Por Julieta Landriel
La sonrisa, sin dudas, la caracteriza. Alma Ameigeiras Mina hace parte de su previa a un partido de la Liga Argentina de Hockey sobre Hielo 2026 (LAHF), una entrevista que la destaca por el titular de lograr una primera vez para el país. Ese sueño, de muchas personas, desde cualquier ámbito, de ser pionero en su distintivo. Esta vez abrir caminos le tocó a ella, y se va a convertir en la primera argentina en competir para la Liga Universitaria de Estados Unidos (NCAA).
A sus 19 años, la oriunda de la Ciudad de Buenos Aires, es parte de la selección nacional de hockey sobre hielo y en línea (sobre rollers). Cuando cuenta sobre su vida y mira fijo a los ojos, su experiencia hace dudar al resto, porque la mentalidad le dobla la edad. Y en un deporte caracterizado por la velocidad y la adrenalina, hasta su madre, Adriana Mina, la describe como una persona “tranquila y racional, tanto dentro como fuera de la cancha”.
Antes de empezar, un empleado de Fantasy Skate apareció con una torta de rocklets y dejó dos porciones que habían sobrado de un cumpleaños. Por lo que, además de la nota de interés, fue el momento de la merienda. O en este caso, del “pre entreno”. La pista de hielo techada más grande de Sudamérica, donde un rato después la defensora estaría portando una camiseta amarilla y marcando un gol, fue el mejor lugar para entrar en cassette. Se estaba por llenar de personas que irían a verla jugar. Ya conoció en 2024 lo que es ganar un título con la camiseta de su país, y en el escenario congelado que está detrás suyo, fue subcampeona el año pasado de la IIHF 3×3 Women’s Series.
Sentada en la cafetería calefaccionada, con la camiseta argentina de mangas largas y el corte textil correspondiente a su deporte, Alma asiente a la pregunta y acepta el primer mate.
—¿Cómo empezó tu historia con el hockey? Siempre hay un referente, un familiar o incluso una casualidad que termina marcando el camino.
—Arranqué a los 10 años con Roller Hockey. Con mi papá nos habíamos mudado a un barrio que tenía distintos deportes y pensé “¿Qué puedo arrancar?”. Yo ya sabía patinar y cuando vi esa disciplina quise probar. Había una escuelita en una cancha de básquet, de cemento. La mayoría, al ser una comunidad tan chica, arranca porque tiene familiares que juegan. Pero yo no conocía a nadie, fue casualidad. Y me encantó. Un día el entrenador habló con mi papá y le dijo: “Che, esta chica está para más que entrenar acá una vez por semana”. Entonces me invitaron al Club 7, en San Isidro, que ahora está cerrado lamentablemente. Y ahí me metí de lleno.
—¿Y cómo llegaste al hielo?
—Acá había canchas chiquitas que después se cerraron por la pandemia, como Alpina o Polar City. Un día me invitaron a sumarme a la selección de menores. Entrenábamos en rollers y viajábamos a jugar torneos en hielo. Íbamos cuatro días antes para acostumbrarnos y después jugábamos.
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—Entonces no entrenaban sobre la superficie de la competencia.
—No. Me gustaba, pero no podía hacer en hielo lo que hacía sobre ruedas. “Yo quiero ver hasta dónde puedo llegar si realmente entreno hockey sobre hielo”, pensaba. Sabiendo que está mucho más desarrollado en el mundo que el roller hockey, que es el deporte de verano, para cuando se derrite el hielo en Estados Unidos y Europa. Y bueno, apareció un showcase en Miami. Me anoté para ver qué onda. Fue un Camp de tres días para mostrarte ante entrenadores. Y ahí el organizador me ofreció sumarme a un nuevo proyecto, una academia en Canadá: “¿Por qué no venís?”. Y acepté. La idea era irme a mitad de año, porque allá la temporada va de agosto a mayo. Pero era mi último año del colegio y se juntaba con Bariloche, la entrega de diplomas… “¿Me lo pierdo o me voy?”. Al final decidí irme en noviembre. Adelanté todos los exámenes para poder viajar sola.
