Por Ignacio Mazzo
Con Estados Unidos, Canadá y México como países anfitriones de la Copa del Mundo 2026 y 48 selecciones en competencia, la organización enfrenta el desafío de estandarizar los campos de juego. Esta situación expone una diferencia importante entre la logística comercial de los grandes estadios norteamericanos y los requisitos técnicos del fútbol profesional.
Para este campeonato, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) permitió el uso de sistemas híbridos o bases artificiales, siempre que se coloque una capa temporal de pasto natural sobre la superficie sintética. La mayoría de los estadios seleccionados en Estados Unidos y Canadá pertenecen a equipos de la National Football League (NFL) y la Canadian Football League (CFL), donde el césped sintético es lo habitual. Debido a esto, los administradores de los recintos iniciaron un proceso de adaptación en poco tiempo.
Estadios ubicados en ciudades como Atlanta (Mercedes-Benz Stadium), Dallas (AT&T Stadium) o Nueva Jersey (MetLife Stadium) debieron modificar sus campos para instalar pasto natural. Este cambio no se realiza por motivos estéticos, sino que responde a las demandas médicas y técnicas de los equipos. El césped natural amortigua mejor los impactos, ayuda a controlar la temperatura del terreno y permite un movimiento del balón más predecible, factores que contribuyen a cuidar la condición física de los jugadores de alto rendimiento.
Sin embargo, la colocación de pasto natural temporal sobre estructuras diseñadas para alfombras sintéticas genera desafíos de seguridad. Una de las principales preocupaciones es la formación de desniveles o separaciones entre los bloques de césped. Si las raíces no se asientan correctamente en la base provisional, el terreno podría levantarse durante movimientos bruscos, lo que incrementa el riesgo de lesiones en las articulaciones. Además, muchos de estos estadios tienen diseños cerrados o techos retráctiles que limitan la luz solar y la ventilación, dificultando el mantenimiento del pasto.
Algunas delegaciones internacionales ya han manifestado inconvenientes por este motivo. Por ejemplo, la selección de Japón tuvo que cambiar su lugar de entrenamiento debido al estado deficiente de las canchas auxiliares. Este panorama también involucra factores financieros y ambientales, ya que los sistemas avanzados de riego y mantenimiento consumen una cantidad importante de recursos, especialmente en zonas propensas a altas temperaturas. Una vez que termine el torneo, muchos de estos estadios volverán a utilizar césped sintético. Este escenario demuestra que el equilibrio entre los intereses comerciales y las condiciones óptimas de juego sigue siendo un aspecto complejo en la organización del evento.




