Por Agustín Jiménez
El armado de una lista mundialista suele ser el resultado de un proceso de cuatro años de un seguimiento minucioso, entrenamientos acumulados y un grupo consolidado a través de las Eliminatorias. Sin embargo, la Selección de Australia decidió patear todos los manuales de la lógica deportiva para este Mundial de 2026. Su director técnico, Tony Popovic, sorprendió al planeta al anunciar una nómina de 26 futbolistas que incluye un golpe de efecto: la inclusión de futbolistas que jamás vistieron la camiseta nacional y el borrado de referentes históricos que daban por sentado su pasaje en el avión.
La curiosidad más impactante y que se transformó en foco de debate es el “Operativo Cristian Volpato”. El talentoso atacante de 22 años, que actualmente milita en el Sassuolo de Italia, nació y se crió en Sidney, pero pasó toda su adolescencia y carrera formativa defendiendo la camiseta de la selección italiana en las categorías juveniles. De hecho, apenas tres meses antes de la cita mundialista, el jugador declaró públicamente que su sueño seguía siendo jugar para la Azzurra de mayores. Sin embargo, en un giro cinematográfico, Popovic viajó en secreto a Europa, lo convenció de cambiar de bando, y la federación australiana logró tramitar su pasaporte a contrarreloj. Volpato aterrizó en la concentración en Estados Unidos directo para meterse en la lista final, sin haber jugado jamás un solo minuto con la camiseta de mayores de Australia.
Esta incorporación express desató un efecto dominó que generó indignación en un sector del plantel. Para hacerle espacio a este “italiano” recién llegado, el entrenador sacrificó de manera implacable a Martin Boyle, delantero histórico, referente del vestuario y pieza fundamental en el proceso de clasificación. La decisión dejó en claro la postura del cuerpo técnico: en el fútbol de élite no hay espacio para el sentimentalismo. La urgencia por sumar el talento y la jerarquía de la Serie A italiana pesó muchísimo más que la lealtad hacia los soldados que sudaron la camiseta en el barro de las Eliminatorias asiáticas.

Pero las excentricidades de la lista australiana no terminan en el pasaporte de Volpato. El técnico redobló la apuesta al convocar a otros dos futbolistas que jamás jugaron un partido internacional absoluto, una rareza absoluta para un torneo de la magnitud de una Copa del Mundo. El primero es Tete Yengi, un delantero que juega en la liga de Japón con el Machida Zelvia y que se metió en la consideración gracias a una racha goleadora tardía en la Champions de Asia. El segundo es todavía más llamativo: Lucas Herrington, un defensor central de apenas 18 años que pasó de las divisiones inferiores a asomar como probable titular en el debut mundialista ante Turquía, sin escalas previas en amistosos de preparación.
Para equilibrar esta balanza de apuestas insólitas y debutantes absolutos, Popovic tuvo que apelar a la vieja guardia para sostener el peso institucional del vestuario. El arquero Mathew Ryan y el histórico delantero Mathew Leckie alcanzaron un récord nacional al ser seleccionados para su cuarto Mundial consecutivo, igualando las leyendas de Tim Cahill y Mark Milligan. Ellos serán los encargados de guiar a un plantel ultra renovado que cuenta con nada menos que 17 futbolistas haciendo su debut absoluto en el máximo escenario del fútbol mundial.
En conclusión, la lista de Australia para el Mundial 2026 es una de las propuestas más arriesgadas y curiosas del certamen. Mezcla la adrenalina de un futbolista que hasta hace semanas se sentía italiano, la frescura de dos jóvenes debutantes desconocidos para el gran público y la rigidez de un entrenador que prefirió el impacto inmediato por sobre la lógica del proceso. Los Socceroos desembarcan eminentemente en la cita mundialista decididos a romper los pronósticos, bajo las órdenes de una lista que se armó más en los escritorios de migraciones y en llamadas secretas que en el propio campo de juego.