—¿Pudiste hacer el viaje de egresados?
—Por suerte sí, nos fuimos en agosto. Cuando volví, no llegaba la visa de estudiante y terminé viajando a Canadá en enero de 2025. Hice media temporada y me gustó tanto que quise hacer una completa. Así que volví otro año más, de agosto a mayo, con un grupo nuevo de chicas, y me fue muy bien. Volví hace un mes y medio. Cuando empezamos a jugar, tuvimos torneos, me contacté con el entrenador, él también se contactó conmigo y así fue como llegué a la universidad. “Lo estoy logrando”, pensaba. Todo pasó muy de golpe.
—¿En algún momento caíste en que estabas cumpliendo el sueño que tenías de chica?
—Sí, pero tarde. Siento que no voy a caer hasta que esté allá. Estoy con esa ansiedad de querer irme ya y, al mismo tiempo, pensando que son mis últimos meses en Argentina. La primera vez que hice el tour por el campus fue una locura. Ahí mis padres cayeron antes que yo, me decían: “Alma, ¿te das cuenta de lo que vas a hacer?”.
—¿Pensás llevar tu sentido de pertenencia a Estados Unidos? Decime, por favor, que vas a argentinizar al plantel.
—Obviamente. Soy de Boca y antes de firmar con la universidad pregunté si estaba libre la 12. Una chica se gradúa este año y deja libre ese número, así que lo agarro yo. Me guardo mi taza azul y amarilla siempre que viajo. Antes que el dorsal “10”, el “12”. Y voy a llevar Chocolinas porque paso mi cumpleaños allá y no hay cumpleaños mío sin chocotorta. Además de la receta de milanesas de mi abuela, el mate… Todo, todo, todo.
—¿Qué carrera elegiste en la Universidad Estatal de Nueva York?
—Tenía ganas de Relaciones Internacionales, comunicación, incluso marketing, pero justo esta universidad no las tiene. Y me reclutó para el hockey. Entonces elegí Administración de Empresas, que lo puedo direccionar a donde quiera.
—En Canadá entrenaste con la ucraniana Valeriia Manchak. ¿Cómo fue esa experiencia?
—Es una crack. A mí me encanta que me exijan o me desafíen. Hay entrenadores que, si te cuesta algo, te dicen: “Bueno, no lo hagas”. Ella no. Con Val era entrenamiento militar. Tiene una gran preparación encima. Muchas chicas se quejaban y yo estaba fascinada. Las primeras dos semanas fueron durísimas. Después de entrenar con ella no me podía ni sentar. Y al mes, ya tenía las piernas más fuertes. Te cambia la cabeza. Sus entrenamientos son particulares: muchos saltos y trabajo agachada. Pero me cambió la forma de patinar y me ayudó con la transición del roller al hielo.
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—¿Qué cambia entre un patín y el otro?
—En hielo tenés que agacharte mucho más para aprovechar la patada. El equilibrio está sobre cuchillas y el freno cambia. Es otro deporte.
—Es un deporte muy físico. ¿Cómo es tu preparación? ¿Tenés un equipo de trabajo?
—Hago todo. Voy al gimnasio tres veces por semana, los otros dos salgo a correr, y los findes juego los partidos de la liga de Roller. Tengo a mi preparador físico, Jorge, y SUNY (State University of New York) nos manda los planes físicos. En 2024 tuve un problema porque me faltaba mucha energía. Me sentía caída. Fui a la ginecóloga y cuando le conté mis horarios de entrenamiento me dijo: “No estás comiendo lo suficiente”. Y me derivó a una nutricionista deportiva. Con ella, en medio año, noté la diferencia. Me cambió el cuerpo y la fuerza. Y desde 2020 hago terapia. Sería mucho más difícil vivir todo esto si no lo hiciera, es mi psicóloga de la vida, pero también deportiva.
—Cuando conocés a alguien nuevo y le decís que jugás hockey sobre hielo, ¿cuál es la reacción más común?
