipos porteños quedó programada para el domingo al mediodía. Sin embargo, el interés que prometía el cruce no se tradujo en las boleterías.
Los problemas económicos comenzaron a aparecer incluso antes de que los equipos llegaran al estadio. Sandoval reconoció que había cometido un error al alojar a las dos delegaciones en el mismo hotel. Según contó en una entrevista con el periodista Andrés Burgo, primero le había entregado el dinero a Boca. El Loco Gatti aprovechó la situación para contarle a los jugadores de River porque sus compañeros ya habían cobrado, mientras que un dirigente del Millonario reclamó recibir el pago por adelantado.
El organizador tenía previsto pagarles a los clubes el sábado, pero la recaudación de la primera jornada había sido muy inferior a la esperada. Por eso, les pidió a los dirigentes de River que aguardaran hasta el domingo por la mañana.
La mañana del domingo llegó y los 5 millones y medio de pesos acordados con River todavía no estaban. El partido debía comenzar a las 12.30. Los dos micros con los planteles partieron rumbo al estadio, pero se detuvieron en la curva previa al 23 de Agosto. Los jugadores estaban listos para salir a la cancha, aunque la decisión de los dirigentes de River terminó por frustrar el encuentro.
Sandoval recordó que Boca estaba dispuesto a jugar incluso sin cobrar: “Los dirigentes me decían: “Traete un equipo del Mercado de Abasto y jugamos igual”. Necesitaban la plata. Pero el tema era River”. El Bambino Veira también quería que el partido se disputara, pero un dirigente del Millonario se negó a que el equipo saliera a la cancha. “Los números no me daban, era imposible”, explicó Sandoval.
La decisión ya estaba tomada. Desde los altoparlantes anunciaron la suspensión y les informaron a los pocos espectadores que habían llegado que podían recuperar el dinero de sus entradas en la boletería.
Los jugadores nunca llegaron a bajar de los micros. El partido que había reunido a algunas de las figuras más importantes del fútbol argentino terminó antes de empezar, sin pelota en movimiento y ante unas pocas personas en las tribunas. Aquel domingo el Superclásico tuvo dos equipos, un escenario y hasta un horario, pero nunca llegó a jugarse.





