Por Candela Carabajal
Donde hay dolor habrá canciones. Hoy, más que nunca, hay dolor y cientos de letras que lo acompañan y describen, como si él hubiera planeado su vida en cada verso.
Esta historia de amor entre Carlos Alberto Solari y la literatura comenzó desde su juventud, le apasionaba la lectura como una influencia creativa a la hora de componer. Quedó demostrado en sus canciones, que tienen una mezcla de metáforas con poesía y a la vez una realidad disfrazada de ficción. Cada pista es una historia única que te identifica si tenés 16, 25 o 30 años, no hay rango de edad, tampoco clase social ni género, no importa qué tan culto seas o si nunca leíste un libro, las canciones del Indio son así, para todos, para los que viven o sienten que les faltan razones para hacerlo. Y justamente eso explica el porqué de su magnitud.
Empiezo por el final, el último tema que publicó el Indio fue el 14 de junio del 2025, titulado “Súper-Dios Vs. El Águila Guerrera”. Comienza entonando: “Quiero creer que alto en el cielo, nos queda aún un águila guerrera”, y continúa en otra estrofa: “Ahora nuestra águila flota a su aire, abriendo y cerrando sus garras inquietas”. Con metáforas narra la realidad sociopolítica que atraviesa la Argentina, jugando con el personaje del Súper-Dios, que representa a las figuras de poder, y el Águila Guerrera, quienes defienden las costumbres y la identidad del país que habitan, es la representación de los colores patrios que quieren teñir de azul y rojo y cambiar el Sol por estrellas.
Un año atrás, en marzo del 2024, participó en “Quemarás” junto a Wos, una canción que recuerda a la poesía ricotera que Solari supo escribir, esta vez refiriéndose a la reconciliación con el pasado y utilizando el fuego, emblema de Patricio Rey, para soltar el dolor y el rencor que no te deja avanzar. El estribillo comienza: Y quemarás… el rencor, en el fuego más sagrado de hoy. Y buscarás el amor, en un rastro ciego de lo que ya no sos.
Terminando la cuarentena en abril del 2021, y junto a Los Fundamentalistas Del Aire Acondicionado, lanzó “Encuentro con un ángel amateur”, en la cual reflexiona sobre el paso del tiempo y las limitaciones físicas que provoca la edad y Mr. Parkinson. Esta fue una lenta despedida que comenzó hace cinco años y se cerró el 5 de junio, pero él sabía que no era real, no hay adiós que exista cuando hay letras que acompañan. El Indio escribió: “Ya no puedo cumplir, hazañas que prometí, solo seguir cantando”. Y continúa: “Solo me falta saber la fecha y el lugar, y allí iré cantando”.
Antes de la pandemia, en la que no publicó pistas, compartió “La Oscuridad”, parte del álbum El Ruiseñor, El Amor y La Muerte en 2018. “Ya están aquí los ví, fantasmas de juventud, llegan para despedirse de mí”, cantó como últimos versos. Aparecen los fantasmas personales cuando vuelve al pasado por la nostalgia, pero ya no quiere quedarse ahí, solamente son recuerdos de los que debe despedirse.
Cinco años pasaron para que vuelva a lanzar un álbum, ya que el último había sido “Pajaritos, bravos muchachitos” con Los Fundamentalistas. Entre las 12 canciones que lo conforman se encuentra “Había una vez…”, el retrato perfecto del desgaste de una relación y el desamor dentro de ella, pero si lo llevamos a nuestra actualidad es un cuento de lo que alguna vez fue este amor y lo que nos queda. Cierra esta pista entonando: “Hay tantas partes tan lindas sin tu traición, el mundo sigue girando aún sin tu amor”.
En el 2010 sacó su tercer repertorio como solista titulado “El perfume de la tempestad”, dentro de él está “Ceremonia durante la tormenta” donde relata cómo es tener poder y gustos materiales, que no valen nada al final del día si no hay amor y pasiones. “Los lujos son solo momentos en una vida gris sin deseos: corazón encadenado y triste, que guardas en tu aburrida virtud; Y mirás el mar y la vida se ve demasiado gris sin deseos”.
Para 2007 lanzó “Porco Rex”, el segundo en solitario, que incluye 13 pistas, entre ellas se destacan “Flight 956” y “Y mientras tanto el sol se muere…”. En la primera expresa el dolor de una despedida inevitable con el amor, a quien se refiere como Flight 956; menciona la realidad de su relación donde hay tanto buenos momentos como conflictos y disgustos para con el otro, aunque no sean intencionales. Al despegar el vuelo 956 se lleva con él lo vivido en un resplandor: “¿Será un melodrama vulgar? ¿Pasados dos meses nos consolarán? Llorarás con un ojo y con el otro te reirás”.
La segunda obra está dedicada a su pareja Virginia Mones Ruíz, conocida también como “Viru”. Hace alusión a la llegada de la muerte y la persistencia del amor verdadero, que seguirá existiendo en la inmortalidad. “Aunque todo en esta vida sea efímero, el amor no entra en esa definición, es un rayo de luz en el refugio donde uno se esconde de la oscuridad y el paso del tiempo”. Canta en ella: “Algún día, pronto, una de mis vidas va a intentar matarme y lo va a lograr. ¿Cómo será andar solito allá en la muerte? ¡Ay! Mi amor, ya sin vos, sin tu sueño”.
El primer álbum luego de la separación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, fue en diciembre de 2004. Marcó su regreso a la música con “El tesoro de los inocentes”, donde aparecen canciones como “Pabellón Séptimo”, “To beef or not To Beef” y “El tesoro de los inocentes”. En este disco comenzó su cercanía con la muerte y la reflexión de lo que hacemos en vida.
La canción que lleva el mismo título es la principal, explora la inocencia, el amor y el dolor en aspectos de la vida que solo logramos ver si leemos entre líneas. Afirma la idea de que el amor es esencial en la vida y sin él esta carece de sentido y valor, concepto que reafirma en los años siguientes en sus obras. “Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía”, reitera en versos.
La segunda nombrada relata la vivencia de un inmigrante al llegar a Estados Unidos, experimentando un choque cultural al querer adaptarse para buscar un futuro mejor. Refleja la soledad que siente el protagonista y la nostalgia de todo lo que dejó atrás: “Pensando en vos siempre, siempre extrañándote”.
“Pabellón Séptimo” es el relato de Horacio Vargas, se refiere a la masacre ocurrida en la cárcel de Villa Devoto el 14 de marzo de 1978 durante la última dictadura cívico-militar. Guardias del Servicio Penitenciario Federal ingresaron al Pabellón 7 para reprimir a los carcelarios que estaban protestando, desataron un incendio que terminó con 65 presos muertos por asfixia, quemaduras y disparos, y daños con secuelas físicas en otros 88. Cada verso es la sensación musicalizada del horror, la desesperación y la violencia que el protagonista vivió en carne propia, y al mismo tiempo refleja cómo se aferró a la esperanza de sobrevivir para ser libre. Canta el Indio: “Nadie es capaz no pueden borrar mis recuerdos, nadie es capaz de matarte en mi alma; y cierra: Ya nunca más, y nunca ya voy a olvidarte, Pablo, nunca”.