—Primero reaccionan con un: “¿Qué? ¿Cómo? ¿De verdad?”. Y al instante me dicen: “¿Se cagan a piñas?”. No, no nos cagamos a piñas, jajaja. Es la pregunta que me hacen siempre. Después les empiezo a contar cómo es el deporte y cuando les muestro fotos les encanta.
—¿Con el frío cómo te llevás?
—Me re acostumbré. Si hace frío afuera, hace más frío en la cancha. Particularmente en Canadá entrenábamos en una pista media antigua. Y son mucho más frías que las modernas. Ahí literalmente te curtís.
—¿La universidad era una meta o ahora aparecen nuevos sueños?
—Sí, era una meta. Primero quiero tener un título universitario. Y después me encantaría poder jugar profesionalmente. Vivir del hockey sería épico. Y si no se puede vivir de eso, al menos poder jugar en una liga de Europa donde me den las comidas, un lugar donde vivir y yo poder trabajar de otra cosa, pero seguir jugando.
—¿Y con la Selección?
—Sueño con jugar un Mundial con las chicas. La verdad que sería impresionante.
De fondo, como parte de la decoración, es imposible desviar la mirada de los banners. Carteles gigantes de lona con los símbolos de varias ediciones de los Juegos Olímpicos de Invierno: desde Lake Placid 1980 hasta Milano-Cortina 2026. Y se relaciona perfectamente con la curiosidad de si Argentina podría competir en uno. O en el Mundial.
—¿Es posible o todavía faltan cosas para que Argentina pueda participar?
—El único requisito que nos falta es tener una cancha grande con techo. Tenemos la de Ushuaia, que tiene las medidas olímpicas (60×30), pero no está techada. Y Fantasy lo tiene, pero es más chica de lo requerido. Es lo único que falta. Porque la asociación está, los torneos están, la gente está y las ganas nos sobran.
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—¿Qué sentís que le hace falta al hockey sobre hielo en Argentina para crecer, además de infraestructura?
—Hace falta conocimiento. Y referentes también, puede ser. Los que estamos somos jóvenes. Iara (Haiek), que estuvo viviendo afuera y es la capitana de la selección, tiene 25 años. Yo también espero ser una. Con la difusión junto a la Asociación, en TikTok nos está yendo muy bien (@argentinaicehockey). En Instagram pasamos los veinte mil seguidores (@hockeysobrehieloarg). Y siempre hacemos entrevistas, vamos a escuelitas, subimos contenido. Es lo mejor que tenemos. Con Fantasy Skate fue increíble la cantidad de gente que empezó a llamar y conoció el deporte. También pasó con Off Campus, la serie de Prime Video. Parece una boludez, pero fue un boom. Muchas personas se enteraron de que existe una selección argentina.
—Entonces, ¿ustedes mismas también hacen el trabajo de difundir el hockey?
—Sí, total. Este fin de semana hicimos una feria en La Lucila con la selección. Vendimos camisetas para juntar plata para viajar. Y a la vez intentamos conseguir patrocinios, porque ahora no tenemos ninguno. Nos ayudaría un montón. Se ve el interés que hay por otros deportes. Para el fútbol hay sponsors hasta para un torneo de nenes de ocho años, que me parece perfecto. Pero tenemos un equipo nacional femenino y las marcas no se interesan. Se trata de que empiecen a confiar en el potencial que tenemos.
—¿Tienen algún apoyo del ENARD?
—Sí. Hemos tenido becas del ENARD que nos ayudaron a solventar costos para algunos viajes. Sé que están en contacto con ellos.
—¿Los más chicos ya te reconocen como referente? ¿Te piden fotos?
—Me pasó cuando fui a la escuelita donde arranqué, en El Encuentro, en Pacheco. Fui a dar una clínica y algunos niños me pidieron fotos. Después, cuando tuvimos el torneo acá en noviembre, vinieron a verme. Los veía alentándome y yo los había conocido hacía una semana jajaja. Pasan esas cosas que decís: “Qué lindo”.
—¿Qué es lo que más disfrutás del hockey sobre hielo?
—La adrenalina del deporte. La velocidad. Lo físico que es. Y aprender a usar esa fisicalidad inteligentemente es una parte clave. Me gusta muchísimo.
