El futsal celebra su día, diez años después de llegar a la cima mundial

Por Joaquín Prieto

1 de octubre. Pareciera ser un día cualquiera para casi todos, pero para el futsalero no lo es. Como cada año desde 2017 se conmemora en honor a los campeones del mundo en Colombia 2016 el hito más importante para la disciplina, el cual confirmó que el trabajo que se venía realizando era el correcto, que se debía profundizar ya con una mayor visibilidad desde entonces, para un deporte que no para de crecer.

Aquel 1 de octubre de 2016, Argentina rompió la barrera, se adueñó con el trono que parecía que únicamente le pertenecía a Brasil y a España, en menor medida, y le mostró al mundo que había alguien dispuesto a enfrentar a las históricas potencias.

Desde Holanda 1989 hasta Uzbekistán 2024 han pasado 10 ediciones de la Copa Mundial de futsal. El seleccionado argentino estuvo en todas y eso no es casualidad. Es la causalidad de un trabajo silencioso en conjunto. Desde Vicente De Luise, quien fue el primer entrenador del conjunto nacional, hasta Matías Lucuix, actual director técnico.

Aquella cita a finales de la década de los 80 marcó el inicio de las competencias organizadas por la FIFA y de donde partía la disciplina en Argentina. Bajo la dirección técnica de De Luise, la Albiceleste obtuvo un octavo puesto en su primera participación y, en Hong Kong 1992, un séptimo. A partir de ahí, comenzaría el ciclo más extenso de un entrenador al mando del equipo nacional, el de Fernando Larrañaga.

El plantel argentino del primer Mundial, en 1989.

Larrañaga dirigió 22 partidos en Mundiales, sólo superado por el ucraniano Gennadiy Lisenchuk con 26 y por el español Javier Lozano con 32, campeón de las dos copas que posee España. Bajo su dirección técnica, se obtuvo el primer título en la historia del país: la Copa América 2003 en Paraguay. Argentina ya era un equipo fuerte en Sudamérica, pero tenía que demostrárselo al mundo entero y Taiwan 2004 era la oportunidad perfecta. En aquella edición se alcanzaron las semifinales por primera vez, en las que el seleccionado cayó por 7-4 con Italia y repitió marcador con su rival sudamericano, Brasil, en la disputa por el tercer puesto. Brasil 2008 y Tailandia 2012 con un sexto y séptimo puesto, respectivamente, confirmaron que no había sido suerte.

A finales de 2013, ya con la salida de Fernando Larrañaga, asumió Diego Giustozzi con la intención de continuar impulsando la disciplina. Unos meses después de haberse hecho con la dirección técnica, campeonó en la Copa de las Naciones 2014 y en la Confederaciones 2014. Al año siguiente, llegó la segunda Copa América a la vitrina, que le daba al equipo el último impulso de cara al Mundial de Colombia. Hasta ese momento se habían jugado siete ediciones y solo dos campeones: Brasil con cinco y España con dos.

Los dirigidos por Giustozzi no llegaban como favoritos ni mucho menos, pero sí como un seleccionado al que se debía respetar. Comenzó la acción en tierras cafeteras y Argentina se quedó con el grupo E con dos victorias ante Kazajistán e Islas Salomón y un empate con Costa Rica. 

En octavos tocaba Ucrania, que había clasificado segunda del grupo de Brasil, fue un partido muy cerrado, tan así que finalizados los 40 minutos el resultado estaba en cero. En tiempo suplementario, Leandro Cuzzolino entró a patear una sexta falta y no erró. Selló el 1-0 final y le dio el pase a los cuartos de final. “Sabíamos que iba a ser un partido duro y muy físico”, confesó Cuzzolino luego del partido y aseguró que estaban seguros que su fuerte era el juego colectivo.

Ya con los europeos en el camino, el siguiente rival era Egipto. El seleccionado debió moverse de Bucaramanga, donde había jugado sus anteriores partidos. No hubo dudas en Medellín, fue un sólido 5-0. Se venía Portugal, que contaba en sus filas con Ricardinho, galardonado seis veces como mejor jugador del mundo (2010, 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018) y máximo goleador de la edición.

La confianza del equipo nacional era total, salieron a jugar el partido con la misma convicción durante todo el torneo, y en las semifinales no iba a ser distinto. Con un juego muy intenso, los de Giustozzi tuvieron el control del partido durante los 40 minutos. El resultado final lo asegura: goleada 5-2 y a la final por primera vez. “Apuntamos a algo muy bastante alto y difícil, pero sabíamos que era posible. Nuestros objetivos eran ganar el grupo y jugar los siete partidos, los conseguimos”, declaró el capitán, Fernando Wilhelm, previo al partido con los lusos.

