viernes, abril 19, 2024

Ganar el Mundial no implica solo fútbol

Por Maitén D’Alessio Rodolico 

España se consagró campeón del mundo, por primera vez en su historia, en la novena edición del Mundial de fútbol femenino, y de esta manera, se convirtió en el quinto país en ganar la Copa.

Conquistar la cima del mundo en el fútbol femenino no implica sólo fútbol; si bien la selección española dominó desde el juego y tuvo la efectividad necesaria para plasmarlo en los resultados, detrás del éxito obtenido se encuentra un triunfo en la planificación y organización de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y una lucha constante de las jugadoras para no parar de crecer.

En primer lugar, cabe destacar que España logró un hito histórico para el fútbol femenino mundial y para la historia de la FIFA: es el segundo seleccionado que logró ser, en la misma temporada, campeón del Mundial Sub 17, Sub 20 y de mayores. La primera vez lo logró Brasil con sus seleccionados masculinos en el 2002.

Esta dominación absoluta de las competencias mundiales de la FIFA habla del trabajo de planificación y de la estructura que hay RFEF en relación al fútbol femenino. Como así también, demuestra la apuesta de Jorge Vilda, entrenador de la Selección, por las jugadoras jóvenes. Entre ellas, Salma Paralluelo, jugadora de 19 años que ya ganó tres mundiales, con la Sub 17 en 2018, con la Sub 20 el año pasado y recientemente con la Mayor, donde además ganó el premio a la mejor jugadora joven del Mundial. 

Pero este éxito estuvo ligado también a la lucha de las jugadoras por defender sus derechos y a los reclamos para obtener mejores condiciones para el desarrollo del deporte. Porque en comparación con el fútbol masculino siempre quedan partes por mejorar y eso fue lo que plantearon en septiembre de 2022 las futbolistas denominadas por la prensa española como “Las 15”. Ellas realizaron un reclamo a la RFEF, vía mail, en pos de mayor igualdad y mejoras para profesionalizar la Selección, además del pedido de  la renuncia del director técnico Jorge Vilda. En ese mismo comunicado dejaron en claro que hasta que no se realicen los cambios, ellas no volverían a jugar para la Roja. 

 


Hermoso lanzó un comunicado en sus redes sociales donde expresó:  “Me sentí vulnerable y víctima de una agresión, un acto impulsivo, machista, fuera de lugar y sin ningún tipo de consentimiento por mi parte. Sencillamente, no fui respetada”.

 

Entre los reclamos de las jugadoras se encontraban: la regularización de los contratos de trabajo, la incorporación de nutricionistas, más fisioterapeutas para el plantel, la realización de amistosos de preparación contra equipos de jerarquía y la incorporación del acompañamiento familiar durante las concentraciones para aquellas jugadoras con hijos.

Ante esta situación la Real Federación Española de Fútbol respaldó al director técnico y lanzó un comunicado donde expresó: “La RFEF no va a permitir que las jugadoras cuestionen la continuidad del seleccionador nacional”. Este conflicto derivó en la separación de las 15 futbolistas del plantel y en una reacción mediática contra ellas, entre las que se destacó el titular del diario Marca: “el chantaje es inaceptable”. 

Tras las críticas, solo tres jugadoras volvieron a la selección para disputar el mundial, ellas fueron Aitana Bonmatí, ganadora del Balón de Oro del Mundial, Ona Batlle y Mariona Caldentey, quien tras pasar a la final expresó que si ganaban el mundial “todo ha merecido la pena”, en relación al rechazo mediático que tuvieron que soportar.

A pesar de este conflicto, con la excepción del despido de Vilda, la RFEF acató la mayoría de los reclamos solicitados: las jugadoras obtuvieron su deseada compañía familiar en ciertos momentos de la concentración mundialista y avanzaron en una mayor profesionalización en el día a día.

Por último, al igual que lo fue en el 2010 cuando España se consagró campeón mundial del certamen masculino, el FC Barcelona tuvo un papel fundamental en la formación y potenciación de jugadoras que terminarían por conformar la mayor parte del plantel de la Selección.  Fueron nueve las jugadoras campeonas del mundo que pertenecen al club blaugrana, ganador de la última edición de la Women’s Champions Leagues, ellas son: Cata Coll, Laia Codina, Irene Paredes, Salma Paralluelo, Aitana Bonmatí, Ona Batlle y Mariona, María Pérez y Alexia Putellas, ganadora de los últimos dos balones de oro de la revista France Football. El club lo manifestó en sus redes sociales bajo el lema “la influencia del Barca gana mundiales”.

Pero más allá de los aciertos organizativos y estructurales, y de  la gran inversión realizada por la Real Federación Española de fútbol, la falta de respeto y el abuso a las jugadoras sigue presente en el ámbito del fútbol femenino. En esta ocasión, fue Luis Rubiales, presidente de la RFEF, quien durante la premiación del Mundial  agarró a la goleadora de la final Jenni Hermoso y le dió un beso en la boca sin su consentimiento.

Luego de lo ocurrido, Rubiales intentó tergiversar los hechos y afirmó que la acción  fue consentida. Frente a estas declaraciones, Hermoso lanzó un comunicado en sus redes sociales donde expresó:  “Me sentí vulnerable y víctima de una agresión, un acto impulsivo, machista, fuera de lugar y sin ningún tipo de consentimiento por mi parte. Sencillamente, no fui respetada”.

Ante esta situación, la RFEF emitió un comunicado donde se exigía la renuncia de Rubiales como presidente por su conducta inapropiada. Además, se anunció una revisión de las actuales estructuras organizativas para garantizar que estos comportamientos no se repitan. Como consecuencia de este hecho, también fue despedido de su cargo el entrenador campeón del mundo, Jorge Vilda, el cuál tenía una fuerte vinculación con el presidente de la federación. Rubiales, por su parte, se encuentra inhabilitado, por tres meses, de ejercer la presidencia tras recibir una suspensión de la FIFA.

La actualidad del fútbol femenino está cruzada por conflictos y  presenta estos aspectos contradictorios: si bien la federación cumplió con ciertas facetas de inversión y proyección del fútbol femenino, su presidente Luis Rubiales falló en el eje principal que planteaban las jugadoras de base: el respeto a su persona y el trato como profesionales del deporte. “Creo que como sociedad no debemos permitir que haya abuso de poder en una relación laboral, así como tampoco debemos consentir las faltas de respeto”, expresó Aitana Bonmati luego de ganar el premio de la UEFA a la mejor jugadora de Europa.

Ganar un mundial no es solo cuestión de fútbol y más aún en la rama femenina donde muchas naciones no pueden competir por falta de infraestructura, inversión y desarrollo del deporte. Se trata de eso y España lo hizo, tanto a nivel Selección como a nivel clubes. Como también, se trata de mujeres dispuestas a defender sus derechos en un deporte dominado por hombres. Y las jugadoras españolas lo hicieron a pesar del atraso que significan los abusos de poder como los ejercidos por Rubiales. Por esa lucha, por la planificación aplicada al desarrollo del deporte y por el gran nivel futbolístico demostrado a lo largo del certámen, con jugadoras muy técnicas y una acertada combinación entre la experiencia de las más veteranas y la rapidez de las jóvenes, España levantó la Copa del Mundo por primera vez en la historia, en Sydney, Australia. 

 

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