El Pulga de la gente

Por Tobías Valle

En las primeras horas de 1985, un techo de chapa cubre del intenso sol de Simoca al pequeño que carga entre sus brazos Beatriz Ardiles. Es el sexto hijo que da a luz, junto a Pedro Rubén Rodríguez, con quien tendría nueve. Cuando Pulguita ya corría atrás de la pelota, Pocholo -que era albañil y pintor- cambió 30 pesos y la comida de un día para que Luis Miguel tuviera su primer par de botines. Gracias a su talento, ese calzado lo terminaron aportando clubes como Racing de Córdoba, Newell’s, Atlético Tucumán y Colón de Santa Fe. Por su parte, el tucumano siempre lo devolvió con goles, algo que nunca faltaba, al igual que el sentimiento de los equipos de decir: “Él es nuestro”. Aunque, como dijo Ezequiel Fernández Moores: “El Pulga Rodríguez pasó a ser de todos”.

El fútbol le permitió al Pulga y a su familia no prescindir de otro trabajo. Sin embargo, en algún momento supo maltratarlo como si el tucumano no cuidara la pelota cada fin de semana. Cuando Luis Miguel hacía los primeros saltitos previos a patear los penales en Unión Simoca, fue seleccionado por el representante José Ismail para probarse en Inter de Milán. No obstante, un mal manejo de Ismail lo dejó sin plata, techo y rodeado de rumanos en la estación de trenes de Bucarest, con una supuesta oferta del Craiova a cambió de 500 dólares mensuales. Finalmente, tuvo que dejar el frío de Europa para volver al caluroso pero entrañable sol de Simoca.

En su vuelta, cambió los botines y camisetas por las herramientas y pinceles para ayudar a su papá. Además, jugaba hasta tres partidos por fin de semana por setenta pesos. La calidad inmutable le permitió llegar a Racing de Córdoba, que militaba en el Torneo Argentino A y que ascendió al Nacional B con un Pulguita de pocos minutos, que retornó a Simoca.

En el regreso a su casa, pensó de nuevo: “No juego más”. Walter, su hermano mayor y el verdadero Pulga, consiguió que Ismail cediera su condición de dueño del pase del Pulguita. Así volvió a Unión Simoca, clásico rival de Alto Verde, club del que Bety es hincha. Incluso, su fanatismo la llevaba a insultar a su propio hijo, para luego solucionar los problemas con un guiso de arroz y pollo, el mejor del mundo según Luis Miguel.

En 2005, pasó por Unión de Transportes Argentinos (UTA), que sirvió de vidriera para que Atlético Tucumán se enamorara con sus goles y lo incorporara ese mismo año. Consiguió el ascenso al Nacional B y, en 2009, Diego Armando Maradona lo convocó al seleccionado para un amistoso ante Ghana. Tras su vuelta, tuvo un paso por Newell´s y volvió al Decano. Con el Pulga, Atlético Tucumán fue campeón del Nacional B, finalista de la Copa Argentina en 2017 y uno de los mejores ocho de la Copa Libertadores.

Antes de marcharse a Colón de Santa Fe a sus 34 años en 2019, hizo pública su afiliación al peronismo. Se sospechó con una candidatura que nunca llegó, no así como las permanentes ayudas, como juguetes, sillas ortopédicas o presencias en hospitales y partidos benéficos. Además, en la cancha el Pulga cambió goles de tiro libre y de sombrerito por el primer título de la historia del Sabalero.

En 2022, el Pulga se fue y pasó a hacerle caños hasta a los árbitros con las camisetas de Gimnasia y Esgrima La Plata, Colón, Central Córdoba, Gimnasia de Jujuy, Atlético Tucumán, nuevamente el Sabalero y Ñuñorco, donde puso fin a su carrera a los 41 años.

Más notas