sábado, marzo 21, 2026

La falsa carta de Krol: “Fusiles que disparan flores”

Por Santiago Peñoñori Gaona

“El número de desaparecidos se cuenta por miles”, decía el diario Vrij Nederland el 24 de diciembre de 1977. Los artistas Bram Vermeulen y Freek de Jonge impulsaban en Países Bajos el boicot al mundial. Amnistía Internacional repartía folletos con información sobre lo que sucedía en Argentina. Jugadores holandeses eran entrevistados y confirmaban su presencia en la cita máxima del fútbol mundial. “El deporte debería estar separado de la política”, comentaba Ernst Happel, entrenador de los europeos. La junta del dictador Rafael Videla sabía que era mirada de reojo y la agencia de publicidad estadounidense Burson & Marsteller contaba con la inescrupulosidad justa para darle un lavado de cara al régimen. Tenía menos de seis meses para plantear una estrategia. El resultado debía ser la imagen de un país en el que reinara el orden. Seleccionaron medios argentinos afines al gobierno para luego establecer contacto con colegas extranjeros. Fueron invitados a visitar el país y agasajados. En paralelo, las denuncias de desaparecidos llegaron a los medios neerlandeses: “La señora Avellaneda fue atada a una cama donde primero la rociaron con agua helada durante media hora, luego le bajaron los pantalones y le aplicaron descargas eléctricas en todo el cuerpo”. Periodistas europeos eran amenazados por intentar transmitir imágenes de “las locas de la plaza”. Marta Moreira de Alconada, encumbrando la lucha de todas, rompió las barreras de la censura. Ese era el contexto. 

La selección holandesa disputó la primera fase del mundial en Mendoza. La subcampeona vigente compartió grupo con Perú, Escocia e Irán. El 6 de junio, en la previa al encuentro contra la selección sudamericana, Enrique Romero, corresponsal de El Gráfico en aquella provincia, entrevistó a los hermanos Van der Kerkhof. “¡Cómo nos quieren! Ahora veo que la campaña en contra del mundial fue infundada”, dijo Rene. ¿Lo dijo realmente Rene?

El 13 de junio, la revista publicó su edición N° 3062. “Holanda nos abrió las puertas”, era el título del artículo que contaba las intimidades del plantel en el Grand Hotel Potrerillos. Entre ellas, estaba la afición no conocida de Ruud Krol a la escritura y su colaboración con el diario Het Parool de su país.

Al pasar las páginas, había una carta. La carta. Escrita a mano, en inglés y con su respectiva traducción en español. La firma que tenía era la del capitán holandés. “Papá está bien. Tiene tu muñeca y un batallón de soldaditos que lo cuidan y que de sus fusiles disparan flores. Diles a tus amiguitos la verdad; Argentina es tierra de amor”, decía una de sus partes. 72 horas después, luego de que la carta hiciera eco a nivel internacional, Krol tomó conocimiento de la misma, desmintió la misiva y exigió disculpas al director de la revista. Fue una operación del periodista Enrique Romero. El Gráfico nunca volvió a hablar del tema. Todo fue tan burdo que la carta estaba escrita en inglés. La supuesta destinataria –Michelle Krol– tenía cinco años y solo hablaba neerlandés. 

 

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