—¿Qué le puede aportar un argentino a este deporte?
—La garra. Estando en Canadá yo sabía que no era de las mejores, porque literalmente era mi primera temporada entrenando en hielo. Pero sobresalía en todo lo que había hecho en Argentina (gimnasio, preparación física, alimentación). Hay chicas que tuvieron todos los recursos desde siempre. Y sin la disciplina y la dedicación que requiere el deporte, el talento solo te lleva hasta cierto punto. Miraba a algunas compañeras y pensaba: “Si yo hubiera tenido las posibilidades que tuvieron para jugar, ¿sabés cómo las aprovecharía?”. Las ganas son un privilegio. Hay días en los que uno no las tiene, pero igual va a entrenar. El argentino lo posee. Nos destacamos en deportes donde no nos ponen un peso, pagamos los pasajes, hacemos ese esfuerzo enorme y aun así somos de los mejores. Imaginate si dispusiéramos de ese apoyo y esa infraestructura. La famosa garra de la que se habla es verdad. Y los ovarios, en nuestro caso, que le ponemos a las cosas.
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Adriana, su mamá, la cordobesa que entre otras cosas es profe de educación física, posteriormente llegó a la cancha a ver el partido y se sentó sola en las gradas. En el mediotiempo charlaba con desconocidos, y se sorprendía de que, aquellos que veían el deporte por primera vez, estuvieran hablando de su hija: “Vinieron a verla a Alma pero ni yo ni ella los conocemos jajaja”. Casi al final del encuentro, gritaba frenéticamente el gol de Ameigeiras, que no alcanzó para ganar pero descontó y cerró la derrota 2 a 1 contra el equipo azul aquel 5 de julio.
—¿Cómo tomó tu familia la decisión de irte? ¿Con quién compartiste primero la noticia y quiénes sentís que son tu mayor sostén?
—Realmente mi papá y mi mamá son los que más me apoyan siempre. Soy hija única de padres separados y, poniéndome en su lugar, debe ser muy difícil. Pero los dos son deportistas y siempre me metieron en el deporte. No conocían el hockey sobre hielo, no tenían idea de nada ni de nadie, pero me bancaron. Creo que son los que más sufren, que más lloran, que más ríen conmigo. Los que más viven las alegrías. Me impulsaron a tener mi libertad e independencia. Y es algo que súper agradezco de los dos. Dejaron muchas cosas de lado para darme las posibilidades a mí.
—Y tampoco te cortaron las alas cuando apareció la posibilidad de irte.
—Totalmente. Ya se acostumbraron. Primero me fui tres meses. Después seis. Ahora me voy cuatro años. Ellos de a poco fueron construyendo el camino conmigo. Mi mamá siempre me dice que cada vez que vuelvo de un viaje soy otra chica: “Volvés más madura”. Es re lindo tenerlos conmigo.
Amerigol Latam Cup
Del 1 al 9 de agosto en la Amerigol Latam Cup, la selección femenina va a competir contra Líbano, Egipto y el Caribe, con Owen Haiek como entrenador y Jorge Fortunato Haiek como su asistente (más conocido como Dicky). Se disputará en Florida, Estados Unidos, y participarán también dos selecciones masculinas y dos junior (U16 y U14). Es la tercera edición del certamen que Ameigeiras va a jugar y es una gran preparación para su viaje a SUNY Canton.
Las representantes argentinas para la Latam Cup: GUTIERREZ Florencia (#35) – APO TSANG Uma (#11) – DATTORE Delfina (#16) – LUTTERAL Mila (#22) – HAIEK Iara (#21) – AMEIGEIRAS Alma (#12) – CARUSO Ornella (#20) – AVIÑON Melina (#25) – LACH Luciana (#8) – MENDOZA Janine (#50) – NIEVAS Agostina (#23) – MARTINEZ Kayla (#99) – MARTINEZ Corrin (#41) – MARTINEZ Kirsten (#26) – BUSTOS Angelina (#19) – VIBOUD Ana (#9) – FREER Alyssa – GIULODORO Martina (#40).




