Por Camilo Grincajger
Cuando Dick Advocaat llegó a la selección de Curazao, muchos pensaron que se trataba simplemente de un entrenador prestigioso transitando los últimos años de su carrera. Sin embargo, en poco tiempo consiguió algo histórico: transformó a una pequeña isla del Caribe en un equipo capaz de competir de igual a igual con las potencias de la Concacaf y la condujo por primera vez a una Copa del Mundo.
Advocaat, nacido en La Haya, Países Bajos, en 1947, es uno de los entrenadores más experimentados del fútbol europeo. Durante más de cuatro décadas dirigió clubes y selecciones de primer nivel en distintas partes del mundo. Pasó por equipos como PSV Eindhoven, Rangers y Zenit de Rusia, con el que conquistó la Copa UEFA en 2008. También estuvo al frente de la selección de los Países Bajos en distintos ciclos y dirigió a Corea del Sur, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Bélgica, Serbia e Irak.
Su historia en el fútbol comenzó como jugador durante la década de 1970. Sin ser una gran estrella, se destacó por su inteligencia táctica y su capacidad de liderazgo. Actuó como defensor en varios clubes neerlandeses y tuvo pasos por Estados Unidos y Bélgica. Muy pronto comprendió que su futuro estaba en los bancos de suplentes y comenzó su carrera como entrenador mientras aún seguía jugando.
Por su fuerte personalidad, su disciplina de trabajo y su admiración por el legendario entrenador neerlandés Rinus Michels, desde hace años es conocido como “El Pequeño General”. Sus equipos se caracterizan por el orden táctico, la solidez defensiva y la competitividad.
En 2024 aceptó uno de los desafíos más particulares de su trayectoria: dirigir a Curazao, una selección con escasa tradición en el fútbol internacional. Sin embargo, el proyecto escondía un enorme potencial. Bajo su conducción, el equipo ganó confianza, mejoró su rendimiento y dejó de sentirse inferior frente a rivales históricamente más poderosos.
La gran hazaña llegó en las eliminatorias rumbo al Mundial de 2026. Contra muchos pronósticos, Curazao consiguió la primera clasificación mundialista de su historia. El logro tuvo una enorme repercusión, ya que convirtió a la isla en uno de los países más pequeños en alcanzar una Copa del Mundo.
A nivel personal, Advocaat también rompió récords. Con 78 años se convirtió en el entrenador más longevo en clasificar a un Mundial. Fiel a su estilo, evitó los elogios individuales y destacó siempre el trabajo colectivo y el crecimiento del fútbol curazoleño.
A pocos meses de la Copa del Mundo sorprendió al anunciar su salida por cuestiones familiares vinculadas a la salud de su hija. La decisión impactó profundamente en el plantel, que había construido una relación muy cercana con el entrenador. Sin su conducción, el equipo perdió parte de la estabilidad que había mostrado durante el proceso clasificatorio y comenzaron a surgir pedidos para que regresara.
Finalmente, en mayo de 2026, Advocaat aceptó volver para dirigir a Curazao en el Mundial. Su regreso fue celebrado en toda la isla. Más que un entrenador, se había convertido en el símbolo de la mayor hazaña deportiva de la historia del país. Hoy representa experiencia, liderazgo y la prueba de que incluso las selecciones más pequeñas pueden alcanzar objetivos que parecen imposibles.



