Por Casandra Lacabe, Candela Guijo y Florencia Rodríguez Sánchez
Wim Rijsbergen se quedó afuera de la definición de la Copa del Mundo . El defensor sufrió una lesión en la rodilla en el tercer partido de fase de grupo que Holanda perdió 3-2 con Escocia, el 11 de junio, que lo marginó luego de haber sido titular en los dos primeros encuentros frente a Irán y Perú. Eso le permitió salir del hotel donde estaba hospedado todo el plantel y visitar la Plaza de Mayo para tomar contacto con la realidad política y social que atravesaba Argentina. Decidió ir en bicicleta acompañado por su compañero de selección, Wim Suurbier, ya que los médicos le recomendaron hacer ejercicio para recuperarse más rápido de sus lesiones.
Como cada jueves desde el 30 de abril de 1977, las Madres se reunían frente a la Casa Rosada para reclamar por sus hijos desaparecidos y secuestrados por la dictadura cívico-militar encabezada por Jorge Rafael Videla. “Vimos a las Madres con fotos de todos sus hijos desaparecidos y sus familias. ¡Fue muy conmocionante!”, sostuvo en una entrevista que dio a Télam 42 años después. Tuvo la oportunidad de hablar con Nora Cortiñas, titular de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y 30 años más tarde, en 2008, se reencontró con ella en Amsterdam en la presentación de un libro sobre la Copa del Mundo, llamado “Fútbol en una Guerra Sucia”, escrito por los periodistas holandeses Marcel Rozer e Iwan Van Duren, denunciando que la junta militar utilizó el torneo para encubrir crímenes de lesa humanidad. Como siempre, ella estaba con un pañuelo blanco en la cabeza y tenía colgada del cuello una foto de su hijo Gustavo. Además, Rijsbergen escribió una columna para una revista y un diario de su país.
Otro jugador que fue hasta la Pirámide de Mayo fue el arquero Jan Jongbloed. Antes de ser titular en la final contra Argentina caminó desde el hotel en Retiro para observar a las Madres marchando con sus pañuelos característicos. Años después, admitió tener conocimiento sobre la Escuela de Mecánica de la Armada, donde funcionaba un centro clandestino de detención a pocas cuadras del Estadio Monumental, escenario donde se jugó la mayor cantidad de partidos y la ceremonia de apertura y final. También, Arie Haan y Ernie Brandts, dos de los futbolistas de Holanda que jugaron el Mundial, volvieron al país 40 años después y visitaron la Ex Esma.
Antes de llegar al país los jugadores tenían conocimiento sobre las personas desaparecidas y la violación de derechos humanos por parte de la dictadura, ya que previamente quedaron en medio de un debate nacional. Organizaciones de derechos humanos y civiles exigían apoyar al boicot organizado en Europa en 1977. Sin embargo, ellos y la federación decidieron separar las cosas: “Los jugadores manteníamos la política y el deporte por separado. Y además, ir al Mundial era una chance de hablar con la gente”, sostuvo Wim Rijsbergen.



