Por Lisandro Torres Pagani
“Él siempre quiere jugar, no importa si entrena mal, si está cansado o si tiene algún problema. Su mentalidad es lo más importante, es un luchador incansable y siempre está listo”. Esa fue la frase que utilizó el entrenador Pep Guardiola para describir a Joshua Kimmich, un jugador que pareciera estar siempre un segundo por delante del resto. El director técnico español agregó: “Es el jugador más inteligente que he dirigido”. Esto demuestra que, aunque no es el más alto, ni el más fuerte, ni el más llamativo, hay algo en su forma de ver el fútbol que le permite tener el control absoluto de los partidos.
Joshua Kimmich es la figura de la selección alemana, conocido por su versatilidad, pases precisos, disparos desde afuera del área y agresividad en la marca. Juega en el Bayern Múnich y, para muchos, es considerado como uno de los mejores mediocampistas del mundo de los últimos años.
De contextura delgada y estatura media, Kimmich no intimida desde lo físico. Su rostro serio, casi siempre concentrado, y su cabello rubio y corto le dan prolijidad. Pero esa apariencia engaña: dentro de la cancha, su energía es inagotable. Corre con una intensidad constante, como si cada pelota fuera la última, y su figura firme refleja una seguridad silenciosa.
Llegó a ser comparado con el exjugador alemán Philipp Lahm por su versatilidad, ya que puede desempeñarse tanto en el mediocampo como de lateral derecho. Además, por su liderazgo, ha sido subcapitán del Bayern Múnich, por detrás de Manuel Neuer, y es capitán de la selección de Alemania desde el año 2024.
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Existe una faceta menos visible del mediocampista. Lejos del ruido de los estadios y de la presión constante por el alto rendimiento, su vida gira en torno a un círculo íntimo que lo mantiene conectado con lo esencial. Su familia ocupa un lugar importante: es padre de una niña y tres niños, y suele mostrarse presente junto a su esposa, Lina Meyer. La pareja mantiene su vida familiar en estricta privacidad, por lo que los nombres de los niños no suelen exponerse públicamente.
Quienes lo conocen fuera del campo hablan de alguien reservado, incluso algo tímido. No busca exposición innecesaria ni construye un personaje mediático. Prefiere los espacios tranquilos, la rutina ordenada y el tiempo con los suyos. Esa misma disciplina que se ve en su juego se refleja en su vida cotidiana: todo tiene un balance.
También tiene una mirada comprometida con lo que pasa más allá del fútbol. En momentos más complejos, como en la pandemia, impulsó colectas solidarias junto con su compañero Leon Goretzka, con una página web llamada “We Kick Corona”, que recaudó millones de dólares para hospitales. Asume ese compromiso con la misma precisión y disciplina que muestra dentro del campo.
Es una combinación entre un estratega dentro de la cancha y una persona consciente fuera de ella. Lo vuelve más interesante porque Kimmich no necesita levantar la voz para hacerse notar ni en el vestuario ni en la vida. Para él, todo tiene una misma regla que aplica en su juego y en su manera de subsistir.



