Fernando Cáceres, entre Boca y River: “Son camisetas distintas, pero los dos dejan todo” 

Por Lautaro Gómez Gallegos

El ex-zaguero vistió la camiseta del club Xeneize y del Millonario. A días de un nuevo enfrentamiento, recordó sus experiencias, explicó que hace especial al partido y reflexionó sobre la pasión de los hinchas. 

La voz de Fernando Cáceres llega sin apuro. Sus respuestas son breves y el tono lo mantiene tranquilo, incluso cuando la conversación se mete en uno de los partidos que más emociones despiertan en el fútbol argentino. El Negro, sentado en su silla de ruedas luego de un hecho fatidico en 2009, no necesita extenderse demasiado para dejar en claro lo que significa un Superclásico: la atención de millones de personas, la expectativa de los hinchas y la obligación de salir a la cancha a buscar la victoria. 

Su historia tiene capítulos que exceden ampliamente los noventa minutos. En noviembre de 2009, un intento de robo en Ciudadela lo dejó gravemente herido y marcó un antes y un después en su vida. Desde entonces, su recuperación estuvo atravesada por secuelas permanentes. Pero el fútbol siguió siendo parte de su camino. A lo largo de su carrera había defendido las camisetas de Argentinos Juniors, River y Boca, además de integrar la Selección argentina y jugar en el exterior. 

Nacido futbolísticamente en Argentinos Juniors, el Negro pasó por River a comienzos de la década del 90 y llegó a Boca en 1996. También tuvo una extensa trayectoria en el fútbol español y fue parte de la Selección argentina, con la que conquistó la Copa América de 1993. Su carrera le permitió conocer diferentes escenarios, aunque hay un partido que conserva un lugar especial entre los recuerdos de cualquier futbolista que haya pasado por los dos clubes más populares del país. 

– ¿Qué tiene el Superclásico que lo diferencia de cualquier otro partido?

– Es siempre un partido muy especial. Todo el mundo lo mira y quiere ver que uno le gane al otro. Es una semana diferente por todo lo que se genera alrededor, pero uno tiene que prepararse de la misma manera que para cualquier encuentro: estar bien con la familia, entrenarse y llegar en buenas condiciones.- 

– ¿La presión de la gente se siente dentro de la cancha?

– Cada jugador lo vive de una manera distinta. En mi caso, cuando entro a la cancha, no existe nada más que el partido. No pienso en la gente ni en lo que pasa afuera; solamente en lo que tengo que hacer dentro del campo de juego.- 

La concentración aparece como una de las claves de su relato. En un encuentro en el que cada jugada puede convertirse en tema de discusión durante días, Cáceres destaca la necesidad de aislarse del ruido exterior. La tribuna, sin embargo, no pierde su lugar en la experiencia: después de retirarse, pudo observar desde otra perspectiva aquello que antes vivía como protagonista.

– ¿Cómo cambió tu manera de vivir el clásico después del retiro?

– Ahora lo puedo mirar más tranquilo, analizarlo y comentarlo. Antes estaba adentro y tenía que jugarlo; hoy lo veo desde afuera y ya no puedo intervenir. La pasión de la gente es un placer. Esa euforia del público es algo que disfruto.- 

Cáceres disputó cuatro Superclásicos, según recordó durante la entrevista: tres con River y uno con Boca. Los resultados no siempre lo acompañaron, pero su memoria no se detiene únicamente en los números. El ambiente, la salida al campo y todo lo que se genera alrededor del encuentro forman parte de una experiencia que, para él, no se reduce a una estadística. 

– ¿Te quedó algún recuerdo especial de esos partidos? ¿Hubo algún cruce fuerte con un rival?

– Los recuerdo a todos de una manera parecida, por el ambiente que se vive, por entrar a la cancha y por todo lo que se genera antes y después. Con los rivales no tuve ningún episodio especial. Siempre hay comentarios, dependiendo de cómo esté el partido, pero nada fuera de lo habitual.- 

La rivalidad también exige confianza. Cáceres considera que el deseo de ganar es fundamental, aunque no alcanza por sí solo: el futbolista necesita apoyarse en sus compañeros, tomar decisiones y aprovechar las oportunidades que aparecen durante el juego. La tensión puede ser enorme, pero la respuesta debe construirse dentro de la cancha. 

– ¿Qué consejo le darías a un jugador joven que está por debutar en un Superclásico? 

– Que lo disfrute. Son partidos únicos, de los que hay pocos en el mundo. Hay que vivirlos y aprovechar la oportunidad, porque no todos tienen la posibilidad de jugar un encuentro así.- 

La pasión y el límite de la violencia 

La dimensión del Superclásico no siempre queda dentro de los límites del deporte. Los episodios de violencia que marcaron enfrentamientos entre Boca y River, como el ataque con gas pimienta en La Bombonera en 2015 y la agresión al micro de Boca antes de la final de vuelta de la Copa Libertadores de 2018, trasladada a Madrid, dejaron una marca en la historia reciente de la rivalidad. 

Para Cáceres, la pasión de los hinchas es una de las características más fuertes del fútbol argentino, pero no puede convertirse en una excusa para interrumpir un partido ni poner en riesgo a quienes participan.

– ¿Qué pensás de esos episodios que terminan empañando clásicos tan importantes?- 

– Está mal. Hay que educar a la gente para que pueda disfrutar del fútbol y no interrumpir los partidos. La pasión que hay en Argentina es enorme y se conoce en todo el mundo. No podemos permitir que la violencia arruine eso.- 

La mirada del oriundo de San Isidro vuelve así al punto de partida: el atractivo del Superclásico está en lo que despierta. La expectativa, la rivalidad y el deseo de imponerse forman parte de su identidad. Pero, para que esa intensidad conserve su valor, el espectáculo debe poder desarrollarse dentro de la cancha y sin que la violencia se convierta en protagonista. 

– ¿Qué diferencias encontrás entre jugar con la camiseta de Boca y hacerlo con la de River? 

– Son camisetas distintas, pero los dos tienen calidad, intensidad y ganas de ganar. Los dos dejan todo. No hay diferencias absolutas.- 

A días de un nuevo Superclásico, Cáceres vuelve sobre un partido que conoce desde adentro y que hoy observa como espectador. Ya no necesita prepararse para marcar a un delantero ni anticipar una jugada: puede mirar, analizar y disfrutar de la pasión de las tribunas. La rivalidad seguirá siendo parte central del fútbol argentino. Para el Negro, la clave está en que esa pasión no deje de ser, ante todo, una celebración del juego. 

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