Por Nicolás Cartoceti
En Corea del Sur todavía hay una imagen que permanece intacta en la memoria colectiva: la de un hombre levantando los brazos en Seúl mientras millones de personas vestidas de rojo celebran una hazaña imposible. Ese hombre era Hong Myung-bo, capitán y símbolo del Mundial 2002, la mejor actuación de una selección asiática en la historia de la Copa del Mundo. Veinticuatro años después, vuelve a aparecer en escena. Pero esta vez ya no lleva la cinta en el brazo: lleva el buzo de entrenador y la responsabilidad de devolverle a Corea del Sur una identidad rumbo al Mundial 2026.
Aquella selección de Corea-Japón 2002 cambió para siempre la historia deportiva del país. Bajo la conducción del neerlandés Guus Hiddink, Corea eliminó a Italia y España y alcanzó unas semifinales inéditas para un seleccionado asiático. Myung-bo fue el símbolo defensivo de un equipo que corría como ninguno, presionaba sin descanso y transformó al fútbol en un fenómeno nacional.
Tras la eliminación ante Alemania en semifinales, Guus Hiddink defendió públicamente a sus jugadores durante la conferencia de prensa posterior al encuentro. Allí resumió el impacto de aquel equipo con una frase que todavía sigue siendo recordada en Corea: “Podemos estar muy orgullosos de los muchachos y de lo que hicieron durante todo el torneo”.
Para muchos jugadores actuales, aquel Mundial fue el comienzo de todo. Entre ellos aparece Son Heung-min, la máxima figura del fútbol coreano moderno. Tenía apenas diez años durante Corea-Japón 2002 y creció viendo a Myung-bo. Años más tarde, en una entrevista concedida a FIFA antes del Mundial 2026, recordó el impacto que aquella selección tuvo en su vida: “El primer Mundial que realmente viví fue el de 2002. Desde entonces siempre tuve en mi cabeza la idea de convertirme en futbolista”.
Sin embargo, la historia de Hong Myung-bo en los Mundiales no terminó con aquella noche mágica de 2002. Once años después, regresó a la selección como entrenador para conducir a Corea del Sur en Brasil 2014.
La expectativa era enorme: el capitán histórico ahora debía liderar desde el banco. Había logrado buenos resultados en selecciones juveniles, incluyendo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y muchos veían en él al hombre indicado para iniciar una nueva etapa. Pero la experiencia terminó convirtiéndose en el momento más difícil de su carrera. Corea empató con Rusia y cayó ante Argelia y Bélgica, quedando eliminada en la fase de grupos.
Tras la eliminación, asumió públicamente la responsabilidad y presentó su renuncia. La imagen del héroe de 2002 parecía haber quedado definitivamente atrás. El hombre que doce años antes había sido el rostro más reconocible del fútbol coreano abandonaba la selección envuelto en cuestionamientos y con la sensación de que su historia mundialista había llegado a su fin.
Durante mucho tiempo pareció que aquella sería la última participación de Hong Myung-bo en una Copa del Mundo. Sin embargo, el fútbol le tenía preparada una segunda oportunidad.
Corea del Sur pasó años buscando recuperar el espíritu competitivo de 2002. Ningún ciclo logró acercarse a aquella generación y, con el tiempo, la figura del antiguo capitán volvió a ganar fuerza. Por eso, cuando aceptó regresar al seleccionado para iniciar un nuevo ciclo rumbo al Mundial 2026, el impacto fue enorme.
En una entrevista concedida al diario coreano JoongAng Ilbo durante un entrenamiento en el parque Yuldong de Seongnam, Myung-bo explicó la dimensión personal de este desafío: “Este es mi séptimo Mundial y el último de mi vida”, aseguró. Y luego agregó una frase que resume perfectamente su relación con la selección: “Mi vida pertenece al fútbol coreano”.
Hoy, más de dos décadas después, el destino volvió a unirlo con Son Heung-min: uno como capitán dentro de la cancha y el otro como entrenador. En esa misma entrevista con FIFA, el delantero también se refirió a su actual técnico y al recuerdo de aquella campaña histórica: “Nuestro entrenador logró algo increíble, quiero vivir un recorrido similar junto a mis compañeros”.
La última oportunidad de Myung-bo comenzará en Guadalajara. Inició su camino en el Mundial 2026 frente a República Checa, dentro de un Grupo A que también comparte con México y Sudáfrica. Para ese desafío, el entrenador contó con una base consolidada encabezada por Son Heung-min y acompañada por futbolistas como Kim Min-jae, Lee Kang-in y Hwang In-beom, nombres que representan el presente y el futuro del fútbol coreano.




