Detrás del tatami: la historia de Laura González 

Por Martina Córdoba

El seleccionado argentino de judo paralímpico cerró su participación en el Mundial en Georgia, pero detrás de cada combate hay una historia que excede los minutos sobre el tatami. La preparación, los sacrificios, la incertidumbre y la necesidad de conseguir apoyo para poder competir forman parte de un camino que muchas veces permanece lejos de las luces. Para Laura González, llegar hasta este punto fue un proceso que comenzó casi por casualidad y que, con el paso de los años, terminó transformando su vida.

González conoció el judo a finales de 2014, cuando un amigo la invitó a entrenar en el Club José Hernández, en Mataderos. Allí, las clases eran dictadas por un profesor con ceguera junto a otros docentes. Ella no conocía el judo adaptado ni sabía que las personas con discapacidad visual podían practicar esta disciplina. Lo que comenzó por curiosidad terminó convirtiéndose en una trayectoria deportiva que hoy la encuentra disputando su tercer Mundial.

Su llegada al alto rendimiento tampoco fue inmediata.

En 2015 comenzó a integrarse de a poco al seleccionado de judo paralímpico en el CeNARD y, durante los primeros años, entrenaba una o dos veces por semana. Todo cambió en 2019, cuando participó de sus primeros Juegos Parapanamericanos y consiguió una medalla de plata. Fue entonces cuando entendió que el judo podía convertirse en algo mucho más grande. “Ahí me di cuenta que esto era en serio. Hice un clic enorme”, cuenta la argentina. A partir de ese momento comenzó una transformación que implicó cambios en la alimentación, el descanso y el entrenamiento. Ya no alcanzaba solamente con practicar judo: sumó musculación y preparación psicológica para convertirse en una atleta de alto rendimiento.

El camino, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Laura incursionó en la disciplina a los 24 años, con 80 kilos, y tardó dos años en llegar a los 57, categoría en la que compitió durante varios años. Las exigencias físicas fueron acompañadas por renuncias personales: reuniones familiares, encuentros con amigos y proyectos personales quedaron muchas veces en segundo plano. A eso se sumaron los miedos y las inseguridades que todavía enfrenta antes de las competencias.

En ese recorrido también hubo personas fundamentales. Entre ellas, la judoca destaca a Guillermo Traba, director técnico y también quien había sido su primer profesor en el club José Hernández. Pero recuerda especialmente una frase que recibió en 2019 y que marcó un antes y un después: “Vos hablás más de lo que hacés”. Lejos de tomarla como un golpe, la convirtió en un impulso para demostrar que podía hacer más.

Hoy, representar a Argentina tiene para ella un significado que va mucho más allá de una competencia. Cada viaje y torneo implican preparación, sacrificios y también incertidumbre. La falta de apoyo económico es una de las dificultades que atraviesa el judo paralímpico argentino. González cuenta que, en algunas ocasiones, el propio equipo debe organizar festivales para recaudar dinero y poder costear los viajes de los atletas.

La situación también afecta a quienes recién comienzan. Según la deportista, la falta de apoyo puede impedir que atletas que tienen condiciones para desarrollarse puedan participar de competencias y avanzar en su carrera. Por eso considera fundamental que la difusión no se limite a quienes ya están en el alto rendimiento, sino que también alcance a los chicos y chicas que están dando sus primeros pasos en la disciplina. Para la judoca, hacer visible el judo paralímpico es parte de ese mismo proceso. Además, destaca la importancia de que personas con y sin discapacidad puedan acercarse al deporte y participar como compañeros de entrenamiento.

El Mundial de Georgia llegó después de una preparación que incluyó trabajo físico, entrenamiento específico de judo y, puntualmente, preparación técnico-táctica. El estudio de los rivales y la estrategia son parte fundamental de su preparación. Su relación con el judo terminó trascendiendo lo deportivo. La atleta garantizó que la disciplina transformó su físico, pero también su manera de relacionarse con los demás y consigo misma. La confianza, la seguridad y la posibilidad de conocer personas, lugares y culturas forman parte de lo que encontró en el deporte. “Judo me salvó de muchas cosas”, resume al hablar de lo que la disciplina significó en su vida.

Por eso, cuando piensa en el futuro, su sueño no se reduce únicamente a una medalla. Sí reconoce que le gustaría conseguir una paralímpica, pero también considera que ya cumplió uno de sus grandes objetivos: representar a Argentina, transmitir sus conocimientos y ayudar a que otras personas conozcan una disciplina que, según ella, puede transformar vidas. Y quizás sea ahí donde se encuentra el verdadero significado de su recorrido.

González ya no es aquella mujer que llegó al judo por curiosidad y sin saber que las personas con discapacidad visual podían practicarlo. Hoy es una atleta de alto rendimiento, una sensei y una de las personas que busca abrirle el camino a quienes todavía no conocen esta disciplina. Comentó que, si pudiera hablarle a la Laura que recién comenzaba, le pediría que no tenga miedo, que confiara en ella y que disfrutara del camino. Porque después de tantos años, competencias y sacrificios, para ella subirse al tatami, representa mucho más que competir.

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