Por Serena Pettovello
Pitazo final. Los gritos llueven desde las tribunas. Los festejos desbordan. Los más grandes se abrazan sin parar de sonreír. Las lágrimas amenazan con escaparse. El sueño se cumplió.
No hay mayor ilusión que la de ver a tu equipo ser campeón. Pero que, además, ese título signifique el ascenso de categoría es casi inexplicable. Todo el sacrificio: las horas de entrenamiento, los viajes, y las dificultades atravesadas parecen encontrar sentido en esos 90 minutos.
Para obtener el ascenso al Torneo Federal A, los clubes del interior deben atravesar el interminable y temido Torneo Regional Federal Amateur: 332 equipos, cuatro cupos para la tercera categoría del fútbol argentino. Pero el verdadero desafío va a empezar en marzo, con la nueva temporada.
El Federal A es la tercera categoría del fútbol argentino, al igual que la Primera B Metropolitana. La diferencia radica en cómo los clubes se relacionan institucionalmente con la Asociación del fútbol argentino y en qué torneos participan: mientras los equipos del Federal A tienen una afiliación indirecta, los de la B Metropolitana están directamente afiliados a la AFA.
En la temporada 1995-1996, el Consejo Federal, órgano interno de la AFA, creó el Torneo Argentino A (denominado Federal A desde 2014), sucediendo al Torneo del Interior, que otorgaba dos plazas para la Primera Nacional.
Desde entonces, el formato fue mutando con el correr de los años, cuando sumaban equipos o los descensos desde la segunda categoría aumentaban o menguaban. Sin embargo, una diferencia se mantuvo: competir en el interior implica afrontar distancias que no tienen un equivalente en el área metropolitana. Y el presupuesto seguía siendo superior para los de la B Metropolitana: 20 millones de pesos por mes, contra los 12 que recibían los del Federal A.
Esta temporada 37 equipos disputaron el Torneo Federal A. Fueron distribuidos en cuatro zonas: una de 10 clubes y tres de nueve, agrupándolos según la cercanía, buscando reducir las distancias entre los de la misma región. Y, por primera vez en la historia, recibieron el mismo presupuesto de la AFA que sus pares metropolitanos: 20 millones de pesos por mes.
¿Pero, es realmente justo y equitativo?
Solamente en la primera rueda, Germinal de Rawson recorrió 13.428 kilómetros, mientras que Guillermo Brown de Puerto Madryn afrontó 12.540. Cifras que aumentan e incluso pueden llegar a duplicarse en la segunda fase (ya sea zona campeonato o reválida) e incluso incrementarse aún más en caso de disputar eventuales cruces por el ascenso.
Del otro lado, los equipos de la B Metropolitana, recorren durante el torneo completo (ida, vuelta y reducido) un total aproximado de 10.687 kilómetros. Una sola rueda se reduce a poco más de cinco mil kilómetros. Con distancias que, en muchos casos, pueden realizarse en el día.
Son categorías hermanas en lo formal, pero con realidades logísticas y presupuestarias muy distintas: más kilómetros implican más gastos en traslados, alojamiento, logística y toda la estructura necesaria para jugar lejos de casa.
En el interior profundo, competir cuesta más.
Y en ese contexto, aunque el objetivo entre ambas categorías sea el mismo, las condiciones para hacerlo no son iguales. Porque detrás de cada partido hay un viaje. Y detrás de cada viaje, hay un costo que también forma parte de la competencia.
Mientras la B Metropolitana se fortalece, el Torneo Federal A se debilita. Para los clubes del interior, cada temporada resulta más difícil sostenerse, afrontar los costos de competir y, al mismo tiempo, construir un proyecto que les permita pelear por el ascenso.
Porque no se trata solamente de llegar. También hay que poder sostenerse. Y quizás por eso, cuando un equipo del interior consigue ascender, el festejo se siente distinto. Porque no solo ganó un campeonato, logró abrirse camino en un fútbol en el que, para algunos, llegar ya es una hazaña.