1 de octubre de 2016. El Coliseo El Pueblo en Cali, el escenario. Rusia, el oponente. La tensión era máxima, la oportunidad, incomparable. Como era de esperar, no iba a ser fácil. Eder Lima abrió la cuenta para los rusos a los 15 minutos, sin embargo la respuesta fue inmediata: Alamiro Vaporaki a los 16 y Cuzzolino a los 19 para irse al entretiempo en ventaja. Ya en el complemento, Alan Brandi por duplicado a los 22 y 23 marcaba el 4-1 parcial. Eder Lima descontó para los rusos, pero Constantino Vaporaki selló el quinto en la cuenta argentina. Sobre el final, Lima convirtió el tercero y Dmitry Lyskov el cuarto a segundos del pitazo final.

Respaldados en la seguridad del arquero Nicolás Sarmiento, los de Diego Giustozzi resistieron y así, con un marcador final de 5-4 en Cali, rompieron rebeldemente la hegemonía y se convirtieron en los campeones del mundo, confirmando el trabajo de las últimas dos décadas de la Asociación del Fútbol Argentino. Nicolás Sarmiento, Matías Quevedo, Guido Mosenson; Maximiliano Rescia, Pablo Taborda, Damián Stazzone; Fernando Wilhelm, Santiago Basile, Gerardo Battistoni, Leandro Cuzzolino, Cristian Borruto, Constantino Vaporaki; Alamiro Vaporaki y Alan Brandi fueron los 14 que escribieron la historia más importante del futsal nacional.

En julio de 2018, en medio del caos del fútbol de 11 luego del Mundial de Rusia y la forzada salida de Jorge Sampaoli, Giustozzi anunció que dejaba el cargo para buscar un nuevo desafío profesional en la liga de España, en el club ElPozo Murcia.

Matías Lucuix fue el elegido para continuar con el trabajo, al igual que en el fútbol, asumiría un entrenador sin experiencia previa en clubes, siendo el seleccionado su debut. Con él a la cabeza los resultados siguieron llegando: campeones de Copa América 2022 y dos subcampeonatos del mundo en Lituania 2021 y Uzbekistán 2024.

 

Qué sucedió a nivel clubes

El crecimiento de la liga local también es fruto de todo el proceso. Actualmente, el torneo de AFA se divide en cuatro categorías: Primera A, B, C y D. La creación de la Liga Nacional de Futsal federalizó la disciplina y visibilizó el trabajo de los clubes del interior. Además, son cada vez más los clubes del interior que forman parte de las competencias organizadas por la casa madre argentina. Ya con Newell´s asentado en la máxima categoría, Rosario Central en la Primera C y Atlético Provincial de Rosario en la D, se sumó Colón de Santa Fe para este 2026.

Por su lado, a nivel internacional los clubes no se quedan atrás. De 24 ediciones ya disputadas de la Libertadores de América, en tan solo tres de ellas el campeón no fue brasileño. En 2021 fue San Lorenzo, siendo hasta la fecha el único argentino en lograrlo. Además, Argentina cuenta con dos subcampeonatos: Boca en 2014 y Barracas Central en 2024. En 2019, el Xeneize fue invitado a la Copa Intercontinental y en semifinales venció 3-1 al Barcelona de España. 

Ese mismo año, la Legislatura Porteña sancionó la Ley N° 6160, la cual establece como el Día del Futsal en Argentina cada 1 de octubre, en honor al título obtenido.

El Futsal en Argentina ya no es una simple actividad amateur. Es un deporte que creció, dijo presente y apunta a más. Son cada vez más los chicos que lo practican por voluntad propia, a diferencia del pasado cuando era una segunda oportunidad para quienes quedaban libres en sus clubes de fútbol 11. El principal motor del crecimiento, obviamente, son los clubes de barrio, a quienes hay que apoyar en los momentos más difíciles ya que son ellos los que sacan a los chicos de las calles y les dan un lugar seguro. La infraestructura poco a poco va creciendo, cada vez son menos los clubes que alquilan un espacio para entrenar y para hacer de local el domingo, y cada vez son más los que invierten en la actividad, atraen sponsors, pagan viáticos a jugadores y profesionalizan la práctica de este deporte.

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